El charco hondo

Siete millones

Empezar por el final. Siete millones de euros, invertidos en prepararnos para la eventualidad de una llegada significativa de menores en patera, ¿serían una ayuda notable? Sí, parece que sí. Los pensamientos suelen producirse en cadena. Un acontecimiento conocido, percibido o vivido deriva a otro, y éste a otro, y el siguiente va empatando con ...read more →

Empezar por el final. Siete millones de euros, invertidos en prepararnos para la eventualidad de una llegada significativa de menores en patera, ¿serían una ayuda notable? Sí, parece que sí. Los pensamientos suelen producirse en cadena. Un acontecimiento conocido, percibido o vivido deriva a otro, y éste a otro, y el siguiente va empatando con el que asoma a continuación, hasta rescatarnos algo que teníamos durmiendo en la memoria. No son las situaciones las que nos perturban, si no lo que nos decimos a nosotros mismos acerca de esas situaciones (así lo resumió Epicteto, buen estoico). Encadenamientos que funcionan igualmente con algunos episodios que se cuelan en el quiosco de las cosas que pasan. Por ejemplo, con tres acontecimientos que han aflorado en distintos momentos de los últimos años, pero que el cerebro, caprichoso, ha abrazado en uno solo. Estos últimos días está multiplicándose la llegada de menores en patera, y tantos ponen pie en las Islas que han tenido que habilitarse carpas provisionales porque, según están denunciando las administraciones locales, carecemos de instalaciones suficientes -y adecuadas- para dar respuesta a tantos inmigrantes. Días que, encadenando pensamientos, nos devuelven a 2006, a los meses en los que los menores acogidos en Canarias rondaron los setecientos. Y, viajando en el tiempo en todas las direcciones posibles, encadenando, de la situación de estos días al 2006 y de aquel año al vergonzante capítulo de los siete millones de euros (hágase el ejercicio de pasarlos a pesetas) que, según se denunció en su momento, el Gobierno de España gastó en comida, limpieza y medicinas de un Centro de Internamiento de Extranjeros, en Fuerteventura; instalación en la que durante los seis años de gastos en comida, limpieza y medicinas no alojó un solo interno. Seis años consumiendo recursos para dar de comer o medicar a ningún interno en un centro cerrado y ahora, con las Islas volviendo a los meses de una llegada acelerada de menores en patera, las administraciones dicen no tener dónde alojarlos. Acabar por el principio. ¿Y si esos siete millones, gastados fantasmalmente, se hubieran invertido en reformar o adaptar el centro para eventualidades como las que estamos afrontando más solos que acompañados?