maldito parné

Donald Trump

Visto lo visto, si alguien se equivocó de manera clara en los resultados de las elecciones de EE.UU. fueron los medios de comunicación y opinadores que nunca dieron por válido al candidato republicano. Ahora, una vez sabido que Trump se mudará a la Casa Blanca, toca la campaña del miedo. A mi Trump no me gusta. Me parece un personaje histriónico. Un tipo caprichoso que lo tiene todo y ha apostado con unos amiguetes en una partida de póker que se podía presentar a presidente del Gobierno de los Estados Unidos y que, encima ganaría. Sus ideas me parecen del siglo pasado y su comportamiento de niño maleducado me parece insultante. Pero, dicho esto, creo que es subestimar al personaje insinuar, como se ha dicho en muchos foros y medios de comunicación, que Trump es tonto. Un empresario que ha sido capaz de crear un imperio, estimado por la revista Forbes, en 4.500 millones de dólares, no puede ser tonto. Otra cosa es que le guste llamar la atención y que la Presidencia de la mayor potencia económica del mundo sea su entretenimiento. Pero ¡ojo!, se trata de la primera vez que un país va a ser dirigido por un empresario, que nos podrá gustar más o menos, pero que ha tenido éxito y ha sabido manejar sus empresas es obvio. Durante todos estos meses, la mayor parte de los expertos en política norteamericana se han llenado la boca criticando, en muchas ocasiones con razón, las medidas de Trump. Esto colocaba a Hillary como la opción menos mala, pero no como la mejor. Las payadas de Trump dejaron a Clinton en segundo plano, así como su enriquecimiento personal y la de su familia a través de los casos de corrupción de la Fundación Clinton. Algo que los norteamericanos no perdonan. Me resulta chocante que, cuando no gustan los resultados electorales, se critique de forma indiscriminada a los votantes. Ocurrió en España cuando ganó Rajoy. Los que perdieron llegaron a decir, incluso, que España había apostado por la corrupción y que, prácticamente, todos los que votaron al PP eran unos ignorantes. Fueron cerca de 8 millones de votantes. No creo  que España esté llena de 8 millones de estúpidos. Ahora, con los resultados de las elecciones norteamericanas ocurre lo mismo. Resulta que los millones y millones de ciudadanos que votaron a Trump son unos paletos y lo votan para echarse tierra en su propio tejado. Un país que, a diferencia de España, se siente orgulloso de su bandera. Pues, sinceramente, no lo creo. Los norteamericanos han votado conscientes de que su situación económica actual no es la correcta. Que la administración Obama ha situado la deuda del país a niveles elevadísimos a pesar de haber inyectado mucho dinero al sistema. Son los mismos que colocaron a Obama en la presidencia de EE.UU. los que han llevado a Trump a la Casa Blanca, porque, sí; los estadounidenses no llevan a Ejecutiva ni se plantean una doble moral al votar de manera aleatoria al candidato republicano o demócrata. Si lo hace bien lo votan y si no lo castigan, mientras aquí aún estamos juzgando el apoyo del PSOE al PP para que, de una vez por todas, tener gobierno. Tengamos un poco de cordura, como la tuvo ayer la bolsa norteamericana. Trump no va a poder hacer todo aquello que dijo en campaña. Y no lo va a hacer porque su partido no se lo va a permitir. Uno de los grandes errores que comete el ser humano, yo creo que por ignorancia, es criticar todo aquello que no comprende o no interesa. Por eso, la lección en este caso, es que antes de demonizar a Trump, nos quedemos con lo bueno y pensemos que si ha sido capaz de crear un imperio económico, no puede ser tan tonto.

TE PUEDE INTERESAR