El charco hondo

Bic, bic, bic

Tampoco unas siglas con el espacio electoral, la tradición orgánica y el músculo emocional que el PSOE canario ha tenido históricamente pueden descartar la posibilidad de acabar siendo arrastradas a su punto de ebullición, de tal forma que su implantación autonómica, insular y municipal pase de líquida a gaseosa y de ahí al suelo. No ...read more →

Tampoco unas siglas con el espacio electoral, la tradición orgánica y el músculo emocional que el PSOE canario ha tenido históricamente pueden descartar la posibilidad de acabar siendo arrastradas a su punto de ebullición, de tal forma que su implantación autonómica, insular y municipal pase de líquida a gaseosa y de ahí al suelo. No deben los socialistas canarios sentirse exentos del riesgo de terminar siendo arrastrados a su implosión, rompiéndose hacia dentro. Ni siquiera ellos pueden obviar que a raíz de una constelación de errores, torpezas, ingenuidades y esperpentos, bic naranja escribe fino, bic cristal escribe normal, dos escrituras a elegir, bic, bic, bic, un partido (el suyo) salte por los aires; por ejemplo por los aires de los propios en las islas periféricas, donde dirigentes socialistas están viendo en la fórmula de Casimiro Curbelo una receta cada vez más atractiva. Los patinazos parlamentarios de quienes desorganizan el partido de tiempo a esta parte, y la creciente percepción de descontrol, apenas están dando un respiro a militantes y simpatizantes. Tiene difícil digestión que Coalición y PP hayan aprovechado que los socialistas fueron al baño para dejarlos abandonados en la gasolinera. No resulta fácil encajar goles en propia puerta cuando se negocian los órganos que dependen de la Cámara. Ahora bien, sin subestimar el desgaste que generan episodios como los del tal Zebenzuí o el ínclito buzz lightyear, la sombra de la implosión se ha disparado con las distintas entregas de la novela de los bolígrafos, bic naranja escribe fino, bic cristal escribe normal, bic, bic, bic, porque ha sido ese capítulo el que, por acumulación, amenaza con elevar a los socialistas canarios a la categoría de hazmerreír de la política local. Un partido puede sobrevivir a determinados pecados, a pactos equivocados, a malas campañas o a políticas mal recibidas en la calle; pero si a un partido se le pierde el respeto, si amanece siendo el hazmerreír en el patio de butacas, sus dirigentes deben plantearse que el PSOE canario está acercándose peligrosamente a su punto de ebullición.