tribuna

Diabetes y pobreza

Recientemente celebramos el Día Mundial de la Diabetes. Tratándose de diabetes, en Canarias no tenemos nada que celebrar, sino más bien recordar que es el mayor problema sanitario de nuestra región, el que le quita más años de salud a nuestra población, el que produce más sufrimiento personal y familiar y el que más mata. La mortalidad por diabetes en Canarias es tres veces más alta que en el resto del país. Es un dato escandaloso, vergonzoso, que exige análisis y petición tanto de soluciones urgentes como de responsabilidades.

Y es tan alta porque en Canarias la diabetes se nos complica como a nadie: por cada peninsular que entra en diálisis por culpa de la diabetes, entran tres canarios. Por ello, Canarias es la región con más enfermos en diálisis y con más necesidad de trasplantes renales. Gracias a los esfuerzos de un magnífico equipo de profesionales, muchos enfermos se recuperan gracias a un riñón trasplantado. Pero lo ideal no es hacer cada vez más trasplantes; lo ideal sería que tuviéramos cada vez menos necesidad de trasplantar por haber sido capaces de prevenir esta complicación. El número de personas ciegas, infartadas, amputadas, con ictus y otras complicaciones diabéticas supera en mucho la media nacional. Tiene tanta fuerza la presencia de la enfermedad en las islas que se está acuñando una nueva definición de canario: “Canario es aquella persona con un familiar en Venezuela y otro diabético”.

¿Por qué hay tanta diabetes en Canarias? Fundamentalmente, porque somos los más gordos de Europa -vivimos en “las islas Michelín”- y porque detrás de la locomotora de la obesidad siempre viene la gran vagoneta de la diabetes. Es tan estrecha la relación entre obesidad y diabetes que ya no existe la obesidad, no existe la diabetes, se propone un nuevo término que se llama Diabesidad.

Cuando la obesidad se apodera de una población, reina la diabetes a los pocos años. Es un fenómeno sin excepción a escala mundial.

¿Y por qué somos los más gordos? Lo somos sobre todo porque tenemos muchísima pobreza en el seno de una tremenda desigualdad social. El 5% de los canarios gana tanto como el 80% de la población. La pobreza no es solo por falta de recursos económicos, sino también por falta de recursos culturales y sociales, es decir, por minusvalía social. La desigualdad social es el factor que más negativamente impronta en la salud y en la cohesión social (felicidad) de una sociedad. Valga un ejemplo: la población del barrio neoyorquino de Harlem -en el país más rico pero más desigual del mundo- tiene una esperanza de vida mucho menor que los ciudadanos de Kerala, un estado indio muy pobre, pero con una equitativa distribución de su pobreza.

Así pues, el combustible que mueve la locomotora de la obesidad y que a su vez pone en marcha las vagonetas de la diabetes y las del resto de enfermedades cardiovasculares (hipertensión, infartos de miocardio, insuficiencia cardíaca, ictus, etc. ) es la pobreza en el seno de una sociedad con patrones macroeconómicos de país desarrollado. El problema es mayúsculo, ya que estamos hablando de la mayores causas de mortalidad en el mundo desarrollado y emergente. Lo avalan múltiples estudios. Lo vengo denunciando desde hace más de 20 años (tiren de hemeroteca), cuando monté en el HUC una consulta específica para diabéticos con enfermedad renal, y a las pocas semanas me di cuenta de que el mayor factor de riesgo para sufrir la complicación renal de la diabetes (nefropatía diabética) era la minusvalía social. ¿ Y por qué existiendo tanta evidencia científica apenas se habla del principal factor que causa la hecatombe sanitaria que vivimos? No se habla porque el sistema -el salvaje capitalismo neoliberal que nos gobierna- lo oculta. Darle protagonismo a la pobreza es políticamente incorrecto. Es revolucionario. Para el Gran Hermano (GH), la pobreza es un factor causal no modificable. El GH, comprando voluntades, impone la ley del silencio en todas las instituciones encargadas de denunciar el hecho y secuestra, atando de manos, a los políticos.

