En la carretera

Ya no voto en diciembre

Hubiese sido la guinda perfecta a una situación de auténtico desmadre. Después de lo visto en la Carrera de San Jerónimo este jueves, donde todo vale –o “vale tudo”, la modalidad de combate brasileña- y donde algunos más que solucionar, con su pequeño dislate, se han empeñado en aferrarse a la ilógica y al grito, y a veces, lo demostraron ese día, a la falta de oratoria y al “si no me hacen caso, uso el estilo chavista”

Hubiese sido la guinda perfecta a una situación de auténtico desmadre. Después de lo visto en la Carrera de San Jerónimo este jueves, donde todo vale –o “vale tudo”, la modalidad de combate brasileña- y donde algunos más que solucionar, con su pequeño dislate, se han empeñado en aferrarse a la ilógica y al grito, y a veces, lo demostraron ese día, a la falta de oratoria y al “si no me hacen caso, uso el estilo chavista”. Pues eso, gracias a la lloriqueona demagogia hemos conseguido que, incluso, algunas generaciones que cumplen en diciembre la edad del voto, los 18 años, digan “ya no voto en diciembre”, como escuchaba decir –desde fuera, claro- a un grupo de jóvenes de un instituto hace tan solo unos días.

Hemos sido el hazme reír durante casi un curso, más de nueve meses, y como le sucede al alumno que no aprovecha durante el año el momento de aprendizaje, nos ha dado, a más de las tres cuartas partes del país, de nuestra España, una sana vergüenza, por haber perdido los nueves meses lectivos, y estar esperando la repetición de curso, porque vamos a llevarnos a casa en los exámenes finales unas cuantas calabazas, y no de Halloween precisamente.

Más de una asignatura queda pendiente para el curso que por fin arranca oficialmente este domingo, en el que ya dejamos de tener Presidente en Funciones, y pasamos a la lógica de Presidente al que se deje funcionar. La primera que nos encontramos es la del Pacto por la Educación. Todavía recuerdo el discurso de nuestro Rey Juan Carlos I –el padre de nuestra actual Majestad Felipe VI- (lo digo y reitero por si alguien no sabe y me critican que a don Juan Carlos aún, según protocolo y nombramiento, se le puede seguir llamando Rey), pues todavía recuerdo aquel discurso de Navidad, dos años antes de abdicar en 2014, en el que el mayor de los Borbones nos recordaba con implicación que “las fuerzas políticas debían tomar la decisión de unirse por el Pacto por la Educación”. Parece que va a llegar el momento, no de patear la LOMCE, como algunos consideran, sino de mejorar aquellas cuestiones que hayan de mejorarse de una Ley Educativa que está en vigor y aporta muchas cosas a nuestros alumnos. Siempre he pensado algo que me dijo hace muchos años, un gran catedrático y doctor en Griego, don Luis Miguel del Pino, quien me señalaba algo así como, “las Leyes de Educación no hay que suplirlas, sino mantenerlas y mejorarlas”. Igual ha llegado el momento de empezar a hacer la casa por los cimientos.

Otra de las que no se ha aprobado es la del paro. La triste lacra de que hay miles de personas que aún forman parte de las listas de desempleo en nuestra España. Quizás esta asignatura, fija entre nuestros suspensos desde hace largo tiempo, también vaya vinculada a la Educación. Si seguimos la norma de dar el pan, pero no la caña a quien busca trabajo, no saldremos jamás de la lista de países con más desempleados de Europa. Cuando hablan de la Generación Nini, perdonen, me río. No, no se trata de la generación no quiero hacer, no es la generación, en muchos casos, “No sé, no conozco”. Algún iluminado, que ahora se dedica a dar conferencias por el mundo, cual gran personaje –prefiero callar más datos, lo intuirán-, creyó que dando el pan y quitando la caña, o guardándola en el desván, se conseguiría que todos comiéramos. Claro, todos hemos comido, pero lo hemos hecho mientras ha habido dineros en la caja pública. Lo que sucede es que los dineros de la caja pública si no se reponen se evaporan. Quizás si en los seis o nueve años de iluminación presidencial, que más de uno sufrió, se hubiese formado a las Generaciones Ninis y a los nietos y sobrinos de ésta, no tendríamos ahora alumnos de 1º de Biología, por poner un ejemplo, que definen a un mirlo como un pájaro negro. Imagino que ahora ha llegado el momento, para el Presidente que ahora nos llega de dar la caña a los jóvenes, y a los desempleados –una caña con formación para saber usarla-, y mientras, si fuese necesario el pan, pan que no vendría nada mal que luego repusiéramos, para que otros lo pudieran comer, si también fuese necesario.

Me decía un amigo, hace unos días, que echaba de menos mis comentarios, que son míos, y que a ver si escribía sobre la Sanidad, pues, abreviando, como me aclaraba en mis exposiciones el bueno de nuestro Catedrático por la Complutense –también en Griego- (al que le estamos preparando un merecido homenaje). Marcos Martínez, abreviando lo digo, aunque no lo parezca, lo de Sanidad lo atribuyo también a lo dicho en los párrafos en los que he escrito sobre Educación. La Sanidad para este nuevo Gobierno de España ha de ser una Sanidad para todos, pero sin descuidar a ninguno. Por fin tenemos Gobierno y dejamos de ser el hazme reír de Europa y el resto del Orbe.