Gastronomía

Andreas Kubach: “Canarias tiene todo para elaborar vinos con personalidad”

Solo hay 368 personas en el mundo que ostentan el título de Master of Wine, cuatro de ellas viven en España y una de ellas es el hispano alemán Andreas Kubach quien recientemente realizó una visita a Tenerife

 

Andreas Kubach. | Foto: J.L.C.
Andreas Kubach. | Foto: J.L.C.

Solo hay 368 personas en el mundo que ostentan el título de Master of Wine, cuatro de ellas viven en España y una de ellas es el hispano alemán Andreas Kubach quien recientemente realizó una visita a Tenerife, de la mano de El Gusto por el Vino, para presentar los vinos que elabora con Península Vinicultores, una compañía que valora la autenticidad, la sostenibilidad y la competitividad. Kubach presentó sus vinos de  Fontana, Quinta de Quercus y Mesta, en Cuenca.

-¿Qué significa ostentar el título de Master of Wine?

“Personalmente es una consolidación de una trayectoria previa, ya que llevo 25 años en el mundo del vino. El título lo da un instituto británico que lo entrega a sus miembros y para pertenecer a él hay que pasar un examen, el Master of Wine, que se organiza una vez al año en Londres, California y Australia. Dura una semana y cubre todo lo que conlleva la ciencia y el arte del vino; hay catas a ciegas de doce vinos, de cualquier vino del mundo; te hacen preguntas muy centradas no solo en la identificación del vino, sino también sobre su calidad, cómo se ha hecho, y luego la parte teórica sobre viticultura, enología, gestión de bodegas… Se supone que un Master of Wine sabe bastante de todos los aspectos del mundo del vino. Sabe bastante de todo, pero menos que un especialista; sabe menos de viticultura que un agrónomo, por ejemplo; menos de enología que un enólogo. Lo que hace interesante un Master of Wine es la capacidad de unir disciplinas, de trabajar más allá de los límites de viticultura, la enología, incluso la gestión, para tener una comprensión realmente global del mundo del vino que te permite poner en perspectiva lo que haces”.

– Hablemos de los vinos canarios. ¿Cómo se aprecia desde tu perspectiva el ‘boom’ que hay ahora de los vinos canarios?

“Es lógico y muy, muy positivo porque estamos, por fin, en una nueva revolución del mundo del vino en el que el concepto de calidad que tenemos se está haciendo más amplio y más complejo. Ya no solamente el vino está bueno, sino que es expresivo, de algún lugar, de un territorio, de una isla. Al final es que un vino tenga, además de calidad, personalidad. Y en Canarias tenéis la enorme suerte de contar con los mimbres necesarios para hacer vinos con personalidad: clima, suelo, uvas autóctonas, tradiciones específicas. Lo que todavía no he hecho y tengo muchas ganas de hacer es explorar los viñedos mucho más a fondo. Está claro que hay diferencia, muchos enfoques distintos, desde recuperar las malvasías -que ya me gustaban hace muchos años- hasta lo que se está haciendo en Tenerife rescatando varietales, que es muy interesante. No hay una única vía, lo realmente potente sería que los vinos canarios tengan una identidad global. Hay otro elemento y es que los vinos isleños orgánicos están de moda en el mundo. Esto combinado con un consumo de vino a nivel mundial mucho más maduro que ya entiende la diversidad, que se pueden hacer buenos vinos en muchos sitios, hace que sea un muy buen momento para el vino canario”.

-¿Percibe que se esté haciendo lo correcto o todavía hay mucha confusión?

“Hacemos muy buenas cosas y hay que darlas a conocer. Yo llevo 20 años dedicado a este mundo y el darse a conocer por sí mismo no ayuda; lo que tenemos que hacer es una política de producto. Desde el momento en que hay vinos realmente interesantes, hay una masa crítica de vinos interesantes, con personalidad, de repente están en el mundo y en el mercado. La gente tiene mucho interés y muchas ganas de descubrir cosas nuevas y si tenemos vinos con personalidad seremos capaces de comercializarlos. El esfuerzo debe centrarse más en la producción, en la calidad, más que en contarlo. Es más fácil contarlo si tienes algo que la gente quiere escuchar”.

-¿Las denominaciones de origen son una barrera para vender el vino?

“Cada caso es un mundo y yo lo veo desde fuera así que es difícil opinar. Las denominaciones de origen son una herramienta más, pero necesitan tener una lógica climática, geológica… Las DO de motivación puramente política pocas veces generan un gran beneficio. En cambio, si aglutina a una serie de productores que comparten valores, ideas, entonces son una herramienta potente. Lo que hay que evitar, que lo ha habido en muchas zonas, son luchas internas entre diferentes denominaciones. El mundo del vino es duro, muy, muy duro no podemos permitirnos el lujo de perjudicarnos a nosotros mismos.

