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El flamante escudo del presidente

El fiscal general da la cara por Trump
William P. Barr
William P. Barr
William P. Barr

La nueva línea de defensa del presidente Trump no fue siempre santo de la devoción del magnate inmobiliario, pero hay quienes aseguran que Barr se fue al infierno y encontró a un cliente.

El fiscal general William P. Barr, veterano del Departamento de Justicia bajo la administración de George W Bush no se había destacado como fiel seguidor del presidente actual
-más bien respaldó las acciones de su contrincante a las primarias Jeb Bush- y Trump, inclinado como sabemos a los juramentos de lealtad por parte de sus lacayos tuvo sus dudas antes de decidirse a darle la oportunidad de convertirse en su caballero andante.

Trump finalmente cedió al consejo de sus abogados y consejeros, en parte debido a que Barr siempre se ha mostrado muy a favor de defender los poderes presidenciales y parece ser inmune a las críticas, cualidades muy en alza en el perímetro de la Casa Blanca.

Esta semana, Trump ha podido celebrar su decisión, particularmente después de observar cómo Barr luchaba a capa y espada contra los demócratas en su audiencia ante el Comité Judicial del Senado, dejando atónito al resto del país en una actuación en la que no vimos a un fiscal general sino al abogado particular de Trump.

Durante sus primeros tres meses en el puesto las maniobras de Barr han estado orientadas hacia la protección del presidente, aunque sus motivos están por definir. Al fin y al cabo, ya era conocido por su posición de defensa de los poderes presidenciales y ésa ha sido su postura, tal vez independientemente de quién sea la persona que lo ejerza.

Los críticos no han sido benevolentes con la actuación del fiscal, y proclaman que éste ha emergido como el campeón dispuesto pelear las batallas de Trump a toda costa, determinado a defender la conducta y moral cuestionable del presidente, y no cortarse un pelo, a la hora de hacer una interpretación dolorosamente parcial del informe del Comité Especial encargado de la investigación sobre obstrucción de justicia y complot con los rusos para influir en las elecciones presidenciales en 2016, sacando de contexto las palabras redactadas por el propio Robert Mueller III.

Quienes conocen a Barr lo dicen muy claro, las opiniones de los críticos que argumentan que el fiscal ha traicionado a los estadounidenses y al sistema de justicia, le importan un bledo.

En su carta al Congreso después de que se diera por clausurada la investigación dirigida por Mueller, Barr escribió que no había encontrado que Trump o sus asociados hubieran coordinado con Rusia el ciberataque electoral y que el Consejo Especial no había llegado a la conclusión de que hubiera existido obstrucción a la justicia. Mueller respondió un tanto airado al sumario con una carta en la que decía que la redacción de Barr no había captado el contexto, la naturaleza o la sustancia del trabajo del Consejo Especial.

Esta carta publicada recientemente, aunque fue escrita en marzo, ha llevado a la candente demanda por parte de los demócratas para que Barr dimita de su puesto. Han acusado también al fiscal de mentir al Congreso al no revelar deliberadamente las preocupaciones de Mueller durante su audiencia en abril, en la que se le preguntó si sabía a qué se referían los medios cuando hablaban de que la información que dio a conocer con respecto al informe días después de su publicación era limitada.

La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi (California) dijo a este respecto en conferencia de prensa esta semana que el fiscal general de los Estados Unidos había mentido ante el Congreso. Que Barr ha cometido un crimen. Naturalmente, las reacciones no se han hecho esperar.

Trump apenas conocía personalmente a Barr cuando lo eligió para el puesto, habiendo pasado solo unas pocas horas con él con anterioridad a su anuncio, pero ahora no puede estar más contento con su decisión. Esta misma semana, Trump envió un tuit premiando la labor de Barr, diciendo que es un fiscal general de verdad, queriendo decir con ello, alguien que le va a defender a cualquier precio. A partir de ahí tanto el Presidente como sus acólitos se han desvivido en alabanzas en sus declaraciones ante los medios de las virtudes del nuevo Fiscal.

EL PLAN DE BARR

Antes de su nominación, Barr escribió un memorándum detallado, según el Washington Post, que envió al Departamento de Justicia y abogados de la Casa Blanca y Trump, desacreditando el informe de Mueller. Siguiendo el punto de vista de Barr, el presidente no debería ser investigado por hacer uso de sus poderes para influir en una investigación, es decir, que la táctica de Trump de despedir al director del FBI, James Comey, no es obstrucción a la justicia, sino un asunto que debe estar fuera de las manos de los investigadores.

Los demócratas han alegado que este memorándum fue esencialmente un indicador para Trump y su equipo de cuál sería la postura de Barr en una investigación que ha sido la piedra en el zapato del presidente desde su toma de posesión, de ser elegido para la posición de Fiscal General. Durante su declaración de este miércoles, Barr se comportó punto por punto de la forma esperada, repitiendo hasta la saciedad que el intento de sacar a Mueller de la investigación no era obstrucción porque el presidente tiene la potestad legal de terminar cualquier investigación cuando le dé la gana.

MUELLER SE LO PUSO EN BANDEJA

Lo cierto es que Mueller declinó ofrecer una conclusión sobre si su equipo creía que había evidencia suficiente para procesar a Trump por obstrucción a la justicia. Su informe, que describe detalladamente situaciones en las que esto es más que una posibilidad y más de 77 falsedades en declaraciones del presidente y su equipo, terminó por dejar sin resolver el asunto, diciendo que al fin y al cabo el Departamento de Justicia dice que no se puede procesar a un presidente ejerciendo sus funciones. Tanto Barr como el teniente fiscal general, Rod J. Rosenstein (quien acaba de renunciar a su cargo), decidieron, por lo tanto, no imputar cargos.

Para muchos republicanos, toda esta situación viene a corroborar lo que defienden desde el principio: Trump no tuvo nada que ver con la injerencia rusa en las elecciones, y la investigación fue una pérdida de tiempo y dinero con el fin de manipular la opinión pública contra el presidente.

LA BATALLA ESTÁ LEJOS DE TERMINAR

La Cámara de Representantes convocó al fiscal para una nueva audiencia a la que éste optó por no presentarse, desafiando al poder legislativo, por lo que ahora se barajan las posibilidades legales para castigar a Barr por su desobediencia. Continúan las peticiones para que se dé a conocer el informe de Mueller completo y de que el mismo Mueller testifique, y se sigue discutiendo en los pasillos de Washington si ha llegado o no el momento de poner a Trump en la cuerda floja de una moción de censura, o si es mejor esperar a que el tiempo le dé la razón a una u otra parte.

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