superconfidencial

Pura caca

Si ustedes quieren ver la peor iluminación navideña de Canarias, vengan al Puerto de la Cruz. Si prefieren contemplar los jardines más indecentemente cuidados del planeta -con excepción de las plazas de la Iglesia y de San Francisco, que pasan- vengan al Puerto de la Cruz. Si ustedes quieren desesperarse para encontrar un lugar donde […]

Si ustedes quieren ver la peor iluminación navideña de Canarias, vengan al Puerto de la Cruz. Si prefieren contemplar los jardines más indecentemente cuidados del planeta -con excepción de las plazas de la Iglesia y de San Francisco, que pasan- vengan al Puerto de la Cruz. Si ustedes quieren desesperarse para encontrar un lugar donde estacionar el coche, dense una vuelta por el Puerto. Están todas las plazas ocupadas por coches de alquiler. Si quieren caer en el pozo insondable de la incertidumbre, créanse los proyectos de la estación de guaguas y del muelle comercial y pesquero. Ninguno de los dos se va a llevar a cabo. Ambos estaban previstos que fueran iniciados este año. Quedan quince días para que el año se termine. Ni humo ni pelo. Si ustedes temen sufrir algún apretón, no se acerquen por la parada de guaguas, o de taxis: no hay váteres públicos por la zona. A cagar a la platanera. Es tal la desconsideración con el ciudadano que si usted presenta una instancia en el Ayuntamiento creo que le cobran unos dieciocho euros por llevar allí el papelito. Las plusvalías se han disparado, aunque me parece que el municipio pierde casi todos los pleitos. Las actividades culturales son escasas, por no decir nulas. Es una vergüenza que hayan dejado solo, con un poquito de ayuda del Cabildo, nada más, al Instituto de Estudios Hispánicos, por ejemplo, que podría hacer mucho más de lo que hace, pero con dinero. Porque Cho Regalado ya se murió. A mí me da vergüenza, ante el desolador panorama urbano, decir que soy y que vivo en el Puerto. Para cobrar impuestos sí que andan raudos, pero el ciudadano no recibe nada a cambio. Y ahora, como es costumbre, que me pongan a parir. Ya rechacé una vez la medalla de oro de la ciudad, no me hagan el deshonor de concederme la segunda.