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Cayetana

Dijo Sabina: “Las pijas me caen mal, pero están buenísimas”

Mucho antes de que fuera portada reciente de Vanity Fair, a mí Cayetana Álvarez de Toledo me pone. Es una mujer elegante, combativa y dura, por eso me alegro de que accediera al Congreso por el PP. Y no me extraña que algún mariconzón de la derecha la quiera defenestrar, con el disgusto de Pablo Casado, que la admira y la desea elevar al infinito. Cayetana dice lo que piensa y este es un valor añadido a su historial: es marquesa, ejerce de mujer de derechas con derechos y tiene una estructura corporal capaz de embriagar, aunque sea menudita de chasis y enorme de alma. Además, tiene ese puntito argentino de doble o triple nacionalidad que motiva mucho al personal. Yo, de las políticas de nuevo cuño, a la que más admiro es a Cayetana Álvarez de Toledo, a la que Pedrojota hizo periodista de El Mundo porque le gustó mogollón, y no sólo como escribía, según cuentan los cronistas de Corte. Así que, enamorado como uno está del lunfardo, escuchar cómo habla esta dama gusta no poco y estoy seguro de que nos dará conciertos memorables en las Cortes cuando suba al atril, se ajuste el micro al tamaño (es bastante más alta que Ana Oramas) y largue el speach. Hay otras Cayetanas, sobre todo las de Alba, pero esta, que también es marquesa como he dicho, se lleva la palma que no le dieron a Almodóvar en Cannes, por rojo. Pedro se creía que lo suyo iba a ser un paseo triunfal. Bueno, pues ya he cantado lo que tenía que cantar. Como dijo Sabina, pero al revés. Dijo Sabina: “Las pijas me caen mal, pero están buenísimas”. A mí me caen bien y mantengo la segunda parte. Y eso.