Un reciente cruce de declaraciones entre la alcaldesa de Güímar y algunos concejales, con cura párroco incluido, ha traído de nuevo a la actualidad la cuestión de las relaciones Iglesia-Estado en este país. Y, concretamente, la participación de políticos y autoridades en actos religiosos tales como procesiones y otros. Una vez más, debemos repetir que España es un Estado aconfesional, que, en consecuencia, mantiene relaciones de mutua colaboración con diversas confesiones religiosas, en particular con la Iglesia Católica, que está citada expresamente en la Constitución. Pero hay que apresurarse a aclarar que la confesionalidad no tiene nada que ver con la democracia. El Reino Unido y los Estados del norte de Europa son Estados confesionales, con una religión oficial de la que, además, es cabeza su jefe del Estado. Y nadie negará el carácter democrático de estos Estados, con democracias mucho más avanzadas que la nuestra. Y, por otra parte, la condición de laico de un Estado como México no impide la omnipresencia de lo católico en la vida civil y política mexicana, empezando por su Patrona, la Virgen de Guadalupe.
Con motivo de la anécdota güimarera, algunos políticos y periodistas han vuelto a reclamar la enésima reforma de la Constitución para consagrar la laicidad del Estado. Y como suponemos que reclaman un Estado laico integral y no a la mexicana, ofrecemos desinteresadamente, para empezar, un primer listado de aquellos actos y prácticas que habría que suprimir o prohibir en Canarias en aras del respeto a lo laico. Son actos y prácticas en donde se mezclan indisolublemente lo privado y lo público, en donde está presente la sociedad civil junto al Estado, y que, en cuanto manifestaciones públicas, no son compatibles con la laicidad estatal. Recordemos la polémica europea, que ha llegado al Tribunal de la Unión, sobre el uso del velo en el trabajo por las mujeres musulmanas.
La lista incluye todas las fiestas de las Vírgenes y Santos patronos de islas, localidades e instituciones; todas las romerías y las caminatas nocturnas a Candelaria. Las celebraciones y procesiones de Semana Santa. Las alfombras del Corpus. Y la supresión de cualquier referencia religiosa en los nombres oficiales de ciudades e instituciones, sin olvidarnos de las calles y empezando, claro está, por Santa Cruz de Tenerife y San Cristóbal de La Laguna.
Los amantes de lo laico tienen una buena tarea por delante.
