
Todo comenzó cuando una madre, que se definía como “católica”, escribió a un periódico de Indiana, en los Estados Unidos, al no poder tolerar que en la Universidad de Notre Dame “muchas mujeres” fueran con leggings a clase. “Soy sólo una madre católica de cuatro hijos con un problema que sólo las niñas pueden resolver: los leggings”.
Porque Mary White, que es como se llama esta mujer, acudía a misa en la capilla universitaria, reconociendo que su atuendo le molestaba “mucho” también porque pensaba en la sociedad: “Me avergonzaba por las jóvenes en la misa, pero también por los demás hombres a nuestro alrededor y detrás de nosotros que no podían evitar ver sus traseros”.
La señora White logró justo lo contrario. En el campus universitario se organizó el Leggins Pride Day, algo que saltó a las redes sociales. “¿Por qué no podemos vestir así? ¿Los hombres no pueden controlarse?”, decía una estudiante.
Lo que parece claro es que la señora White logró justo lo contrario a lo que buscaba.
