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mis queridos amigos y enemigos

“A Obama le preguntas lo que quieras y te contesta lo que le da la gana”

En las calles de Denver (Colorado) el bello rostro de la tinerfeña María Rozman (Santa Cruz, 1970) es tan conocido que firma autógrafos y reparte fotos
Chaves y Rozman. | SERGIO MÉNDEZ

En las calles de Denver (Colorado) el bello rostro de la tinerfeña María Rozman (Santa Cruz, 1970) es tan conocido que firma autógrafos y reparte fotos. Aquí, todavía no. Desde su domicilio chicharrero dirige a un equipo de quince personas que lanzan a todos los vientos los informativos en español de Telemundo/Washington. María está casada con un militar que trabajó en el Pentágono y que sirvió en Irak, en Afganistán y en unos cuantos destinos más, esta vez pacíficos, dentro de los Estados Unidos. Tienen tres hijos y han vivido en Phoenix (Arizona), en Virginia, en Vermont, en Colorado, en Texas, en Iowa, en Illinois. No se puede pedir más. Su historia de amor comienza en un crucero, que María hizo con su madre por el Mediterráneo. Allí conoció a Bryan, que sólo sabía alemán e inglés, ni una palabra de español, pero que montó guardia a la puerta de su camarote hasta que ella le hizo algo de caso. Ella y él tenían veintitantos años entonces. Era el año 1998. El mundo ha cambiado mucho. Ahora se han venido a vivir a la isla, a su isla, María tiene proyectos importantes aquí y Telemundo le ha mantenido la jefatura de Informativos de Washington, en la distancia. No está mal. Ah, desde que la conoció hasta que se casaron, Bryan le escribía todos los días de su vida. Pero nada de WhatsApp, que entonces no había: cartas, cartas de las de siempre. Ella tiene un Emmy Latino (2016) y cinco nominaciones más. El premio de la Academia lo consiguió por una serie sobre las mafias de El Salvador en los Estados Unidos.

-Qué bonita historia de amor la suya, ¿no?
“Pues, sí, porque desde que Bryan y yo nos vimos en la discoteca de aquel barco nunca más nos separamos. Un día le pregunté: “Qué quieres que te regale?” y me respondió “Casarme”. Y nos casamos. En realidad todas las cartas que me escribía ya las firmaba con “Tu marido”.

-Y ahora lo dejan todo por venir a Canarias. Han vendido hasta los coches.

“Sí, mi hija mayor está ya casada. Es militar también. Y me ha hecho abuela. Nuestros otros hijos necesitaban cambiar de ambiente, para que decidieran qué hacer en el futuro. Mi marido, comandante, se retiró muy joven del servicio y yo quería volver a mi tierra, estar cerca de mi madre. Él tiene varios masters, ahora está siguiendo uno en Turismo, y tendrá muchas cosas que hacer aquí”.

-¿Por qué se hizo periodista?

“Empecé a estudiar derecho en La Laguna, pero no me gustaba. Cuando me fui a los Estados Unidos estudié empresariales y comunicación en Phoenix (Arizona). Ya de pequeña me ponía ante un espejo e improvisaba noticias. Se ve que la cosa venía de dentro. Me casé muy joven aquí con mi mejor amigo; luego nos divorciamos, Tuvimos a mi hija mayor. En fin, que vivía muy deprisa”.

-Su vida no ha sido un camino de rosas, por lo que yo sé.

“Cuando llegué a Estados Unidos empecé cargando camiones de una pequeña empresa que vendía productos españoles, que ahora es una gran organización; y muchas veces me han pedido sus propietarios que vuelva con ellos”.

-Y de ahí a ganar un Emmy. Yo exclamaría: ¡Manda huevos!, pero usted es una señora y no debo.

“Me lo concedieron por los reportajes sobre las maras salvatruchas, las mafias salvadoreñas que se dedican a la extorsión en Washington, Virginia y Maryland. Es gente muy peligrosa, rebotada de las guerras de aquel país y que extorsionan a sus compatriotas más acomodados y a otros hispanos en los Estados Unidos”.

-¿Cuál es su forma de actuar?

“Les exigen un canon mensual con la amenaza de que matarán a sus familias en los Estados Unidos y en El Salvador si no pagan. Les mandan videos terribles con torturas y violaciones de niñas de quince años, o con decapitaciones de miembros de la familia, pero practicándolas lentamente, para que el destinatario vea el sufrimiento de la víctima”.

-Yo creí que esas cosas sólo ocurrían en Irak.

“No, lamentablemente suceden en plena civilización. También se dedican a la trata de menores”.

-Comprendo que haya salido de allí; podía peligrar hasta su propia familia.

“Pero no crea que salí huyendo. Yo estoy acostumbrada a afrontar esos peligros; es mi profesión, pero sí me gustaría que mis hijos vieran algo distinto”.

-¿Usted no cree que estamos saturando el periodismo al contar tantas malas noticias? En España, por ejemplo, lo que priva es la corrupción y los sucesos. Es un asco.

“Sí, las malas noticias saturan. Lo único bueno es que, cuando las emitimos, estamos advirtiendo a los telespectadores de lo que está pasando a su alrededor; es decir, también hacemos un servicio a la sociedad”.

(Mientras hablamos la llama una reportera de su equipo para contarle que un pirado ha incendiado su casa con los niños dentro y que luego ha sido arrestado. Esa noticia abrirá un informativo).

-Usted es especialista en política internacional. He visto en la red una foto suya entrevistando a Obama en la Casa Blanca.

