el charco hondo

La herida

Cuando la razón no es capaz de provocar una movilización verdaderamente significativa, si la convicción racional se revela insuficiente, la política (la peor política) abusa de la persuasión emocional o afectiva

Cuando la razón no es capaz de provocar una movilización verdaderamente significativa, si la convicción racional se revela insuficiente, la política (la peor política) abusa de la persuasión emocional o afectiva. La estetización de la política descrita por Walter Benjamin, reducirla a sus componentes sensibles prescindiendo de sus ingredientes intelectuales o discursivos, explica el inexplicable fracaso de la política (la buena política) en Cataluña. La meta de los partidos independentistas no ha sido un referéndum que sabían imposible por ilegal, su objetivo era construir una herida -emocional, afectiva, sentimental…- que ahora rentabilizarán electoralmente durante décadas. El PP ha tenido cinco años para desactivar el proceso hacia la herida, pudo intentarlo, debió abrirse a reformas que habrían vaciado de argumentos a quienes han crecido gracias a la inacción política y legislativa de los responsables del Estado. No lo hizo. El PP ni siquiera lo intentó. Se han perdido cinco años que pudieron aprovecharse para poner al día la Constitución actualizando los encajes territoriales. Cinco años después se llega tarde a todo. También a las reuniones anunciadas para estos días. La herida que han abierto en Cataluña asfixiará cualquier paso que ahora se quiera dar. La pobreza de los interlocutores tiene al país sumido en una crisis de calidad democrática. Escasean los líderes necesarios sobre un escenario gestionado por comerciales al dictado de los sondeos de opinión. El primero de octubre, ya incorporado al relato y a la épica independentista, extenderá su sombra durante generaciones. La herida apuntalará en las urnas a los separatistas. También al PP, partido que mejor capitaliza los dolores territoriales en buena parte del país. Las emociones apenas dejan espacio para las razones. Ganan los extremos. Malos tiempos para el sosiego. Cree José Luis Pardo, y cree bien, que cuando la estetización silencia la argumentación discursiva para dar paso a la persuasión emocional triunfan conductas con motivaciones irracionales. El oportunismo de unos y la inacción de otros nos han arrastrado a la irracionalidad de una herida que no podrán cerrar. Ya es tarde para todo.

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