superconfidencial

Con cierto miedo

He vuelto a concentrar mis lecturas en la guerra civil española, en una parte de la cual -la guerra en Canarias- me doctoré. Y vuelvo a insistir sobre coincidencias terribles que se dan en estos tiempos, en relación a aquellos, sin que, por supuesto, las circunstancias de España sean las mismas. Yo creo que los orígenes de las dos Españas están en la estupidez de la mayoría de los políticos, sin formación, inteligencia y altura de miras para coincidir en una idea válida de patria. Este puede ser considerado como un país genial, otro de haraganes, otro de pícaros y otro de miserables. Hay de todo, pero lo peculiar es la escasa o nula capacidad para coincidir en el patriotismo, en el amor a los símbolos, en el respeto a las opiniones ajenas y la facilidad para derivar en un individualismo atroz. Podría poner ejemplos, pero me los voy a ahorrar para que tampoco me etiqueten a mí, que soy un mero cronista de lo que veo. Yo soy consciente de que no voy a arreglar el mundo con mis artículos insignificantes y de que España tiene una solución difícil, por lo anteriormente expuesto y por más cosas. Pero significa para el escribidor un desahogo considerable vomitar estas consideraciones para aliviar su espíritu, atormentado por los acontecimientos. Además, abundan, en todos los bandos, los dictadorzuelos de aldea, incapaces de aprender de los errores de nuestra propia historia. No en vano quien está en la presidencia del Gobierno prometió elecciones si era elegido, aunque fuera por la puerta falsa, y no ha cumplido su promesa. Este es un país en el que la mentira no perjudica al mentiroso, por lo que se miente con una impunidad terrible. En esto nos diferenciamos de los anglosajones. Claro, aquí “nacieron” Rinconete y Cortadillo.

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