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¿Podrán los demócratas destronar a Trump?

Perdedores como Biden y ganadores como Harris de dos noches de debate
Es demasiado pronto para decir cuál será el efecto de todo esto, pero parece que los números de Julián Castro tienen al menos una oportunidad decente de subir

Con las elecciones presidenciales en Estados Unidos a la vuelta de la esquina (un año y unos meses realmente es poco tiempo en estos términos), el primer debate demócrata de 2019 estuvo tan abarrotado de contendientes que tuvo que extenderse durante dos noches.

El espectáculo completo fue caótico, pero también sustantivo, con importantes intercambios sobre temas que van desde el racismo, a la atención sanitaria o la política exterior. 
Pero los debates son, en última instancia, mecanismos de selección y una guía para los votantes. En ese sentido, cabe analizar qué candidatos y propuestas salieron favorecidos y cuáles perdieron puntos en la discusión, al menos, desde mi óptica.

Obviamente, no será posible obtener esas respuestas de un modo definitivo durante meses o posiblemente años después de esta campaña, pero sí es posible un primer intento por conocer las posturas de cada quién en unas elecciones que hasta el momento parecen dar ventaja al presidente Trump.

Ganadores: Julián Castro y Kamala Harris

Antes del debate, había básicamente tres niveles de candidatos en las encuestas. Se presumían tres primeras plazas con encuestas en dobles dígitos: Joe Biden, seguido por Bernie Sanders y Elizabeth Warren; dos “subcampeones” en torno al 6%: Kamala Harris y Pete Buttigieg, y luego un montón de candidatos cerca del final. Al término de ambas noches, solo había dos candidatos que parecían haber tenido un desempeño lo suficientemente bueno como para subir de nivel: el ex secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, Julián Castro, y la senadora Kamala Harris.

Los números extremadamente bajos de las encuestas de Castro, que actualmente son menos del 1%, siempre fueron un poco extraños. Castro es un ex alcalde que estuvo en el gabinete del presidente Obama, y llegó a pensarse como posible vicepresidente en 2016. Su plataforma de política migratoria era con diferencia la de perfil más sofisticado, y aunque no le faltaban ideas, nunca llegó a despegar. Partiendo de esa base, no podría haber esperado una noche mejor que la que tuvo en la primera de debate. La idea audaz de Castro sobre inmigración para despenalizar la entrada ilegal, fue aceptada por otros candidatos en el escenario y luego fue aprobada por la gran mayoría de los candidatos en el segundo debate. Utilizó su dominio del tema para atacar a un compañero de Texas, el antiguo representante Beto O’Rourke quien quedó relegado a un papel secundario.

Es demasiado pronto para decir cuál será el efecto de todo esto, pero parece que los números de Castro tienen al menos una oportunidad decente de subir; si no lo hacen, ciertamente se ve como un vicepresidente prometedor para quien salga a la cabeza.

Mientras tanto, Kamala Harris necesitaba salir de su punto muerto con Buttigieg -quien no llega a hacerle sombra- y pasar al primer nivel. Lo hizo de manera brillante, dominando la conversación en general y brindando el momento más importante del debate: la destrucción de Joe Biden, el favorito en la carrera.

Recientemente, Biden había estado inmerso en una controversia sobre lo que definió como buenos recuerdos en su trabajo con senadores partidarios de la segregación racial. Según expresó Biden, se trató de una gran época en la que el gobierno de Estados Unidos funcionó mejor porque al menos existía cooperación. Sin embargo, el comentario sentó como un jarro de agua fría a quienes el testimonio sonó a racismo, oportunidad que aprovechó Harris para lanzarse a la yugular de Biden, quien se defendió de forma desacertada y tono divagante perdiendo en el intento el necesario voto de la población negra.

Perdedor: Bernie Sanders

Durante la campaña de 2016, Bernie Sanders fue visto por su propio partido como un radical cuyo “socialismo democrático” nunca podría ganar al público estadounidense. En el primer debate del ciclo de 2020, las políticas de Bernie dominaron la conversación.

El debate sobre asistencia sanitaria no fue sobre si el gobierno federal debería proporcionar un seguro, sino sobre si debería controlar directamente todo el mercado de seguros o solo una gran parte de él, un ángulo mucho más moderado que su tono habitual, lo que le convirtió en un candidato más elegible. Sin embargo, no es que Bernie Sanders tuviera una mala noche en sí: lo hizo bien, entregando sus argumentos en el estilo que le caracteriza.

En gran parte se encogió de hombros ante los ataques y no hizo ninguna anotación, pero a medida que aumentaba el perfil de las ideas de Bernie, parecía que el candidato hubiera perdido un poco su brillo. Además, su posición habitual se está diluyendo con más candidatos de posturas similares que merman sus posibilidades: Elizabeth Warren, Cory Booker, Kamala Harris y Julián Castro, con propuestas de políticas más específicas y expansivas, se presentaron como alternativas sólidas.

Perdedor: Joe Biden

Joe Biden no necesitaba mucho para ganar, ni siquiera para empatar en el debate. Su popularidad iba en cabeza en las encuestas, es muy reconocido y los votantes de mayor edad se muestran a favor del ex vicepresidente. Su objetivo era no meter la pata y falló. Durante la mayor parte del debate lo hizo de forma mediocre. No hubo respuestas importantes pero tampoco fallos graves y ningún candidato parecía ser un rival serio. Eso hasta que llegó Kamala Harris, quien arrastró a su oponente a un punto sin retorno. La mayor debilidad de Biden ha sido y será siempre su convencimiento de que su partido no lo apoya y que él mismo representa un pasado que no se corresponde con una era más progresista del partido demócrata actual. En el último debate, quedó demostrado.

¿Hay algún candidato que pueda destronar a Trump?

Todavía es difícil definir la estrategia demócrata para vencer en las urnas el año que viene, y aunque la Senadora Kamala Harris ha destacado y subido puntos en el debate, está aún muy lejos de convertirse en una figura del gusto de los estadounidenses dentro de su partido y aún más fuera de él. Bernie Sanders y Joe Biden están empezando a demostrar que esta carrera se les está yendo de las manos, y ni Buttigieg, ni Castro, ni O’Rourke o Booker, tienen en mi opinión grandes posibilidades de ganar las primarias de su partido. Con este panorama, posiblemente, resulte difícil encontrar a un candidato que tenga el carisma de Trump, la personalidad suficiente para hacerle frente, o la actitud conciliadora en un país dividido que pudiera ganarse a los republicanos desencantados, a los que nunca les gustó el magnate, a los indecisos, y -siendo honestos- a todos los demás. Es decir, que si no hay cambios, posiblemente tendremos a Trump otros cuatro años más.

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