opinión

Oro para el Colegio Virgen del Mar

Si se tratara de una Olimpiada, en este caso la de la Educación con mayúsculas, el Colegio Virgen del Mar, como bien señalo en el título de la columna, sería “Oro para el Colegio Virgen del Mar”

Si se tratara de una Olimpiada, en este caso la de la Educación con mayúsculas, el Colegio Virgen del Mar, como bien señalo en el título de la columna, sería “Oro para el Colegio Virgen del Mar”. Este centro santacrucero, parte de la historia de esta capital, ha recibido de manos de la corporación municipal -recogiendo la inquietud y deseos de su ciudadanía- la Medalla de Oro de Santa Cruz al Mérito Cultural. Un reconocimiento consecuencia de muchos y grandes méritos. Es así y podría acabar ahora mismo esta columna con unas palabras que escuché en el acto solemne de entrega al Director del colegio, Alberto Chinea, durante su discurso: “los protagonistas son los alumnos y de ellos es, sobre todo, este reconocimiento que nos hace la ciudad”. La historia de Santa Cruz la han construido colegios como este, donde se quiere hacer protagonistas a quienes construyen la verdadera historia de un centro que son sus alumnos, alumnos que a su vez aportarán nuevos cimientos, desde diferentes ámbitos, profesionales y sociales, en un futuro para que esta urbe siga creciendo.

El Virgen del Mar, desde 1966, ha crecido formando personas. Por sus aulas han pasado miles y miles de jóvenes con ilusiones, ilusiones que abren de par en par las ventanas de sus aulas para dejar salir fuera ese empuje con el que necesita crecer un colegio. Quizás la primera ilusión fue la de sus fundadores, doña María Lola Rodríguez Afonso y don Manuel Chinea Medina, quienes pusieron su proyecto de vida en el alma del origen de este precioso sueño. Un sueño que han ido pasando, generación tras generación, a todos los profesores que han conformado su equipo educativo y al personal no docente que les ha ayudado en esta grata y agradecida tarea. Ahora, el testigo de esa ilusión y proyecto de vida se lo han trasladado a sus hijos, Alberto y Alejandro Chinea, pero un testigo no solo repleto de programaciones y proyectos, sino sobretodo enmarcado en continuar enseñando la asignatura más importante en nuestra vida, los valores.
Todos ellos han recogido una Medalla de Oro que abre un nuevo capítulo en la historia de su comunidad escolar. Una historia, que mirando al Colegio Virgen del Mar, nos enseña la importante labor, pocas veces reconocida, de esos centros escolares que han visto crecer esta capital, esta isla, esta región y este país, formando ciudadanos que quieren sumarse a la aventura de vivir para los demás.

*Periodista y Profesor del Colegio Virgen del Mar