Resulta evidente que Mariano Rajoy ha modificado su estrategia ante el desafío catalán. Sin abandonar la vía judicial y la exigencia del cumplimiento de la Constitución y las leyes, una vía que, por sí sola, no soluciona nada, ha incorporado elementos que propician el diálogo, en la medida en que este diálogo todavía sea posible. El encargo de la gestión del problema a la vicepresidenta, que ha abierto despacho en Barcelona, no tiene otra lectura, además de ser una señal del reconocimiento de la existencia del problema. Se ha repetido, con razón, que los independentistas únicamente están interesados en la independencia, y que solo negociarán con ese objetivo; pero quizás todavía estemos a tiempo de generar algún escenario alternativo. El hecho de que todas las encuestas nos den casi una mitad de ciudadanos catalanes partidarios de la independencia, el doble que hace unos años, no invita al optimismo. El derecho a decidir no existe en cuanto tal derecho, porque es un derecho de autodeterminación que las normas y los tratados internacionales no reconocen a un territorio de las características de Cataluña. Y el referéndum que se pretende tampoco es posible, porque su pregunta colisionaría frontalmente con la Constitución española, que establece inequívocamente que la soberanía nacional pertenece al pueblo español en su conjunto y que la propia Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española. Como ha señalado el profesor Mikel Buesa, el Parlamento de Cataluña puede debatir políticamente sobre la independencia catalana, e, incluso, puede aprobar en ese sentido una iniciativa de reforma constitucional para enviar a las Cortes. Y se puede organizar legalmente un referéndum en Cataluña para que su electorado se pronuncie sobre esa iniciativa parlamentaria. Lo que no puede el Parlamento catalán es adoptar acuerdos que vulneran la Constitución y las leyes, que exceden sus competencias o que formalizan y preparan unilateralmente la independencia.
La supuesta solución federal que proclaman los socialistas no deja de ser una majadería, porque no nos cansaremos de repetir que España ya es un Estado materialmente federal, y de los más descentralizados del mundo, si no el que más. Ortega y Gasset nos advirtió en su momento de que el problema catalán no tiene solución y debemos aprender a convivir con él. Y nos tememos que la situación no ha cambiado mucho desde entonces.