¿Y por qué son las clases más humildes las que más sufren estas enfermedades? Por dos razones principales: la primera, y en mi opinión la de más peso, es el difícil acceso que tienen a la comida sana. La segunda es el inveterado sedentarismo de los canarios. Otros factores que inciden con fuerza en las clases más humildes son la falta de educación nutricional, la falta de cultura de revisión y el estrés por la precariedad en que vive una parte muy importante de nuestra población.

En una región con sueldos muy bajos -cuando se tienen- y con la cesta de la compra más cara, al menos un 70% de la población no puede comer sano. Un estudio realizado por nosotros en el 2006 (antes de la crisis) demostró que una familia de cuatro miembros se gastaba 178 euros al mes solo en frutas (dos piezas al día) y verduras (cuatro raciones a la semana). ¿Cómo se puede completar una dieta sana si un estudio de las dos universidades canarias (2014) arrojó que el 30,7% de los canarios ganan menos de 600 euros al mes y un 74,6% de los tinerfeños vive con igual o menos de 1.000 euros/mes? Si a esos exiguos ingresos le restamos los gastos de la casa y los pagos del coche, móvil de última generación, los videojuegos, la Play Station y todos los objetos escaparate que tiene el vecino y que nos dicen que tenemos que comprar para ser felices, ¿qué nos queda para comer? No hay otra alternativa que la comida barata, hipercalórica, engordante, procesada, desnaturalizada a base de añadirle barbaridades de azúcar, grasas saturadas y sal. En suma, la comida basura. No come sano el que quiere, sino el que puede. ¿Cómo no va a reinar en Canarias la Diabesidad? ¿cómo se van a controlar correctamente los diabéticos si la dieta es el pilar fundamental de su tratamiento y si, como hemos visto, la mayoría están en situación socioeconómica precaria? En lugar de atacar los problemas de base, que no son otros que la pobreza, la pésima alimentación y el sedentarismo de los ciudadanos, nuestros políticos, encadenados por el sistema, renuncian a las políticas públicas preventivas (no fueron capaces ni siquiera de subir unos céntimos a los refrescos azucarados) y recurren a la Medicina de consumo, a la Medicina de desembocadura, a poner carísimos puntales a los diabéticos ya complicados para que no se derrumben y así asegurar ingentes ganancias al GH. El negocio está asegurado: sin prevención y con las coordenadas sociales actuales cada vez habrá mas obesos, más diabéticos complicados… No importa que al canario se le acorten los años vividos con salud, no importa que sigan aumentando la cantidad de ciegos, amputados e infartados en las islas. Nadie propone en serio la construcción de una presa allá arriba, en los orígenes del problema, que pare los trágicos destrozos de la barranquera.

Las políticas preventivas dirigidas a evitar que la gente engorde y se haga diabética solo benefician a la población, son baratas, no son rentables, no interesan. Y, además, pronto la cobertura sanitaria pública universal no será sostenible y se producirá la gran transición hacia la Medicina privada… Las franquicias del GH ya están convenientemente colocadas. La pasividad dolosa de la Administración es más indignante cuando sabemos que todas estas enfermedades son perfectamente evitables. Que se lo pregunten a los habitantes de Karelia del Norte (Finlandia), cuya altísima mortalidad cardiovasvular se redujo a la mitad en solo 10 años cuando sus gobernantes se tomaron en serio mejorar la dieta y el estilo de vida de su gente.

Solo la presión ciudadana, a través de una masa crítica suficiente, puede forzar a la Administración a que anteponga la salud de la población y sus derechos a la justicia social y a la justicia alimentaria a los intereses del GH. Nos dicen que eso es cambiar el mundo, pero hay que contestarles que el mundo, a lo largo de su historia, se ha cambiado varias veces. Nos dicen que es predicar en el desierto, pero estoy convencido de que el desierto está lleno de orejas que finalmente se quedaran con la copla.

*NEFRÓLOGO

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