latitud 38.9

¿Es hora de censurar a Trump?

Aumenta la presión ante las declaraciones de Mueller
Donald Trump. / EP
Donald Trump. / EP
Donald Trump. / EP

Esta semana no ha sido una buena semana para el presidente Trump, pero, honestamente ¿Qué semana lo es?

Nuevos libros y artículos publicados describen a Donald Trump como un tirano con quien es imposible viajar en el Air Force One (lo que antes era una bicoca, ahora es una pesadilla: testimonios publicados por parte de personal que se ve obligado a viajar con el mandatario describen las largas horas de vuelo como algo similar a la esclavitud, no solo tienen que dormir en el suelo muchas veces, sino que Donald Trump padece de insomnio y los somete a rutinarios rollos por horas que los pobres funcionarios se tienen que tragar sin bostezar pese a la hora o al cansancio y eso, si no tienen que lidiar con las formidables perreras e insultos a las que es aficionado el presidente); su antiguo admirado colega Steve Bannon y ahora parte de su lista de enemigos acérrimos, publica que los negocios del magnate son una empresa criminal y que vamos a descubrir pronto que es un impostor en cuanto a su lugar autoproclamado entre los más ricos; conversaciones filtradas entre personal de la Casa Blanca sostienen -literalmente- que “no hay manera de hacer colgar el teléfono a este asshole” ( les dejo a ustedes la traducción).

El presidente no consigue avanzar su agenda, y los rumores de que va a ser censurado pronto cada vez son más pronunciados. La guinda del pastel la puso esta misma semana el consejero especial de la investigación sobre la interferencia de los rusos en las elecciones de 2016 y obstrucción de justicia por parte del presidente.

El primer informe restringido y su redacción (y manipulación) por parte del fiscal general, William Barr, habían sido utilizados como prueba fehaciente por parte de la Casa Blanca de que no hubo conspiración ni obstrucción de la justicia por parte del equipo Trump. El presidente no ha cesado desde entonces de repetir el mantra de su completa exoneración que solo él y sus acólitos se han creído.

Pero esta semana Robert Mueller III se puso detrás del atril para aclarar lo que muchos que se han tomado el tiempo en leer la versión completa del informe en el Congreso (y es una vergüenza que pocos diputados y senadores lo hayan hecho) ya sabían, diciendo que “si hubiéramos estado convencidos de que el presidente claramente no cometió un crimen, lo habríamos dicho “.

Junto a esas palabras que no pueden indicar otra cosa que tienen la confianza de que el presidente estuvo involucrado en alguna medida en lo que la presidenta del Congreso ha llamado encubrimiento por parte de Trump, Mueller añadió que no tuvieron la opción de imputar al presidente. Es decir, que de haber podido hacerlo lo habrían hecho.

La reacción demócrata comenzó minutos después de que Mueller concluyera sus breves comentarios. El senador por Nueva Jersey, Cory Booker, y la senadora por Nueva York, Kirsten Gillibrand, pidieron por primera vez a la Cámara que se procediera a someter al presidente a la moción.

Booker dijo que era una “obligación legal y moral” del Congreso. Gillibrand en una declaración citó la negativa del gobierno de Trump a cooperar completamente con los demócratas de la Cámara de Representantes, y las palabras de Mueller como sus razones para declarar que “es hora de que los republicanos y los demócratas comiencen las audiencias de juicio político y sigan los hechos hasta dondequiera que estos puedan conducir”.

Booker y Gillibrand se unen a otros rivales principales, como la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, abiertamente partidaria de la acción del Congreso. Warren, quien comenzó a presentar su caso de moción el mes pasado, redobló su posición señalando que una revisión completa del informe de Mueller contradecía la afirmación de Trump de “exoneración total” por parte del abogado especial.

La campaña del ex vicepresidente Joe Biden ofreció una respuesta más cautelosa al decir que el Congreso “debe hacer todo lo que esté a su alcance para responsabilizar a esta Administración”, pero no llegó a presionar por una escalada en la Cámara de Representantes.

Otros demócratas de peso se han unido al clamor por la moción como la senadora por California, Kamala Harris y Pete Buttigieg, alcalde de South Bend, Indiana quien se hizo eco de ese punto en un tuit, y dijo que las palabras de Mueller eran “lo más cercano a una referencia de petición de proceso de moción”.

El senador por Vermont Bernie Sanders, quien advirtió que los demócratas podrían sufrir en 2020 si se enfocaban demasiado en Mueller, dijo que confiaría en los líderes de la Cámara demócrata. “Dada la realidad de que tenemos un presidente que cree que está por encima de la ley, el Congreso debe continuar sus investigaciones”, dijo el miércoles Sanders, quien recientemente ha señalado una creciente inclinanción hacia el proceso de destitución. “Si el Comité Judicial de la Cámara de Representantes lo considera necesario, apoyaré su decisión de abrir una investigación”.

Otros en el amplio campo de las casi dos docenas de candidatos demócratas a las primarias de su partido han sido más directos y afinaron sus mensajes después de la bomba del consejero, quien en realidad solo reafirmó lo que había escrito en su informe.. “Robert Mueller lo dejó claro: sin exoneración”, declaró el gobernador de Washington, Jay Inslee, en un tuit. Minutos más tarde, el ex secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, Julián Castro, dijo que Mueller había “aclarado que su investigación ahora en manos del Congreso”.

El exrepresentante Beto O’Rourke en un tuit dijo que la única forma de garantizar “consecuencias, responsabilidad y justicia” era comenzar los procedimientos. Y el representante de Massachusetts, Seth Moulton, miembro actual de la Cámara, dijo que ahora era deber de la Cámara seguir adelante. “Mueller hizo su trabajo. Ahora es el momento de hacer el nuestro”, escribió Moulton en Twitter. “Las audiencias de acusación deben comenzar mañana”.

Es una decisión que ha dividido a los demócratas dentro y fuera del Capitolio, donde la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha advertido repetidamente sobre una reacción política negativa de no llegar a ser destituido, pero los comentarios de Mueller harán que la tarea sea mucho más difícil, y ahora es cuestión de esperar el momento más propicio para evitar que se les escape el pez del anzuelo.

Este arriesgado movimiento no solo es deseado por los demócratas: también entre los republicanos ha habido algún apoyo, aunque mínimo, a la moción. El representante por Michigan, y miembro del GOP, Justin Amash se mostró favorable a votar por una moción de censura, hablando por muchos que según él piensan igual en su partido pero no se atreven a demostrarlo. La valentía de Amash se vio recompensada: a su regreso a Grand Rapids, fue recibido como un héroe entre sus filas por anteponer el país al partido. “Hay que hacer lo correcto, el Congreso debe hacer un balance de las acciones del presidente”, dijo Amash.

Ahora habrá que esperar a ver qué alianzas se forjan y cómo se puede garantizar una moción con éxito. El mensaje de Mueller es claro, tiene que ser el poder legislativo quien tome cartas en el asunto y se decida una vez por todas a actuar en lo que desde hace tiempo es la única solución decente ante un presidente que se salta la ley a la torera. Recordemos que otros se han visto en la misma situación por mucho menos. Sin embargo, estoy de acuerdo con aquellos que con un presidente más resbaladizo que una anguila -acostumbrado como está a nadar entre las aguas turbias de los límites de la legalidad- advierten que lo importante no solo es considerar qué, sino que en este caso en particular, todo puede depender de cuándo.

TE PUEDE INTERESAR