El charco hondo

La copia (defectuosa) de Rivera

Saben los compromisarios del PP que el último ocho de marzo cambió muchas cosas; y deben ser conscientes de que a raíz de aquello, o de episodios que han venido después, los días se conjugan cada vez más en primera persona del plural del femenino. Compañeras de trabajo, hermanas, parejas y amigas están leyendo la ...read more →

Saben los compromisarios del PP que el último ocho de marzo cambió muchas cosas; y deben ser conscientes de que a raíz de aquello, o de episodios que han venido después, los días se conjugan cada vez más en primera persona del plural del femenino. Compañeras de trabajo, hermanas, parejas y amigas están leyendo la realidad en plural femenino, militan, argumentan y se movilizan más que antes, promueven un tiempo diferente a todos los anteriores, impulsan un país donde las mujeres incrementen su presencia en las mesas de decisión. El contexto es más mujer que años atrás. Y en esto que los compromisarios del PP tienen que optar entre poner al frente del partido a una copia defectuosa de Albert Rivera o a quien podría convertirse en la primera presidenta del Gobierno de España: electoralmente no hay color, o sí, el color de Sáenz de Santamaría. Analistas, consultores o expertos en comunicación política reducen las fortalezas de Casado a su aspecto físico o edad, poco o nada más; pero saben los compromisarios del PP que en ese terreno Casado quedaría reducido en una campaña a la condición de avatar analógico del modelo original, Albert Rivera, entre otras razones porque, a diferencia del aspirante del PP, el líder de Ciudadanos sí puede decir sin faltar a la verdad que nunca estuvo casado con José María Aznar. Al PP no le interesa un sucedáneo de Albert Rivera para recuperar centralidad, ni desde luego debe arriesgarse a que las sombras académicas de Casado acaben explotándole al partido en unos meses. El PP necesita bastante más. Saben los compromisarios, o deberían reparar en ello, que convertirse en el único partido que puede hacer posible que una presidenta gobierne el país, y además sin posibles manchas de café en el expediente, es una baza que ninguna otra formación podrá jugar cuando lleguen las urnas. Quien quiera comprar una sonrisa telegénica ya tiene a Albert Rivera. Aquellos que empaticen con la novedad de que España sea presidida por una mujer solo tienen -y tendrán- a Sáenz de Santamaría. Saben los compromisarios del PP que la decisión les llega coincidiendo con este tiempo nuevo, que tiene al país conjugándose en primera persona del plural femenino. Y, sobre todo, saben los compromisarios del PP en estas Islas que la ex vicepresidenta sí ha demostrado que conoce, entiende y atiende los asuntos canarios.