EN LA CARRETERA

¿Qué pasa en la Universidad?

Mi respuesta es sencilla, y la hago, como la haría un buen gallego, o en Canarias un sabio palmero, con otra pregunta: ¿Qué hemos hecho con la Educación especialmente estos últimos 20 años?

Mi respuesta es sencilla, y la hago, como la haría un buen gallego, o en Canarias un sabio palmero, con otra pregunta: ¿Qué hemos hecho con la Educación especialmente estos últimos 20 años? Lo que pasa en la Universidad, se resume en más de un estudiante de esa generación donde se pasaba por Secundaria de una forma sumatoria, es decir, se pasaba curso a curso, llevaras lo que llevaras en la calificación final, pero nadie se paraba a mirar el futuro por venir que les esperaba a más de uno de estos estudiantes.

El boicot, por calificarlo de una forma técnica, que lanzaron esta semana unos estudiantes –aún me pregunto si alguno de ellos lo sería- a Felipe González en la Universidad Autónoma de Madrid, me dice que algo hay de cierto en el párrafo anterior. Me preocupan muchas incógnitas que se han descubierto para mí esta última semana. Llevaba cuatro semanas sin escribir mi columna, porque uno cree que, a lo mejor, ha pasado nuestro momento ya, pero esto me ha acercado nuevamente al teclado, creo que las trincheras de la libertad hay que seguir haciéndolas desde la palabra, y lo visto esta semana, también me lo ha reafirmado.

Antes de continuar, por si algún buen estudiante, que son la mayoría, se siente golpeado, le ruego que termine de leer mi columna al completo. Tras el absurdo pateo que quisieron dar los imberbes disfrazados de caja de zapatos en la Autónoma, lo primero que me planteo es que muchos de los “encajados”, porque llevaban su rostro metido en la tapa de una caja, ni siquiera pertenecían al gremio estudiantil, lo cual ya me deja respirar, sin embargo igualmente me pone en duda el valor que algunos jóvenes dan hoy a la palabra libertad.

Sé, me consta, que la mayoría respiran el querer crecer entre el saber, lo veo todos los días, y lo vivo cuando un grupo de nuestros alumnos del Colegio Virgen del Mar, futuros universitarios, han subido esta semana con mi compañero Juan Matos a la Universidad a conocer la Facultad de Bellas Artes, un grupo de jóvenes futuros universitarios, que son el reflejo de 99,99% de nuestra juventud, llena de ilusiones, dentro o fuera de la Universidad.

Sin embargo, me ahoga el pensar el problema de inconexión social que tiene ese pequeño uno por ciento, por lo menos de la masa estudiantil, y que circunda en una desilusión, mezclada con torticera forma de hacer política estudiantil, o pura y sencillamente barata política.

Para ese uno por ciento, aspiro a que no sea más, les dejo estos apuntes que he tomado de dos filósofos españoles, hombres que han dado valor a nuestra sociedad: Fernando Savater y José Luis López Aranguren.

Sabater considera que “la democracia es convivir con gente, actitudes, prácticas y acciones que no nos gustan, al igual que la libertad es aprender a convivir con lo que no nos gusta”. Por ello, quizás nos deberíamos parar a reflexionar sobre el hecho de “convivir con gente”. E invito a que se llenen de Educación Humanista, que “consiste ante todo en fomentar e ilustrar el uso de la razón, esa capacidad que observa, abstrae, deduce, argumenta y concluye lógicamente”.

Por otro lado, Savater recuerda las palabras del filósofo John Passmore en las que, citando al psicólogo Jerôme S. Bruner, dice que la enseñanza debe lograr hacer que los alumnos “terminen por respetar los poderes de su propia mente y que confíen en ellos, que se amplíe ese respeto y esa confianza a su capacidad de pensar acerca de la condición humana, de la situación conflictiva del hombre y de la vida social”. Según estos autores, la educación debe además proporcionar un conjunto de modelos funcionales que faciliten el análisis del mundo social en el que se vive y las condiciones en las cuales se encuentra el ser humano, crear un sentido del respeto por las capacidades y la humanidad del hombre como especie y dejar en el estudiante la idea de que la evolución humana es un proceso que no ha terminado. Resalto, por necesidad obvia, mi parada en el “sentido del respeto”.

En su libro “El valor de educar”, Fernando Savater habla del artificio que supone el fabricarse como seres humanos, proceso en el cual la educación es la protagonista indiscutible. Para Savater, la aventura de la educación es una de las cuestiones esenciales: “Enfrentarse a sus desafíos es pensar sobre nuestra cultura, sobre el ser humano que queremos”. Para el filósofo, muchos de los antihumanistas que acusan a la educación moderna de ser “demasiado” racionalista quieren dar a entender que menosprecia la intuición, la imaginación o los sentimientos. Y se pregunta: “¿Acaso es exceso o más bien falta de racionalismo comprender tan mal la complejidad humana?, ¿no es más bien la razón la que concibe la importancia de lo intuitivo, la que aprovecha la fertilidad de la imaginación y la que cultiva -potenciándola social y personalmente unas veces, manipulándola artísticamente, otras- la vitalidad sentimental?”, Dejo estos interrogantes que los hago míos y los formulo a ese uno por ciento.

“La razón conoce y reconoce sus límites, no su omnipotencia, distingue lo que podemos conocer justificadamente de lo que imaginamos y soñamos, es lo que tenemos en común y por lo tanto lo que podemos transmitirnos unos a otros; no pide limpieza de sangre, ni adecuación de sexo, ni nobleza social, sino la atención paciente de cualquier individuo”, cito nuevamente a Savater.

Aranguren, un sabio de la vida ante la Filosofía, nos recuerda que “una educación que se preocupe por la formación y desarrollo de la integridad personal no puede prescindir de una de sus dimensiones fundamentales, la moral. No puede entenderse una educación que descuide un ámbito humano tan importante, cuyo primer objetivo debe ser la construcción del hombre en cuanto tal, como fin en sí mismo. Todas las teorías morales, en mayor o menor grado, están de acuerdo en afirmar que lo moral es la forma de conducta a través de la cual se expresa el rasgo más característico de lo humano, el ser más propio de la persona. Ahora bien, en la actualidad, en la postmodernidad, ¿podemos decir que la fase moral de la cultura occidental ha terminado? Y, en caso de que no haya terminado, ¿interesa la educación moral?”. A mí me sobran palabras, y creo que no se necesita ni una valoración o explicación más. Yo lo resumo en que llevamos 20 años, quizás, de ausencia de moral, para algunos, en las aulas.