Parchís en “Fin de curso”

Era justamente 1980 y el grupo infantil Parchís sacaba una canción, en un single anunciador, titulado “Fin de curso”. No, no viene “Parchís” a actuar a la Plaza del Cristo

Era justamente 1980 y el grupo infantil Parchís sacaba una canción, en un single anunciador, titulado “Fin de curso”. No, no viene “Parchís” a actuar a la Plaza del Cristo. Ya quisiera yo, y muchos de ustedes, seguro. Mucho ha llovido sí, como llovía la madrugada de este sábado en La Laguna, y como amanecía con el viento típico del julio esperado por todos. Por unos esperado para poder seguir expresando nuestro humilde saber en las aulas y llevar a cabo un deseado “Cursillo de verano”, para otros un mes en el que comienza el tiempo de descanso y tomar la lectura apetecida; escuchar esa obra musical, cosa que no he podido hacer durante los días de labor ferviente; y todo aquello que hubiese querido llevar a cabo durante los momentos de la jornada laboral, pero la responsabilidad y nuestro apego al trabajo, así como a aportar lo debido a esta sociedad, no nos lo han permitido.

Sin embargo el hombre no se ha hecho para despegarse completamente del trabajo y las labores cotidianas, quizás en este mes de julio y agosto próximo no sean las mismas que durante el resto de los 10 meses del año, pero sentirse excesivamente ocioso no es bueno. Escuchen, no es bueno. Claro que no, además, es bien seguro que todos diariamente continuamos haciendo esto o aquello. Que levante la mano aquel, o aquella, que no tiene que retocar la pintura de la casa; quitar del armario aquellas prendas que ya no usan, o que el crecimiento de la cintura ya no permite ponernos; o aquellos que aprovechan para colocar las repisas que compramos en enero, o barnizar puertas y ventanas. El verano es para eso y otras muchas cosas. El verano si no le ponemos demasiadas exigencias y excesivas pretensiones, puede ser nuestro momento de hacer algo distinto. No es necesario contar con los 3.000 euros para emprender el crucero de mi vida. Ni siquiera con los 400 para coger el apartamento a 1.500 metros de la playa –como anuncian en las miles de páginas de Vacaciones en el Mar y los dulces sueños de cualquier hijo de vecino-. Oiga, si sus posibles le permiten tomarse esas u otras vacaciones más codiciadas, hágalo. Pero si sus imposibles no se lo aseguran, para qué pasarse el verano pensando en lo que podría haber hecho y no he conseguido. Quizás es mejor mirar hacia delante, hacerse el bocadillo de rigor, para usted, lo críos, y el resto de la familia, llenar dos botellas de agua, y hacerse una preciosa excursión para adentrarnos en esos montes nuestros que tan poco conocemos, o bajar a esas playas de la costa lagunera, porque como dice aquel buen amigo: “En La Laguna, como en el resto de Canarias, tenemos de todo, costa y monte, y hasta laguneros, oiga y canarios”. Y a lo mejor también es el momento para recordar aquellos años ochenta, meternos en internet y escuchar “Fin de curso”, de Parchís. Feliz verano.

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