el charco hondo

Cincuenta días después

A veces, como es el caso, el silencio genera más inquietud o alarma social que la peor de las explicaciones; la falta de respuestas multiplica la oportunidad de insistir con las preguntas. Hace cincuenta días (el 22 de octubre) dos grupos de buceadores profesionales escucharon en Lanzarote y Fuerteventura disparos sónicos, explosiones, cañonazos plenamente identificables que, a unos treinta metros de profundidad, se repetían cada ocho segundos. Cincuenta días después, silencio en la grada. Nadie parece saber o querer saber nada. Cuando se pregunta si se tiene algún conocimiento o información sobre actividades de exploración de cualquier naturaleza -hidrocarburos, y un etcétera tirando a largo..- las autoridades más o menos competentes se ponen a cubierto bajo el paraguas que siempre tienen a mano: no consta. Solo el Cabildo majorero se ha molestado en exigir una explicación al Gobierno del Estado. Nadie dice saber algo sobre lo que escucharon los submarinistas. Nadie dice saber algo sobre la presencia, o no, o sí, o vete tú a saber, vaya por dios, de un buque que debió estar por allí ese día a esas horas. Si no se tiene constancia de que por allí pasó un barco, ¿por qué descartar que otros fantasmas pululan tan discreta como alegremente entre las Islas? Y no. La respuesta por parte de las instituciones no puede ser esperar a que los pesados de siempre dejen de preguntar. Si desorientados están los cetáceos no menos preocupante es la confusión que tierra adentro está alimentando tanto silencio administrativo. ¿Alguien se da por aludido en los ministerios? ¿Qué dice Industria? ¿Qué información tiene Medio Ambiente?, ¿y en Defensa? Pocas cosas hacen tanto ruido como este silencio. ¿Se ha preguntado algo a alguien desde el Gobierno de Canarias? ¿Y los grupos parlamentarios?, ¿hay vida ahí dentro? Al tardar tanto en ofrecer algo parecido a una explicación han cubierto el mar de dudas, sospechas y especulaciones que podrían haberse ahorrado. Y es que a veces, como en este caso, el silencio hace más daño que la peor de las explicaciones.

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