El Charco hondo

No es país para nosotros

No es país para nosotros; tampoco es país para tener dos reinas, pero esa es otra historia

No es país para nosotros; tampoco es país para tener dos reinas, pero esa es otra historia. Cuando los hermanos Coen adaptaron a McCarthy empaquetándolo con luminosa oscuridad, streptease moral y fracasos sin envoltorio, no les quedó tiempo para echar un vistazo a España y contar (o denunciar, mejor) que éste ha dejado de ser un país para quienes, como es nuestro caso, vamos cumpliendo algunos años con la presbicia cada vez más desbocada. No, éste no es país para gente con la vista cansada. Aquí no nos quieren, o no interesamos, o no nos esperan. Quienes soplamos más de cuarenta velas (o bastante más) estamos siendo desterrados de forma progresiva e imparable. Nos aíslan. Ahora que no tenemos brazos suficientemente largos para sostener, alejar y leer las cartas de los restaurantes, los mensajes del móvil, las indicaciones de los folletos, los prospectos o las instrucciones de lo que sea, ahora, precisamente ahora que también el cristalino pierde flexibilidad y dejamos de enfocar como antes, todo parece indicar que restaurantes, editores, publicistas y empresas en general se han conjurado para que tiremos la toalla y nos quedemos quietos. Saben que si solo tienes presbicia lo habitual es que te dejes las gafas en casa, y allí están ellos, en el bar o en el avión, en la tienda de electrodomésticos o en el hotel, esperándote, conscientes de que estás en sus manos, vencido, ahí están, disimulando con su sonrisa de medio lado, condenándonos a pedir para almorzar o cenar no lo que queremos sino lo que más o menos hemos creído leer, sin conocer la letra pequeña de los contratos que firmamos, ignorando los efectos secundarios de la medicación, rindiéndonos en el esfuerzo de averiguar las contraindicaciones o los pasos a seguir en caso de incendio. Han descubierto que rebajando aún más el cuerpo de la letra nos tienen en sus manos, cautivos, decidiendo sin conocer precios, componentes o advertencias. Esto no es país para nosotros. No es país para ojos cansados. Tampoco para tener dos reinas, pero esa es otra historia.