despuÉs del paréntesis

La política

Se respeta la política por lo que es y por lo que manifiesta. Por eso, ante los constantes y dolorosos casos de corrupción en España, uno se pregunta: ¿cómo es posible que la ejemplaridad se resuelva de ese modo?

Se respeta la política por lo que es y por lo que manifiesta. Por eso, ante los constantes y dolorosos casos de corrupción en España, uno se pregunta: ¿cómo es posible que la ejemplaridad se resuelva de ese modo? El panorama resulta desolador. Lo que la corrupción prueba es que hay unos cuantos chorizos que le pegan patadas a la democracia; y más, a los votantes, y por la cara. La política no solo ha de ser íntegra, sino irreprochable; la calidad de la democracia es una absoluta y radical obligación de quien se dedica a ello. ¿Qué ocurre? Deducimos actuaciones de partidos que se pegan a la mentira como sustento o que el contrario es el enemigo, no existe para colaborar, sino para destrozar o menospreciar. Pero aquí eso no es todo; con la argucia (que resulta ofensiva) de ser los primeros contra la corrupción, destruyen pruebas, el Gobierno obstruye, instrumentaliza a los jueces, elige a los fiscales convenientes, no asigna medios y dilata los procesos hasta el final de los tiempos. La cuestión es por qué. La respuesta es para protegerse, es decir, la prueba irrefutable para la condena en países civilizados.

Este país está enfermo, muy enfermo, porque quien ha de comprometerse con la cura no se entera de nada. Se asume como categórico que ha de protegerse el “sistema” para que las cosas vayan bien, pero se atrincheran en lo suyo (en el poder o en robar) y se olvidan de por qué están ahí. ¿Es extraño que con esas condiciones se sustancie Podemos, Donald Trump gane las elecciones, Marine Le Pen tenga la fuerza que tiene, los partidos convencionales de Francia hayan desaparecido o que en Austria u Holanda ocurra lo que ocurre? Hace más de 20 años que se sabe lo del 3% sin ningún condenado, más aún, se cambian a los fiscales; hace más de 15 que se sospecha lo del Canal y el fiscal anticorrupción impone dejar fuera del proceso la vía criminal. Y se desvela: compañías que costaban cinco se compraron por 23, evasión de capitales, financiación de partido, empresas comprometidas, dinero constante y sonante en agujeros, chivatazos, destrucción de pruebas, más de 60 millones detraídos…

Vale insistir, pues: si quienes son responsables de proteger no responden, ¿cómo sobrevivir? Es impensable en un país serio que don Mariano Rajoy nos gobierne, más aún que no sea uno de los investigados. No actúan los jueces por ser don Mariano el que es. ¿Qué nos queda?
Si así proceden, más embrollos y espanto supremo sobre nuestra condición, cuando no hazmerreír.

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