
La aventura del secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez, hacia la presidencia del Gobierno tenía dos caminos: éxito o destierro. La contundencia de la sentencia del caso Gürtel conmocionó la vida política un día después de que el PNV hubiese dado el visto buenos a las cuentas de Rajoy para 2018.
El Partido Popular había sacado los presupuestos con guiños monetarios para el País Vasco y para Canarias, pero Bárcenas y compañía sacudieron los cimientos de la calle Génova, sede de los populares, y del palacio de la Moncloa. Sánchez sabía que había que dar un golpe de efecto. Las encuestas encumbraban a Ciudadanos y a Podemos, a costa del bipartidismo tradicional.
El líder socialista, cual Cid Campeador, era consciente de que no tenía nada que perder ante un panorama político que estaba dejando al PSOE en el ostracismo. Tocaba debatir la moción de censura. En Ferraz no tenían ni idea de lo que podía ocurrir. Rajoy y los suyos parecían tranquilos, tras haber contentado a vascos y canarios en los presupuestos, creían que la censura era un simple trámite.
SOCIALISTAS CANARIOS
Encima, Sánchez, al no ser diputado, parecía un triste invitado a la fiesta popular. Varios socialistas canarios movieron ficha para apoyar el movimiento de su líder: Héctor Gómez, Juan Fernando López Aguilar, Ángel Víctor Torres… El debate matinal demostró que Sánchez estaba fuera de forma, Rajoy le dio un buen repaso dialéctico, pero las horas jugaban a favor del socialista. El PNV exigía que se respetaran los presupuestos y que no se convocasen elecciones este año. Sánchez, acepto. Nueva Canarias que se respetara el REF, la Agenda Canaria, el Estatuto y la Ley Electoral… Sánchez asentía a todos. Rajoy no se movía y eso mató sus opciones.
Tras el sí de los vascos, Rajoy se fue de “copas”. El bolso de Soraya marcaba la pauta. A pesar de que muchos ya veían presidente al espigado socialista, el viernes muchos no las tenían todas consigo.
En la tribuna del Congreso, la familia del nuevo presidente vigilaba a Sáenz de Santamaría. Rajoy podía dimitir y quebrar el acuerdo. El expresidente parecía seguir de juerga. Cinco minutos antes de que Rajoy entrase en el Congreso para dar su último discurso como presidente, Soraya Sáenz de Santamaría se levantó. Los socialistas temblaron.
Miembros de la ejecutiva del partido de la rosa roja, creían que Rajoy iba a dimitir y la presidencia podía irse al traste. Fueron los cinco minutos más largos de toda la semana. En los pasillos los incrédulos hablaban de día histórico, de proeza. Aquí, podríamos decir, que “a posteriori, todos somos adivinos”. Lo demás, ya lo conocen.
El líder socialista prometió ayer el cargo ante el rey y es momento de conformar gobierno. Al final, Sánchez sí pudo. Gobernar, se verá.




