Tribuna

Resultados

Hace cuarenta años que se celebraron las primeras elecciones democráticas en España. Los que estuvimos en primera línea en aquella ocasión hemos visto pasar por delante de nuestros ojos una etapa lo suficientemente larga como para que algunos sientan la irresistible tentación de demolerla. Pasa con todo en la vida. Las generaciones no se resisten […]

Hace cuarenta años que se celebraron las primeras elecciones democráticas en España. Los que estuvimos en primera línea en aquella ocasión hemos visto pasar por delante de nuestros ojos una etapa lo suficientemente larga como para que algunos sientan la irresistible tentación de demolerla. Pasa con todo en la vida. Las generaciones no se resisten al deseo de convertirse en protagonistas del tiempo que les ha tocado vivir. Están en su pleno derecho.

Por el contrario, los que hemos sido observadores del devenir natural de las cosas disponemos de elementos para comparar, y miramos al tiempo con la desconfianza de su variabilidad, para decir: “Esto ya lo he visto antes, esto ya ha pasado”. Con el clima es lo mismo. También hemos asistido a diluvios y a temporales, a largas sequías y a densas neblinas, para al fin considerar algo habitual todo lo que ocurre a nuestro alrededor. No me ha sorprendido este resultado del 26 de mayo de 2019. Las cosas ahora se llaman con nombres distintos, pero, a pesar de ello, vienen a significar casi lo mismo.

En la ciudad de La Laguna, que es la que mejor conozco, me presenté en 1979 a las elecciones locales, y el resultado, con matices, vino a ser el mismo que se ha producido cuarenta años después. La diferencia estriba en que el centro político en aquella época estaba representado por un único partido; la derecha no se comía un rosquete, porque todavía olía al régimen anterior; y la izquierda se organizaba con esa dispersión tradicional, que no fue capaz de aglutinarse hasta 1982, cuando se produjo el cambio hacia la estabilidad democrática. Lo que había en ese frente se presentaba dividido, casi en la misma proporción con que lo hace ahora.

Algunas personas siguen estando en la actualidad, como resistentes de la vieja guardia. Es el caso de Juan Miguel Mena, un joven concejal de UPC, que entró en sustitución de Rafael Núñez, y sigue en la brecha, elegido por Sí se Puede. Está donde siempre. Ha pasado mucho tiempo, el mundo no se ha hundido, y la gente sigue pensando y votando lo que le da la gana. Exactamente igual que hace frío o calor, o llueve y relampaguea, o nos invade la calima, y seguimos aquí considerándolo algo normal, a pesar de que nos metan el miedo en el cuerpo con eso de que el mundo se va a acabar. Claro que el mundo se va a acabar. ¿Quién lo duda? Ya lo sabemos. El secreto está en no estresarse por ello, ni por nada. El lobo no vendrá a comerse a las ovejas; y si lo hace, siempre dejará alguna para volver otra vez. Es casi ecológico esto. Quiero decir que nunca arrasará a todo el rebaño, porque eso no le conviene. En cualquier caso, el miedo no es un buen consejero. Su descontrol produce la ansiedad, y la ansiedad no es un estado recomendable para resolver los asuntos inmediatos que se nos presentan cada día. Mena estuvo conmigo en aquella corporación, de la que luego fui primer teniente de alcalde. Seguimos siendo amigos. Nos une la camaradería de haber compartido un tiempo de inauguración en el que todos teníamos un cuidado exquisito por no romperlo. De vez en cuando nos reunimos.

Hace poco coincidimos, con Pedro Félix González y nos prometimos llamar a los que quedan para celebrar un encuentro. Cuarenta años después vuelve a pasar lo mismo. Unos se quedan a las puertas, con trece concejales, y otros suman uno más, después de hacer el esfuerzo de hallar un motivo común para unirse. No fue demasiado fuerte el lazo que encontraron, pero eso no significa que ninguno considerara que lo que tuvimos entre manos fuera un fracaso para alguien. Mena sigue con la misma ilusión, y yo me alegro mucho de que sea así, y de que haya personas como él que no pierden el entusiasmo. Como dice la canción de Serrat: “Tanto tiempo esperándote”. ¿A qué hemos estado esperando? Después de mucho pensarlo, creo que en algo coincidimos los que estuvimos ahí desde el principio, y es que no se nos rompa lo que tenemos. Se llama democracia, y da igual quién gane o quién pierda. Lo importante es que continúe. ¿Verdad que sí, Juan Miguel?