“Obama es una persona culta, entrañable, que me recibió en español con un “¡Hola, María!, ¿cómo estás?”. Él y su mujer me caen muy bien. Obama es un encanto, al que tú le preguntas lo que quieras y él te contesta lo que le da la gana. Muy inteligente”.

-¿Y Trump?

“No lo conozco, pero no compare usted”.

-¿Cómo un pueblo tan inteligente puede votar a Trump?

“A lo mejor es que no se trata de un pueblo tan inteligente. La gente, cuando necesita un cambio, elige a quien se lo promete. El centro de los Estados Unidos está poblado de gente muy ingenua y de poca educación. Y los ricos quieren que les bajen los impuestos. La parte más urbana es la que no se traga los cuentos de Trump, quien por cierto sigue siendo muy aceptado por los que le votaron hace unos meses”.

-¿Qué le ocurrió entrevistando a Hillary Clinton?
“Pues eso, la estaba entrevistando y le pregunté que, si perdía, iba a trabajar con Obama (eran las elecciones anteriores); no le gustó la pregunta y se fue, me dejó con la palabra en la boca. Naturalmente lo emitimos y ella quedó fatal. Luego ya ve que trabajó con Obama como secretaria de Estado de 2009 a 2013”.

Chaves y Rozman. | SERGIO MÉNDEZ

-¿Y Bill Clinton?

“Una persona muy agradable al que también entrevisté. Nada que ver con su mujer”.

-¿Tiene un presidente tanto poder en los Estados Unidos?

“No, no lo tiene. Mire lo que ha pasado con Trump. No ha podido con el Obamacare; aunque el Senado y el Congreso sean de mayoría republicana, muchos de sus miembros no se pliegan a sus locuras. Y por muy comandante en jefe que sea de las Fuerzas Armadas, el Pentágono no le va a hacer caso en el asunto de la expulsión de los transexuales que sirven en el Ejército. Algunos han calificado esto último de “pequeño golpe de Estado”, pero es que imparte órdenes que son absurdas. Trump está gobernando por decreto, pero sin ideas, y esto no me parece demasiado eficaz”.

-Volviendo a su profesión, usted parece dedicarse mucho al reportaje social.

“Es que he visto cosas terribles en estos años. Una vez desapareció una niña de nueve años, en Colorado. Encontraron sólo su torso en una bolsa de basura. La habían desmembrado. Hay lugares en los que matan a un niño por comerse un pastel. Existe mucha marginación y la infancia no está bien protegida. Las clases con menor poder adquisitivo viven muy mal, hay niños abandonados en casas de acogida donde los maltratan”.

-¿Cuántas veces al día conecta con la redacción de Informativos de Telemundo/ Washington desde su casa de Santa Cruz?

“Dos o tres veces por Skype y algunas más por WhatsApp. Nosotros contamos con el apoyo de la NBC y de la CNN, que nos aportan mucho material y nosotros a ellos; tenemos acceso a todas sus noticias”.

-¿Asistimos, quizá, al final de la prensa escrita?

“Estamos asistiendo a la implantación y al desarrollo de la prensa digital. Ya se verá lo que ocurre con la prensa escrita. Lo que sí es evidente es que los grandes rotativos han reducido sus tiradas. Y los que no parecen vivir ninguna crisis son la radio y la televisión”.

-En España lo que gusta a la mayoría es la televisión basura, como ya sabrá.

“Bueno, es que las nuevas generaciones tienen un menor poder de concentración. Si no les das esa basura se aburren. Hay que ofrecérsela, además, bien masticada”.

-Como presentadora de Univisión vino una vez a Tenerife, porque querían sus jefes que retratara su entorno.

“Sí, grabamos un reportaje de tres partes en Madrid y dos en Canarias. Fue muy divertido. Yo sabía que iba a volver a mi isla, tarde o temprano”.

-¿Hay realmente libertad de expresión en los Estados Unidos?

“Depende. Las entrevistas no se pactan, por ese lado, sí. Yo también guardo absolutamente el off the record: pero siempre existen intereses en los medios. En mi caso, tengo mucha libertad”.

-¿Votó a Hillary?

“No me quedó otro remedio. ¿A quién iba a votar, al otro?”.

Chaves y Rozman. | SERGIO MÉNDEZ

-¿Es verdad que se empeñó en que la gente de Colorado conociera el Carnaval de Tenerife?

“Sí, y un poquito, muy poquito, el de Las Palmas. ¡Es que el de Tenerife es el segundo del mundo! Una chica de Las Palmas, amiga mía, llama todos los años al canal diciendo que su carnaval también es muy bueno. Me invitaron como jurado al Carnaval de Tenerife hace un año. Fue muy divertido”.

-¿Conoce Obama las Islas Canarias? Ya sabe que Clinton estuvo aquí.

“Me dijo que no, pero sabía perfectamente su ubicación. Y me aseguró que vendría a las Islas cuando dejara la Presidencia. Aquí lo esperaremos, ¿no? Y claro, sí sé que Bill Clinton visitó Tenerife”.

Sergio Méndez ha hecho las fotos, como siempre en el Mencey. María Rozman me ha dado otro titular: “Los periodistas amamos el sufrimiento”. Cuánta verdad hay en las palabras de esta guapísima mujer, todo estilo y simpatía. Dirigir a distancia un informativo para Washington y estados limítrofes no es fácil. Esta periodista tinerfeña, ganadora de un Emmy, lo hace. “Me estoy empapando de la política española”, me dice. Pues le deseo que no se vuelva loca. La llevo a su casa y quedamos para vernos otro día y conocer a su familia.

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