Es evidente que podemos calificar a Donald Trump de populista de extrema derecha, porque participa de muchas de las señas de identidad de esa posición política. Sin embargo, y esto es lo definitorio, incorpora características diferenciales propias muy significativas. Para empezar, ha sido un candidato populista sin partido populista. Ha utilizado -ha intentado parasitar- al Partido Republicano y a su organización para desarrollar su campaña, pero los republicanos han reaccionado ante sus excéntricas propuestas, y la mayoría de la clase dirigente del partido -no de sus electores- lo ha abandonado e, incluso, combatido. Si uno es multimillonario y puede financiarla, puede hacer campaña sin partido, pero no puede gobernar sin él. Por eso señalábamos el jueves pasado que después de la tempestad electoral viene la calma de gobierno, y que el Trump presidente no será el Trump candidato. El cambio comenzó nada más ganar las primarias republicanas, cuando designó a Mike Pence para acompañarle como candidato a vicepresidente. El gobernador de Indiana, que cuenta con la experiencia de muchos años de congresista y tiene una bien ganada fama de político sólido y buen gestor, es todo lo contrario a un populista. En las primarias criticó con dureza a Trump y apoyó activamente al senador por Texas Ted Cruz. Ahora será el contrapeso moderador del millonario. Lo mismo podemos afirmar del poderoso Mitt Romney, el candidato republicano derrotado por Obama en 2012, que de descalificar a Trump como fraude y farsante, y considerarlo un peligro para los Estados Unidos, ha pasado, nada menos, que a ser candidato a secretario de Estado. Durante la campaña, Trump amenazó con hacer detener a Hillary Clinton, mientras que en su discurso de victoria electoral afirmó que los Estados Unidos le debían mucho. En la campaña, Trump prometió que construiría un muro en la frontera mexicana y deportaría a once millones de inmigrantes ilegales. En su entrevista en la CBS reconoció que podría ser una valla (nosotros tenemos dos, en Ceuta y Melilla) y que solo deportaría a los dos millones y medio con antecedentes penales (es la cifra de deportados por Obama en sus dos mandatos). Añadió que algunos componentes del seguro médico llamado Obamacare se podrían conservar. Y así sucesivamente. El sistema democrático norteamericano es tan poderoso que los antisistema casi siempre terminan por convertirse.
El sistema y Trump
Es evidente que podemos calificar a Donald Trump de populista de extrema derecha, porque participa de muchas de las señas de identidad de esa posición política