-Las guías de vino ayudan.

“Yo creo que ayudan, pero se puede funcionar perfectamente sin ellas. Y luego depende mucho del segmento de mercado. Si somos sinceros, la gente que lee las guías es muy poca gente. Suelen ser personas dedicadas al mundo del vino, sumilleres… Yo tengo mucho más interés en que la revista Wine Advocate cuente lo que está pasando más que valore un vino. Al final es la transición del vino como bebida, al vino como producto cultural. Es darnos cuenta de que la gracia del vino no es solamente el placer organoléptico que nos da, sino el placer estético, casi emocional. Cuando el vino se convierte en medio de comunicación, en instrumento de transmisión de una cultura, de un territorio, eso es interesante y la gente va a querer interactuar con el producto más allá del qué bueno está. Cuando le preguntas a un productor por qué tengo que tomar tu vino, responde porque está muy bueno; claro que está muy bueno, eso espero, pero cuéntame una razón profunda… y ahí fracasamos sistemáticamente

– En los últimos años sigue bajando el consumo del vino , mientras sube el de la cerveza…

“La última cifra que vi es que parece que hemos tocado fondo en el consumo de vino por fin y que no vamos más abajo en España. Y ojalá sea así. Tengo algunos amigos cerveceros que están preocupados porque parece que hay un cambio de tendencia y algunos nos copian. El consumo per cápita sigue siendo desastroso. Yo creo que la razón es que la gente no sabe porqué toma vino. Imagínate un millennial de hoy al que una institución probablemente pública le diga bebe más vino. Es lo último que va a hacer. No tienes que decirle qué hacer, tienes que enseñárselo, decirle que es interesante y que luego él decida. Hay que dejar que la gente descubra el vino por sí misma”.

-Es un hándicap que la Administración pública ayude al mundo del vino.

“No lo sé. Nunca sabes los casos de éxito o de no éxito. Es muy relativo. Hay casos en el mundo de éxito claro con apoyo institucional y hay muchos casos de décadas de apoyo institucional que no han conducido a nada. Al final si hay un buen núcleo de producto, vinos que merecen ser bebidos, el apoyo institucional ayuda; el apoyo institucional sobre algo que no tiene mucho interés es menos efectivo”.

– ¿Los bodegueros están concienciados sobre los efectos nocivos en el medio ambiente?

“En el mundo del vino estamos como dice Miguel Torres en la vanguardia del cambio climático porque somos los primeros que lo detectamos. Creo que hay una cierta toma de conciencia en algunos sitios del mundo del vino pero hay una producción completamente insostenible económicamente y eso es casi criminal. Las producciones por hectáreas con riego masivo no sostenible, hace mucho daño al país y baja los precios del vino, algo que no es razonable porque aunque subiéramos los precios seguiríamos siendo el país más competitivo del mundo. Hay una asignatura pendiente fundamental porque el vino ha dejado de ser alimento. Está muy bien que el vino sea parte de una alimentación sana, de la dieta mediterránea, pero tomamos vino para alimentarnos, no por las calorías. Es un producto cultural y por definición un producto de lujo en el sentido de que usas el dinero para cosas no esenciales. Dado que es así, no está justificado que la producción no sea sostenible desde el punto de vista medioambiental. Igual que no es justificable hacer cine, o gastronomía o moda destruyendo el medio ambiente no está justificado que lo hagas con el mundo del vino. O el vino es sostenible o dejará de existir. El consumidor tiene que decidir, a lo mejor no sabe que si estás tomando el vino más barato estás dañando el medio ambiente, pero si te gastas un euro más, sólo un euro, el vino además de estar más bueno puede ser mucho más sostenible”.

– ¿ Se acabó aquel cliente que quería tomar siempre un Rioja o un Ribera del Duero de tal añada y era fiel a una sola bodega?

“Todavía existe, pero hay un porcentaje muy importante de amantes del vino que saben que hay grandes vinos en cualquier sitio. Hay muy poca gente que te rechaza. Si un cliente en Madrid, en Barcelona o en San Sebastián entra en un restaurante y le recomiendan un vino canario no te va a decir que no. Otra cosa es que en un momento dado busquen un perfil determinado. Y dicho esto, hay una vuelta a los clásicos. Tuvimos un ‘boom’ en los años 90 de unos vinos modernillos, en el mal sentido de la palabra, que eran como una caricatura y todos sabía igual; hacías una cata y era toda la misma sopa. Ahora hay una vuelta a los clásicos porque tienen esta identidad y esta personalidad. Tiene que haber clásicos y nuevos vinos que tengan una razón de existir”.