Pablo Iglesias, líder de Podemos, ha razonado que, tras los resultados de las elecciones del 26 de junio, su formación debe dar el paso y formalizarse como un partido al uso y apoyarse en las “dinámicas de burocratización” propias de estas organizaciones. Además, quiere dejar atrás el “asaltar el cielo” y pasar, en sus propias palabras, de ser “partisanos” a crear “un ejército regular”. Al margen del, a mi juicio, fallido paralelismo -de antes y ahora- con Marx y el lenguaje militar, lo que deja claro Iglesias es que aquella idea irrenunciable que defendían los promotores del fenómeno de Podemos de crear un partido político diferente empieza a diluirse en el pragmatismo de ser partícipes de un sistema electoral -y hasta social-en el que la ideología cada vez se premia menos y el centro es el que te puede llevar al poder. Si la postura ahora de Iglesias es solo una estratagema para atraer hacia sí esa España moderada que, al aparecer, les escupió a la cara que prefieren lo malo conocido que lo bueno por conocer lo dirá el tiempo. Por lo pronto, han bajado el tono, se muestran dóciles e intentan ser un partido normal. Ser de centro es fácil y cómodo. Abandonar las ideologías no es ser neutro, sino mantener una interesada equidistancia. Eso lo saben casi todos los partidos de este país que desde la Transición recela de los extremos y tiende a abrazar, al margen de siglas, a aquel que se apropia de ese inexistente pero conservador centro. Y ahora Podemos también lo ha entendido. Más de lo mismo pues. Y no les culpo. Ver el 27 de junio que el mapa de España se teñía de azul en el 90% de su territorio es suficiente como para dejar el asalto al cielo para el recuerdo de aquellos buenos tiempos no tan lejanos en los que todo parecía adolescentemente posible (fue en octubre de 2014 cuando Iglesias dijo “el cielo no se toma por consenso, sino por asalto”).
Aquel asalto
Pablo Iglesias, líder de Podemos, ha razonado que, tras los resultados de las elecciones del 26 de junio, su formación debe dar el paso y formalizarse como un partido al uso y apoyarse en las “dinámicas de burocratización” propias de estas organizaciones


