Si cada persona tiene una forma de hablar característica, y siendo raro o poco frecuente que no se detecten elementos distintivos en la manera de expresarse de cada cual, en su particular selección del léxico, de la gramática, de las palabras, frases y giros, o en las variantes de la entonación o pronunciación, también los políticos tienen sus idiolectos, que resumen el uso que cada cual hace de su discurso, de su línea argumental. Y si décadas atrás el FBI destripó el manifiesto de Ted Kaczynski para llegar a Unabomber -historia bien contada en la recomendable Manhunt, The Unabomber- por qué dejar de intentarlo en las Islas con los partidos para, descifrando su idiolecto, descubrir de qué van, cuál es su posición o sus intenciones reales respecto a la propuesta de reforma del sistema electoral.
No lo ponen fácil. O sí. Coalición, acomodada en su minoría absoluta, se ha permitido desmarcarse como lo hizo el lunes pasado, interpretando al cliente que llama con malos modos al camarero y le reprocha que la carne está poco hecha -esto no hay quien se lo coma, vino a decir Taño-. NC se ha quedado sola dando la cara, poniendo la mejilla que otros quitan. Hasta aquí los casos sencillos. Cosa diferente es la gramática huidiza que tiene al resto de la oposición refugiándose en giros comunes. Suena a que están deseando que otros se desmarquen de la reforma para quitársela de encima. Por ejemplo, el PSOE. Su idiolecto de meses a esta parte se resume en que no se sabe qué piensa o defiende: no están. El léxico, la gramática, las palabras, las frases y los giros de la oposición dan forma al idiolecto de los agazapados, al lenguaje de quienes ayudan a CC seguir jugando a puerta vacía. Cala la sensación de que quienes han dicho que sí a la propuesta de reforma lo han hecho porque saben que no saldrá. El PSOE porque aquí aspira a gobernar con CC, y el PP porque en Madrid necesita a Coalición (pero también a NC, ojo), huele a que la falta de consenso en las Islas será la excusa para ganar tiempo perdiéndolo.
