
A los pies de los Dos Hermanos, en el tesoro ambiental de La Punta del Hidalgo, queda indeleble el paso y la expresión afable de un vecino de excepción. Cada verano y en otros momentos del año, cuando la oportunidad lo hacía posible, la familia Ríos Rull llegaba para sentir la caricia marinera y la magia de luz que atesora el escudo pétreo del primigenio sillar isleño que se alza ante el océano fortificando el corazón de Anaga.
Victoriano y Carmen conocían todos los secretos del pueblo y sus gentes, y tanto se les veía en el Arenisco como por las Furnias, al tiempo que sus hijos agotaban hasta la última hora del día para crecer en el encuentro con los amigos, los baños y juegos entre el ir y venir de las olas. Victoriano saludaba a los vecinos, muchos de ellos pacientes suyos en La Laguna o en Santa Cruz, a los que habían sido o eran alumnos, a los compañeros en el Hospital… Había tiempo para la lectura y para la partida de envite, que recreaban con aires de folias, malagueñas, isas. La agenda,ajena a prisas y forzados compromisos, abarcaba citas de honda confidencialidad, como las que mantenía en el Club Náutico de Bajamarjunto a sus compañeros de tertulia: Alfonso García Ramos, Eliseo Izquierdo, Manolo Alemán, Pepe Segura… Lo serio y transcendente se salpimentaba con ocurrencias, anécdotas y bromas; así daban rienda suelta al diálogo enriquecedor que les llevaba a abordar temas de actualidad. Juntos construían una particular república en la que crecía, desprovisto de ataduras, el humanismo ilustrado. Disfrutaban del derroche de intelectualidad que daba certera atención al nuevo tiempo, el largamente esperado, que iba a dejar atrás años de silencio. Llegado el momento, la particular atalaya le permitía captar en el horizonte la ráfaga, el destello del rayo verde que en escasos segundos se deja ver, poco después de la puesta de sol o poco antes de su salida, o la estrella wâdet, la canopus, que aparece con intenso brillo a mediados de agosto, por La Candelaria, dispuesta a recordar que el periodo vacacional pronto toca a su fin,aunque algunos años lo prolongaban de cuando el traslado mañanero de los hijos hasta el Luther antes de volver al domicilio habitual en Jesús y María. Fue en el verano de 2010 cuando pudo contar con cierta pausa en la dedicación política, Victoriano Ríos dio en La Punta por concluida la obra Canarias decide- Apuntes para un moderno nacionalismo (I), 1975-1987, libro que al paso del tiempo alberga un espléndido legado, superando el acopio de vivencias y recuerdos, pues en sus páginas da cuenta de su compromiso con la sociedad y la fidelidad que mantuvo a sus ideas. En el volumen queda reflejado su pensamiento, su posición firme en la búsqueda constante de un moderno nacionalismo, no excluyente, que parte del firme convencimiento del isleño en su identidad archipielágica, en pos de la consideración internacional de Canarias como Estado Archipielágico, a efectos del dominio sobre las aguas oceánicas perimetrales. Esa constante la expresa con igual contundencia en El Mar de Canarias.
MEDIO CENTENAR DE ARTÍCULOS
Canarias Decide reúne medio centenar de artículos, que fueron publicados en los diarios La Tarde, DIARIO DE AVISOS, El Día y Jornada. En el prólogo,que firma el entonces presidente del Gobierno de Canarias Paulino Rivero, destaca el compromiso activo del autor: “La única manera de cambiar el mundo, de hacer historia, de mejorar las condiciones de vida de nuestros semejantes y de la tierra que amamos”. Lo editó la Fundación Canaria- Centro de Estudios Canarios Siglo XXI y en la justificación de motivos Victoriano Ríos hace constar que pretende trasmitir “la preocupación por un territorio frágil por sus dos características diferenciales, la lejanía y la insularidad, y habitado por un Pueblo carente de una conciencia suprainsular, pero con los elementos necesarios que le confería una identidad propia y diferenciada, basada en un mestizaje forjado a lo largo de siglos de historia por la aportación de distintas culturas, desde la aborigen- que se aposentó en varias oleadas durante siglos-, pasando por la de los invasores con afán de conquista, hasta la de quienes estaban en tránsito y se quedaron, aportaciones en constante evolución como consecuencia de los condicionantes geográficos y que, por eso mismo, han dado lugar a un Pueblo constituido por los nacidos en las islas y por los que, sin serlo, quisieron compartir sus proyecto vital en el Archipiélago”.
Los artículos se distribuyen de forma cronológica, con referencia previa a los acontecimientos mas sobresalientes de cada año, mostrando las inquietudes y su posición ante esa realidad. El autor titula cada uno de los capítulos: Pre-transición, La transición y la Constitución del 78, Las primeras elecciones democráticas, El nacionalismo incipiente, La post militancia y el cambio socialista, El estatuto y las primera elecciones autonómicas, Los insularismos nacionalistas y Nacionalismo archipielágico; las AIC. Todos los artículos son previos a su elección como presidente del Parlamento de Canarias, cargo que ostentó en la II y III legislatura (1987-1995).
