La luz de Nieves Fernández Díaz brilla ahora con renovada intensidad en el firmamento de la memoria de cientos de hombres y mujeres y se une a la que desde 1964 compartió en la atalaya de su fiel compañero, el Mae, Antonio Castro Álvarez.
El Santa Cruz de siempre, el de la dimensión más liberal y emprendedora, sumó a su haber en los años sesenta del pasado siglo a la joven palmera, que comparte nombre con el de la patrona de Benahoare, el inmaculado amparo de Asyeta, nacida en Los Canarios Fuencaliente que había cursado estudios de Magisterio en la Escuela Normal de La Laguna. El proyecto que inició con su compañero de estudios y de fidelidad compartida desde entonces, le invitó a dar el nombre de María Montessori al centro que inauguraron en el curso 1964-65, referencia e inspiración que les invitaba a avanzar en la renovación de los métodos pedagógicos. Una mirada a esos años permite entender el valorar, el arrojo y valentía de la pareja Mae y Seño que fueron capaces de mantener el fiel de su trayectoria, ajenos a los ruidos y el cromatismo imperante, en el centro del que fue directora y en el que junto a las enseñanzas de Lengua hacia prevalecer su impronta: “tratar en plenitud a cada uno de los alumnos; poner en marcha todas las estrategias para despertar el espíritu crítico, la solidaridad, el esfuerzo”.
La Seño no se rendía ante cualquier dificultad. “Sabía desplegar los adecuados recursos para afrontar el problema que pudiera surgir en el aprendizaje. Tenía el don de saber entrar en dialogo permanente con el alumno. Lo entendía y estaba a su lado el tiempo que hiciera falta hasta conseguir que juntos pudieran superar la dificultad que inicialmente tenía”. Así le recuerda Manuel Alonso Dévora, el director del Montessori y por igual de la Institución Laica de Enseñanza El Maestro, en el centro donde en la actualidad estudian 311 alumnos, desde infantil, primaria y secundaria, contando con una treintena de profesores. Manuel Alonso formó parte de la primera promoción del Montessori, los niños y niñas que en septiembre de 1964 llenaron con su alegría e inquietud las aulas que fueron ocupando el espacio del domicilio familiar, en Emilio Calzadilla 32, la casa del que fuera alcalde santacrucero Sebastián Castro.
La Seño Nieves, al igual que el Mae, supo alentar el respeto, la libertad de pensamiento. Juntos trataron de inculcar la tolerancia y con ello favorecer la disponibilidad al diálogo. Esos valores permanecen inalterables, y el recuerdo a sus figuras se entrelazan en el vecindario del Toscal, en el devenir cotidiano. El matrimonio, que volcó paternidad y maternidad entre los alumnos, avanzó atento a las tradiciones y al horizonte abierto de la urbe, como encrucijada de caminos. Sus amigos atesoran las postales que recibían cuando la pareja emprendía verano tras verano el recorrido por Europa, desplazándose casi siempre en autostop, con el afán de vivir la experiencia del encuentro con otras gentes, de conocer otros horizontes y con el deseo de saciar sus incontenibles ansias de libertad. La bandera tricolor que cada Viernes Santo saluda desde la fachada del Montessori al paso de la Virgen de La Amargura, previo al saludo musical del E Lucevan le Stelle (Y brillaban las estrellas), nuestro Adiós a la Vida, el aria romanza de Tosca, fue para ellos algo más que un símbolo o un mero recuerdo del pasado.
Nieves Fernández y Antonio Castro dieron a Santa Cruz junto al impagable esfuerzo educativo que está en la grandeza de cada uno de sus cientos de alumnos, el regalo de dos espléndidos monumentos, obras de María Belén Morales, el que recuerda a los presos de Fyffes en la Rambla de Las Asuncionistas y el dedicado a la Mujer en la plaza de Isabel II. Santa Cruz tiene pendiente el justo reconocimiento a el Mae y la Seño, que nos consta figura en lugar prioritario, al señalar que se prevé materializar en breve.
Los restos mortales de Seño Nieves han recibido el merecido homenaje de sus muchos amigos, alumnos y compañeros en la cripta de la Iglesia de San José.
Expresamos nuestro más sentido pésame a la Comunidad Educativa del Montessori y a cuantos se sienten unidos al empeño docente que distingió durante décadas a la Seño Nieves, con el deseo de que su obra perdure para siempre.




