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Radón, el enemigo silencioso

La mayoría de los municipios de Tenerife presentan concentraciones del gas radiactivo, que puede causar cáncer, por encima de los niveles recomendados por las autoridades
María López y Pedro Salazar, en el Laboratorio de Física Médica y Radioactividad Ambiental (Fimerall) de la Universidad de La Laguna. Emeterio Suárez
María López y Pedro Salazar, en el Laboratorio de Física Médica y Radioactividad Ambiental (Fimerall) de la Universidad de La Laguna. Emeterio Suárez
María López y Pedro Salazar, en el Laboratorio de Física Médica y Radioactividad Ambiental (Fimerall) de la Universidad de La Laguna. Emeterio Suárez

El Laboratorio de Física Médica y Radioactividad Ambiental de la Universidad de La Laguna (Fimerall) elabora para el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) un mapa de radiación ambiental en Canarias para vigilar los valores de gas radón. De los 31 municipios de Tenerife, 27 presentan concentraciones superiores a la referencia recomendada por las autoridades sanitarias.

Según advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS), este gas radiactivo (procedente de la cadena de desintegración del uranio) supone la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaquismo. Dicho efecto no es inmediato y es necesario un gran tiempo de exposición para manifestarse (decenas de años). Sin embargo, no se conoce una concentración por debajo de la cual su exposición no suponga ningún riesgo para la salud.

El radón se ha estudiado con detalle en los últimos 30 años al ser el responsable del 50% de la radiación natural a la que estamos expuestos durante nuestra vida. Su carácter gaseoso hace que tenga una “gran movilidad” y sea emanado de “forma continuada”, pudiendo concentrarse en el interior de nuestras viviendas (principalmente en garajes, sótanos y plantas bajas). En 1997 se estimó que casi 200.000 viviendas superaban en España los límites de radón recomendados por la Unión Europea, que en aquel entonces era de entre 200 y 400 becquerelios (Bq)/m3.

En nuestras viviendas estamos expuestos a radiaciones debido a la presencia de átomos en los materiales de construcción o en el terreno donde se encuentran. Por suerte, su concentración es muy pequeña, y no todos los lugares presentan el mismo nivel de radiactividad, pues depende de la composición química de sus suelos. En Canarias, “las lavas más ácidas tienen mayor contenido en uranio y producen mayores emisiones de radón”, explicó el investigador del Fimerall Pedro Salazar, por lo que se “está exigiendo un mayor control de las zonas que cuentan con materiales eruptivos, y también del tipo de emanación que produce”.

“La variabilidad (incluso dentro de un mismo municipio) puede ser muy significativa y depende del tipo de construcción, materiales empleados, desperfectos en el edificio, etc.”, recordó un Salazar que incidió en enviar un mensaje de tranquilidad a la población, ya que “solo se acumula en las plantas bajas, sótanos, garajes, etc., pues los valores registrados en las plantas superiores nunca superarán los niveles establecidos”.

“Los efectos nocivos del radón son teniendo largos períodos de exposición”, pero siempre, “como hábito saludable, debemos acostumbrarnos a ventilar nuestras casas con el fin de reducir los niveles de radón existentes”.

En España, el Código Técnico de Edificación tiene en consideración la exposición de radón para el público general y establece como nivel de referencia los 300 Bq/m3 como media anual. Sin embargo, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) recomienda comenzar “acciones de remediación” sencillas y económicas (por ejemplo, la ventilación) a partir de concentraciones superiores a 100 Bq/m3, el mismo nivel que se pide en la construcción de nuevos edificios. Este documento clasifica los municipios españoles en dos grupos según considera que hay una probabilidad significativa de que los edificios allí construidos presenten concentraciones de gas superiores al nivel de referencia. Gran parte de los municipios de Tenerife y Gran Canaria han sido calificados como Zona II, mientras que el resto de las Islas han quedado exentas debido a que no llegan a estos niveles.

En el caso de Tenerife, solo los municipios de San Juan de la Rambla y La Guancha han quedado exentos de este listado, mientras que Adeje y Güímar han sido calificados como Zona I. El resto de la Isla ha sido declarada como Zona II. En el caso de Gran Canaria, todos los municipios, excepto La Aldea de San Nicolás, fueron calificados como Zona II.

De este modo, los nuevos edificios construidos en la Zona I deberán disponer de una barrera de protección entre el terreno y los locales habitables que limite el paso de los gases provenientes del solar. Alternativamente, se podrá disponer entre el terreno y los locales una cámara de aire.

Mientras que en los municipios de la Zona II se dispondrá, además, de un sistema adicional, que podrá ser un espacio de contención ventilado situado entre el terreno y la vivienda, o un sistema de despresurización del suelo que permita extraer los gases en el terreno.

Investigaciones

El laboratorio del Fimerall, bajo la dirección técnica y de calidad de María López, está activo los 365 días del año, no en vano cuenta con estaciones de muestreo de aire, agua de consumo, toma muestras de alimentos, suelos vírgenes y agua de lluvia, datos que reportan a los órganos con competencia en protección radiológica, por su excelencia y el alto grado de especialización. Además, tiene capacidad para medir también los campos electromagnéticos de las líneas de alta tensión o de telefonía móvil.

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