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Pistoletazo de salida: Estados Unidos, rumbo al año 2020

Análisis político tras el resultado de los comicios del 6 de noviembre

Llegó y pasó la esperada fecha para los estadounidenses, y aunque no dejó grandes sorpresas, sí dejó suficientes cambios para poner atención a los próximos dos años, no solo a nivel parlamentario, sino a la ya actual carrera por la presidencia, que desde esta misma semana dio el pistoletazo de salida.

A todos aquellos que se movilizaron con la intención de mostrar a Trump que no está por encima de las leyes ni del electorado, la victoria en la Cámara de Representantes les supo a poco. Si bien es cierto que el triunfo trae consigo importantes implicaciones, sobre todo a la hora de poner rienda al caballo desbocado de Trump, también es cierto que las aspiraciones de la marejada azul se vieron truncadas con la pérdida de escaños en el Senado.

En estas elecciones los republicanos tenían entre sus cartas una economía favorable, pero decidieron tomar el camino de la inmigración explotando el miedo que tanto les sirvió en las elecciones de 2016. Sin embargo, a los estadounidenses pareció importarles muy poco, siendo el tema de la sanidad universal el que más los motivó para ir a las urnas, aparte de, por supuesto, el tácito plebiscito al presidente Donald Trump.

Al margen de los resultados en la mayoría de las contiendas, no solo por los puestos de diputados y senadores, sino también por los de gobernador y algunas otras altas posiciones en los gobiernos locales y estatales, de estas elecciones podemos sacar una serie de conclusiones:

Los demócratas se apoderan de la Cámara de Representantes

La Cámara Baja ya se había tornado azul antes incluso de que se conocieran las proyecciones de California, tradicionalmente uno de los mayores estados azules del país

Los demócratas, quienes necesitaban hacerse con 23 escaños para controlar la Cámara de Representantes, superaron por más de 10 asientos su prueba de fuego.

Entre los cambios de rojo a azul, cabe destacar la victoria demócrata en Oklahoma, que había ganado con soltura Trump en 2016, gracias al impulso de la demócrata Kendra Horn, quien batió en duelo al republicano Steve Russell en una derrota en el quinto distrito del estado.

En Nueva York también festejaron los demócratas del distrito 11 tras desbancar a los republicanos, arrebatándole territorio a Trump. En Virginia, una de las primeras mujeres en servir su carrera a bordo de un navío de combate del US Navy le plantó batalla y ganó al republicano que había guardado el fuerte con éxito por mucho tiempo.

Una de las grandes sorpresas fue en la conservadora Kansas, donde el republicano Kevin Yoder, que defendía su escaño a capa y espada, lo perdió nada más y nada menos que ante la primera mujer nativa americana lesbiana en obtener un escaño en el Congreso.

El Senado, más rojo que antes

Los demócratas no pudieron trasladar la victoria de la Cámara Baja al Senado, dividiendo así ambos órganos legislativos. Es más, los demócratas no solo no pudieron teñir de azul las bancadas senatoriales, sino que terminaron por perder terreno, concretamente en Indiana, Dakota del Norte y Misuri, concediendo una mayor preponderancia al ala republicana en el Senado.

Ni roja, ni azul; la victoria es de color ‘rosa’

O por lo menos ese es el color que los estadounidenses le han encasquetado al movimiento político femenino, sea o no el color de preferencia de las mujeres americanas.

Más de un centenar de mujeres fueron elegidas para ocupar un escaño en la Cámara de Representantes, marcando con ello un hito histórico, y una nueva era donde las mujeres copan un mayor número de cargos en la Cámara Baja estadounidense.

La mayoría de las nuevas legisladoras provienen de estados azules, con al menos 86 candidatas demócratas y 15 republicanas. En el caso de Pensilvania, el estado que hasta ahora no estaba representado por ninguna mujer, tendrá a partir de este noviembre a cuatro diputadas. Las candidatas femeninas también lograron un gran avance en las contiendas por la gobernación, con un número récord de gobernadoras.

Hicieron historia

Hay que destacar la tendencia al aumento en diversidad tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes y en los puestos de gobernadores en todo el país.

Por primera vez, la comunidad musulmana estará representada por dos mujeres: Rashida Tlaib, Michigan, e Ilhan Omar, Minnesota, ambas demócratas. La comunidad nativo-americana también estará representada por dos mujeres: Sharice Davis, de Kansas, y Debra Haaland, de Nuevo México, en ambos casos, también demócratas. Ilhan Omar se convierte en la primera somalí-americana en ocupar un escaño en el congreso estadounidense.

