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La llamada de un juez

Yo era subdirector de este periódico, en la noche de los tiempos, cuando me llamó por teléfono un juez. “Le sigo a usted de cerca”, me dijo, “y debo advertirle sobre algo que me preocupa”

Yo era subdirector de este periódico, en la noche de los tiempos, cuando me llamó por teléfono un juez. “Le sigo a usted de cerca”, me dijo, “y debo advertirle sobre algo que me preocupa”. Le pregunté de qué se trataba y me siguió diciendo: “Publican ustedes noticias de suicidios y he comprobado que cada vez que la prensa se ocupa de los suicidas se produce una reacción en cadena de personas con desequilibrios que imitan el ejemplo de los que se quitan la vida. ¿Le podría rogar a usted que evitaran este tipo de noticias?; sin querer interferir en su labor profesional, sólo se trata de un ruego humanitario”. Le respondí que no publicaría una información más sobre suicidios, en los medios que yo dirigiera, desde aquel momento. Lo he cumplido a rajatabla. Las noticias de suicidios tienen un efecto mimético en personas propensas a quitarse la vida. Y ahora también se me plantea si publicando los casos de violencia doméstica, y de terrorismo, no estaremos animando a otros desequilibrados a que los repitan. Cuando la banda Baader-Meinhof actuaba en Alemania, un filósofo germano dijo: “Contra terrorismo, silencio”. Se trabaja para detener a sus autores, se les juzga y, si son culpables, a la cárcel. Lo que ocurre es que un suicidio es una acción individual, pero un acto terrorista, por lo general, supone una masacre que no se puede ocultar. Tolerancia cero con la violencia de género, pero ¿es bueno dar publicidad a los agresores? Confieso que estoy hecho un lío. Y que esta profesión es un laberinto que muchas veces me ha superado. Si yo fuera director de un medio, hoy, con tantos años de periodismo en el morral, no sabría qué hacer. Siempre recuerdo a aquel juez, cuyo nombre he olvidado. Pero me gustaría tener una charla con él, si todavía está en este mundo.