Leo en ABC que Franco ganaba, en 1969, un poco menos de 100.000 pesetas al mes, en mano, por distintos conceptos. Entre ellos 15.000 pesetas por la Laureada de San Fernando (la condecoración más prestigiosa para un militar español), 12.000 por dos medallas militares individuales y otras 1.600, o así, por la Gran Cruz de San Hermenegildo, si no me equivoco. Es curioso, pero todo lo de Franco interesa, casi medio siglo después de su muerte. Interesa a la derecha e interesa a la izquierda, que desde que murió el general quiere derribar la basílica de Cuelgamuros, afortunadamente sin éxito, porque se trata de una obra monumental que forma parte del patrimonio nacional. Aun reconociendo que en la construcción de la basílica trabajaron de manera infrahumana y murieron presos políticos, algo realmente cruel e intolerable. Nadie debe ser perseguido por sus ideas. Pero se sigue hablando de Franco, yo creo que porque hasta a su recuerdo se le teme, por parte sobre todo de los que no quieren respetar la historia, inmersos en una nueva y estrafalaria forma de hacer política. Escribir sobre el general Franco no es políticamente correcto, pero da la casualidad de que yo escribo de quien me da la gana, así que mis marcadores implacables ya pueden ahorrarse los comentarios: no los escucho. Zapatero, en vez de trabajar y de hacer las cosas bien, se pasó medio mandato derribando estatuas ecuestres de Franco que la bendita Transición había dejado en pie, lo que dio pábulo al odio, acompañada esta acción a la apertura de tumbas en las cunetas de España. A esto llamo yo tentar al pasado; y ese pasado es deseable que no vuelva, que lo dejen quieto, que los españoles se encienden enseguida. Me apetecía hablar de Franco, fíjense ustedes.
Franco
Leo en ABC que Franco ganaba, en 1969, un poco menos de 100.000 pesetas al mes, en mano, por distintos conceptos