La obra concluye con el discurso que pronunció en la sesión constitutiva del Parlamento de Canarias el 14 de julio de 1987. Sus palabras no han perdido vigencia: “Canarias, fragmentada en siete islas, es posible solamente desde el equilibrio. Equilibrio que no es solo una vana palabra, sino todo un proceso permanente de convencimiento, de actitudes y de propósitos. Nuestro equilibrio canario es todo un desafío que los parlamentarios debemos tener como norte y guía en el quehacer legislativo, nuestras leyes, además de justas y solidarias, tendrán que pasar por ese tamiz del equilibrio interinsular para ser, además leyes canarias. Leyes que tendrán que estar envueltas en el blanco puro de las nieves, desde los Roques de los Muchachos de La Palma o las del Teide de Tenerife, y en el amarillo de las doradas playas de Jandía en Fuerteventura, de la de Papagayos en Lanzarote,o de Las Canteras en Gran Canaria; todo ello unido al azul que baña las costas de El Hierro y La Gomera, que al mismo tiempo que nos separa nos funde en un eterno y profundo abrazo”.
SEUDÓNIMO
Comenzó firmando los artículos bajo seudónimo: Los de la Atlántida y Lucas del Castillo. Se ocupa abundantemente de un tema candente e inconcluso: la descolonización del Sáhara y las repercusiones que aquella decisión iba a tener para el futuro de Canarias. Le preocupa la total descapitalización del archipiélago, que nos situaba como “una nueva frontera”, “cabeza de puente”. Su caminar ideológico le lleva a barajar conceptos como el de euroisla, atento al marco posible para garantizar el desarrollo. Recuerda que en aquellos años se palpaba la inquietud que resume en las preguntas: “¿Seremos los canarios los próximos en ser abandonados si ocurriese una tesitura parecida? ¿Quién va a defendernos y/o evitarlo? El futuro de las islas se debate entre ¿ser europeos, proyectarse al Nuevo Continente o servir de luminaria africana?” Al igual que Alfonso García Ramos, viene a recordar lo dicho décadas atrás por el diputado republicano Juan Sol y Ortega: “Canarias ha pasado de centro del imperio colonial español) a frontera… ¡Cuidemos esa frontera”.
MEMORIA
Hace memoria de años en los que no todos mostraron similar valentía para posicionarse en la arenas de la política, que le llevó a dar pasos en defensa de un moderno nacionalismo que, sin olvidar historia y antecedentes, se dispone a servir de foco con sólidos planteamientos para afrontar retos. Lo hace junto a Juan Pedro Dávila y Bernardo Cabrera, y aglutinan a cuantos observan que esa es la vía para superar un largo periodo y dejar de ser “colillas apagadas del cenicero de los mares”, como señaló Pedro García Cabrera.
En el artículo Canarias y Waldheim, que se hizo merecedor del premio Víctor Zurita de periodismo que patrocinaba la recordada Caja de Ahorros de Santa Cruz de Tenerife, comenta la visita del secretario general de la ONU, su periplo diplomático por el Sáhara Occidental y la inquietud creciente que se palpa en Canarias.
Ríos Pérez no titubea en su creciente posicionamiento y se alinea entre los políticos isleños que abogan por considerar a Canarias como Estado Archipielágico, y no como un Archipiélago Estado, a efecto de las 200 millas de aguas jurisdiccionales, tema que consideró siempre irrenunciable para la Autonomía de Canarias. Ante los aires que despiertan inquietudes que van más allá de la autonomía, Victoriano Ríos se expresa con claridad: “No estamos en horas de independencia. Los relojes canarios apuntan hacia la supervivencia”.
HONDA SABIDURÍA Y DE EJEMPLARIDAD EN EL SERVICIO PÚBLICO
Proyectó un moderno nacionalismo, avanzando hacia la consolidación de euroislas. Deja un legado de honda sabiduría, de ejemplaridad en el servicio público. Contribuyó a despertar la dignidad, la autoestima, el sentimiento de pueblo capaz de reconocer sus virtudes y limitaciones, y dispuesto a superar ambigüedades. Quiso unas islas de primera categoría, que desterraran el lenguaje mendicante y con arrojo suficiente para superar manidos esquemas de un paternalismo dominante. Se esforzó para que arraigara- como el drago y otras especies endémicas que situó en el Jardín del Parlamento- una comunidad diferenciada, en la que “somos los canarios los que debemos decidir sobre nuestro futuro en cada circunstancia que la historia nos lo demande”
SU FAMILIA
La felicidad plena la encontró en su familia, viendo crecer a sus hijos y nietos. La satisfacción junto a Carmen fue percibir los progresos de José Víctor, economista y sociólogo, profesor e investigador desde hace más de 30 años en la Universidad de Minnesota (Pennsylvania); de Rodolfo, farmacéutico que en la actualidad está al frente del Servicio de Ordenación Farmacéutica; de Pablo, especialista en hematología y hemoterapia; de Fernando, letrado, profesor de la Universidad de La Laguna (ULL) y miembro del movimiento EcoSoberanistas de Base y ex comisionado para el Autogobierno y las Reformas Institucionales de Canarias, y de Tomás, ingeniero de telecomunicaciones y máster en comunicaciones móviles. Con sus hijos, las esposas de estos y los nietos compartió cada verano el inolvidable encuentro en la Punta del Hidalgo.