Junto con Sharice Davids de Kansas, quien es además representante de la comunidad LGTB, el demócrata Jared Polis se convierte en el primer gay abiertamente declarado en ocupar el puesto de gobernador de Colorado.

Ayannah Pressley por su parte, pasa a ser la primera mujer negra en representar al estado de Massachusetts en el Congreso, y Alexandria Ocasio-Cortez, del Bronx, se convierte en la congresista más joven representando al estado de Nueva York, con 29 años de edad.

En cuanto a los votantes…

La diversidad del electorado también se hizo notar.

Las elecciones en Estados Unidos se llevan a cabo siempre en martes, y no es obligatorio para los empresarios dar tiempo libre a los trabajadores para ir a votar, con lo que muchos tienen que pedir el día sin derecho a sueldo, o tratar de ir a votar antes o después de ir a trabajar, lo que normalmente afecta más a las clases trabajadoras y de bajos recursos.

Posiblemente esta sea una de las razones por las que generalmente el derecho al sufragio no se ejerce en Estados Unidos con tanta devoción como en otros países donde los comicios se celebran en domingo o día festivo.

Tradicionalmente, las votaciones para las elecciones de midterm o medio término no suelen contar con alta participación. En este caso, hemos visto una gran movilización de electores, especialmente de mujeres votantes y minorías.

Recordemos que en esta consulta estaban en juego todos los 435 escaños de la Cámara Baja y 35 escaños del Senado, además de 36 puestos de gobernadores de los 50 estados de la Unión Americana, y, en términos más humanos, estaba en juego la batalla de ver quién tiene la razón, una oportunidad que nadie estaba dispuesto a dejar pasar.

Como conclusión

En este ambiente de polarización política y social, podemos concluir que cuando el Sr. Trump envió un tuit tras conocerse los resultados electorales diciendo que había sido un éxito para el partido republicano, no andaba del todo desencaminado.

Los resultados reñidos y los nuevos escaños adquiridos en el Senado presentan una buena perspectiva de reelección del presidente Trump en 2020, especialmente cuando los demócratas aún no tienen un candidato claro para hacerle frente.

El triunfo de los demócratas en la Cámara Baja no es nada desdeñable, siempre y cuando los demócratas consigan mantenerse unidos.

El haber perdido la Cámara Baja sí supone un quebradero de cabeza para Trump, que verá un mayor control en su actividad legislativa con una férrea oposición a algunas de sus propuestas más radicales, como inmigración o el desmantelamiento de la ley de Sanidad conocida como Obamacare. Veremos un mayor escrutinio del presidente y una mayor presión en la investigación de sus presuntos chanchullos, tanto a nivel fiscal como por la injerencia de los rusos en las elecciones de 2016, o como por la violación de algunas de las cláusulas que le prohibirían lucrarse por su posición al hacer negocios con mandatarios extranjeros (como es el polémico caso del Hotel Trump).

Si bien los demócratas tienen los números para pensar en una posible moción de censura, no está claro que por el momento sea el rumbo que deseen tomar. Nancy Pelosi, como presidenta de la Cámara, podría plantar cara a Trump en una sucesión de confrontaciones que no solo exacerbarán la postura de bully del presidente, sino que podría acelerar la caída del mandatario en una presión constante a la que no está habituado.

Habrá que esperar a ver cómo estos nuevos cambios afectan el día a día de los estadounidenses. Continúan por el momento las tensiones y una división social tan obvia que hay quien la ha tildado como el inicio de una guerra civil no declarada.

Por ahora el presidente, además de tratar de minimizar públicamente la derrota en la Cámara Baja, ha comenzado a declarar culpables a todos aquellos republicanos que no le siguieron el juego y a quienes perdieron escaños. En este escarnio público, Trump ha subido el tono de ataque hacia los demócratas y los medios, sentando el tono para los próximos dos años -ya en el olvido su llamamiento a la calma preelectoral a raíz de diversos actos de violencia ejecutados en su nombre el mes pasado-.

Lo que sí está claro es que quien quiera tener una oportunidad de hacerse con la Casa Blanca tendrá que tener en cuenta en sus discursos y políticas a un poderoso aliado o un formidable enemigo: la mujer americana, quien ya no se queda más en casa, especialmente cuando se trata de ir a votar o de dirigir el país.

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