Recientemente se ha celebrado en la Casa de Piedra, o de los Condes de La Gomera, un recital de piano a cargo del concertista tinerfeño afincado en Madrid, Miguel Angel Castro. Tras su formación académica en la capital de España y su especialización en Alemania y Moscú, nos demostró una vez más la sensibilidad y la maestría en las obras de Mozart y de Rimski Korsakof. De aquí que tengamos que felicitar al organizador de estos recitales en la Isla Baja, Lorenzo Dorta. El programa de estos actos lleva por título “Caprichos Musicales”.
Visitar Garachico, en cualquiera de los actos culturales que allí se celebran, es adentrarse en la historia canaria. Cualquier rincón, ya sea la Parroquia de Santa Ana, o el Castillo junto al Caletón, nos hablan del pasado y de sus leyendas. Es Garachico, un relicario en el acontecer de los tiempos. Fue tráfico de navegantes que surcaban las costas en dirección a puertos americanos, pero al desembarcar muchos de los viajeros se quedaban enamorados de aquella tierra, carpinteros, artistas, Martín de Andújar, celebre escultor muchos de sus trabajos en imaginería religiosa se encuentra en las iglesias. Era también paraíso obligado de truhanes, buscadores de fortunas. Aquel Garachico, lo destruyó el volcán, las lavas llegaron hasta el Atlántico, y formaron el Caletón, hoy piscina natural para los bañistas.
De aquella lavas que cubrieron el reino guanche de Daute, nace una floreciente población. La Isla Baja vuelve a su esplendor. De nuevo un pueblo surge y crece para bien del arte y la cultura. El Palacio de los condes de La Gomera, la Parroquia de Santa Ana, el castillo junto al mar, el convento de San Francisco, la ermita de San Roque, las calle recoletas, llenas de casonas, como los dos hoteles exponente de tranquilidad y bien estar, la Casa Soler, antiguo convento agustino, hoy restaurada del mas depurado estilo canario. Los patios llenos de plantas y flores. El silencio monacal de las calles, las aledañas al Convento de Clausura de las Madres Concepcionistas seguidoras de Santa Beatriz de Silva.
Garachico, ofrece hoy dia un balcón sobre el mar. El parque junto al Castillo, el jardín floral donde se puede ver la antigua puerta de entrada al pueblo antes de la erupción volcánica y allí un viejo lagar, cuanta uva se pisaría allí para obtener los ricos caldos garachiquenses, que se exportarían a América y países europeos.
La plaza del pueblo, con su kiosko central. Reunión de médicos, políticos y gente del pueblo oyendo a Carlos Acosta, recitar sus poemas, sus ignorancias gramaticales, teniendo frente la Casa de Piedra, conjunto monumental atractivo de miles de turistas que se llegan a Garachico que ofrece además la cordialidad de sus habitantes, la limpieza de calles y plazas, el ornato de sus rincones como el de San Roquito, siempre con flores y sobre todo el aire puro y sano que llega desde el Teide, con aromas de retamas a un pueblo regalado por la naturaleza en el corazón del viejo Daute.
