Cultura

Javier Castillo: “Lo que ha pasado con ‘El día que se perdió la cordura’ ocurre una vez en 50 vidas”

Javier Castillo (Málaga, 1987) solía escribir en el tren de cercanías que cogía diariamente para acudir a su trabajo

Javier Castillo, autor de los libros ‘El día que se perdió la cordura’ y ‘El día que se perdió el amor’. DA

Javier Castillo (Málaga, 1987) solía escribir en el tren de cercanías que cogía diariamente para acudir a su trabajo. Un total de 40 minutos de ida y otros de vuelta de los que nació su primera novela El día que se perdió la cordura, un thriller de suspense con pinceladas románticas que ya ha superado los 100.000 ejemplares vendidos. Por aquel entonces se dedicaba al sector de la consultoría financiera, pero desde niño siempre había sido un ávido lector. Ahora, muchos le conocen como el chico del tren, transporte al que este malagueño volvía a subirse, quizá por nostalgia o -como él mismo bromea- “para que vuelva a traer suerte”, con el propósito de escribir los últimos párrafos de su segundo libro El día que se perdió el amor, y que hoy firma en la XXX Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife.

-Es de los pocos valientes en este país que ha dejado su trabajo para dedicarse íntegramente a la escritura…

“De los pocos imprudentes, sí [bromea]. Me considero un afortunado por poder dedicarme a lo que me apasiona. Decidí dejar mi trabajo cuando mi primera novela El día que se perdió la cordura llevaba doce ediciones. Cada publicación superaba la anterior y ya era algo casi incontrolable. Me encontraba entre los dos mundos; no estaba ni celebrando el éxito ni concentrado al cien por cien en mi trabajo. Por lo que llegó un momento en el que pensé: hemos venido a jugar y voy a apostarlo todo por esto”.

– Su carrera como escritor empezó a despuntar en internet, ¿por qué decidió pasarse al papel?

“Más que nada por un paso lógico. Es cierto que en internet hay mucho mercado, pero hoy en día en España, si realmente quieres dedicarte profesionalmente a escribir, el gran mercado se encuentra en el papel, que supera al digital con más de un 90 por ciento de los lectores. El libro electrónico en nuestro país aún no ha despegado y después del éxito que estaba teniendo el libro en internet, pasarme al papel era el siguiente paso lógico que debía dar”.

-Este pasado enero sobrevivía con creces a la publicación de su segunda novela. Respecto al éxito de la primera, ¿resultó complicado escribirla?

“Antes de que se publicara mi primera novela en papel, ya tenía escrita El día que se perdió el amor, así que en ese momento no estaba muy influenciado por el éxito. Desde la editorial Suma de Letras me comentaban que el libro estaba teniendo bastante acogida, pero no era consciente de la locura que vendría después. En cambio, ahora que estoy empezando mi tercera obra reflexiono con detenimiento cada palabra, cada frase… pensando siempre en el lector. Es más responsabilidad que presión”.

-Ambas obras introducen al lector en una historia trepidante que mantiene el frenesí hasta el último punto y final. ¿Qué le inspira?

“Yo leo mucho, pero también abandono muchos libros porque me acaban resultando lentos en determinados momentos. No quería que con mi propio libro pasara lo mismo y escribía con la intención de enganchar desde el primer momento, intentando conseguir que la gente no parase de leer. Era el único objetivo que tenía en mente”.

-El día que se perdió la cordura ha sido traducida en varios idiomas y pronto se convertirá en una serie de televisión. ¿Soñó con algo similar mientras escribía en el tren?

“Jamás. Cuando escribía en el tren pensaba que la novela la iba a leer mi mujer y un grupo de WhatsApp de cinco amigos que somos. Pero lo que ha pasado con El día que se perdió la cordura es algo que ocurre una vez en 50 vidas”.

-¿Y con asistir a una comida en la Casa Real?

“Eso sí que no entraba en los planes. Fue toda una experiencia: estar allí rodeado de escritores con un nivel de literatura impresionante, algunos galardonados con el Premio Cervantes… Cuando comienzas a escribir nunca te planteas algo así”.

-Podríamos decir que es el ejemplo del escritor millenial que interactúa constantemente con sus lectores en redes sociales. ¿Qué le aporta ese comunicación recíproca?

“Soy de los que piensa que, hoy en día, la identidad de una persona está dividida en cuatro partes: la vida personal, la profesional, la digital y, la que muy pocos conocen, la sexual. A mí me apasiona cuidar mi faceta digital y es precioso cuando alguien que termina el libro me escribe directamente; eso motiva muchísimo. Como escritor, existen días que no terminas de ver una parte de la trama o dudas acerca de lo que escribes, y leer comentarios de los lectores a través de las redes sociales es el chute de energía necesario para continuar”.

-¿Por qué tendríamos que leernos ‘El día que se perdió el amor’?

“Esta segunda novela completa la historia contada en la primera y ambas cambian, radicalmente, con el final de El día que se perdió el amor. Aunque los dos libros también pueden leerse de forma independiente. Además, es una trama que incita a averiguar constantemente qué está pasando, haciendo dudar al lector… Realmente la novela es un juego y contiene todos los ingredientes necesarios para absorber a la persona”.