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Francisco Sánchez: “Me siento orgulloso de que Armstrong viniera al Grantecan. Siempre he sido un soñador, un optimista patológico”

El padre de la astrofísica en España Francisco Sánchez Martínez (Toledo, 1936) ofreció el pasado miércoles en el Teatro Leal la conferencia inaugural del congreso Impulsando la Astrofísica en España: 50 años de tesis doctorales en el IAC

El padre de la astrofísica en España Francisco Sánchez Martínez. | Fran Pallero

El padre de la astrofísica en España Francisco Sánchez Martínez (Toledo, 1936) ofreció el pasado miércoles en el Teatro Leal la conferencia inaugural del congreso Impulsando la Astrofísica en España: 50 años de tesis doctorales en el IAC, en el que habló sobre los orígenes de esta rama de la ciencia en nuestro país, una historia que aborda en un libro publicado recientemente Soñando estrellas. Así nació y se consolidó la Astrofísica en España. En la obra autobiográfica recorre en primera persona las vicisitudes que tuvo que afrontar desde su llegada a Tenerife en los años sesenta y la transición hasta la actualidad. El primer director y fundador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), cuyo poder de convocatoria se puso de manifiesto en 1985 con la inauguración de los Observatorios de Canarias, a la que asistieron reyes y reinas, jefes de Estado y ministros de una decena de países. “Me siento orgulloso de que el primer hombre que pisó la luna, Neil Armstrong, viniera a visitarnos al Grantecan”, declara a DIARIO DE AVISOS, en el 50 aniversario del viaje del Apolo 11 al satélite, y tras una entrañable velada universitaria con el famoso científico y gestor de los cielos de Canarias en su reaparición en La Laguna. Aquí cuenta cómo llegó de luna de miel a trabajar al Teide, donde nacieron sus hijos, en mitad del frío, la nieve y el granizo.

-Con tantos años en el candelero ¿Qué le queda al catedrático Francisco Sánchez por contar?
“(Ríe). Todavía no lo he dicho todo. Siempre quedan cosas. Me he dado cuenta ahora cuando he tenido que mirar hacia atrás para hacer este libro, Soñando estrellas, la cantidad de cosas que he hecho y de las que ya no me acordaba. No es un libro de astrofísica y astronomía, es un libro donde narro los acontecimientos que me llevaron a Tenerife y mi evolución desde óptico a astrofísico”.

-Echando la vista atrás y haciendo un balance, ¿hay más momento positivos o negativos?
“Soy y he sido un optimista patológico. No me da la gana pensar en lo negativo. Creo que he tenido las ideas claras y, a la larga, si uno insiste en lograr los objetivos, los consigue. Tengo en mi mente cosas positivas”.

-Tuvo que superar muchos obstáculos, piedras en el camino, zancadillas, puñaladas… ¿Fue una de sus mayores decepciones perder el Telescopio Europeo Extremadamente Grande (ELT) europeo y que se lo llevaran a Chile?
“Lo que cuento en el libro es que España negoció muy mal. Hubo, incluso, acuerdos parlamentarios, siendo Zapatero presidente del Gobierno y de la Unión Europea. Creo que no se movió bien este tema”.

-Pero en el otro lado de la balanza, uno de sus grandes hitos fue el Gran Telescopio de Canarias (Grantecan), que cumple 10 años
“Es increíble haber conseguido construir el mayor y más avanzado telescopio del momento, y haberlo hecho aquí, fabricado en más de un 70% por industrias españolas, que funcione de maravilla y que sea un referente mundial. Eso es algo que nadie es capaz de valorar en su justo término. La gente habla del milagro español de la astrofísica: es que en que poco tiempo, una generación, hemos pasado de la nada, cuando yo empecé, a ser de los primeros países del mundo en la materia”.

-¿Es el Grantecan la culminación de todo el trabajo que realizó durante más de 50 años?
“No fue el culmen, fue una gran batalla ganada. Me quedo con todo el trayecto vital en estos últimos 50 años, y me quedo con haber entusiasmado a tanta gente. Eso no lo he hecho yo solo. He tenido visión de futuro y se lo he hecho creer a mucha gente, y entre todos lo hemos hecho posible que se cumpliera el milagro español de la astrofísica”.

-¿Lamenta que le corten las alas al IAC y que tenga que llorar por presupuesto para investigación y nuevas infraestructuras?
“Sí, pero es lógico. Un centro de investigación tan creativo y tan internacional como el IAC tiene unos deseos y objetivos que siempre están por delante varios años, y debe pensar a lo grande y pedir. Sabemos que todo no se puede hacer ni lograr, pero tampoco entiendo cómo se ha malgastado dinero en muchas tonterías. Pero también hay otras que sí son necesarias para nuestros ciudadanos españoles. Esto es un problema político, hay que saber elegir las prioridades, para atenderlas con el dinero de que se dispone, y saber elegir en beneficio de la comunidad”.

-Háblenos del milagro español ¿Cómo se convierte este país en potencia mundial en la observación del cielo sin tener la tecnología adecuada?
“Las premisas eran claras, entendíamos la calidad excepcional de los cielos de Tenerife y La Palma para la observación astronómica, era un recurso natural que teníamos y había que ponerlo a trabajar en beneficio de la ciencia y de nuestro entorno; es decir, para nosotros, que esa ciencia, tecnología y desarrollo cultural nos hiciese crecer como sociedad”.

-¿Cómo se le ocurrió la idea de intercambiar cielo por instrumentos y horas de observación?
“Con inteligencia. Primero teníamos que conseguir telescopios que quisieran instalarse en las Islas y luego negociar de tal manera que nos dejaran utilizarlos, porque hasta ese momento, los otros centros en el mundo se basaban prácticamente en un “colonialismo”, es decir, buscaban el lugar y se contrataba a los locales para la limpieza, traían casi todo de fuera. Esa nunca fue mi idea. El lugar es nuestro, y si usted viene aquí, juntos haremos un centro de excelencia investigadora. Así también logré que nos ayudaran a formar rápidamente a un personal investigador de primer nivel que pudo trabajar codo con codo con ellos. En poco tiempo teníamos nuestra gente en los telescopios. No era una estupidez mi propuesta: trabajar con gente buena nos hace crecer y desarrollarnos. Esto nos ha llevado a realizar no solamente investigaciones de primer nivel tecnológico, tanto en tierra como en el espacio, sino a liderar diversas áreas”.

-Otra de sus aportaciones, además del 20% de observación para los científicos españoles a cambio de ceder el cielo, fue la escuela de invierno, que ha cumplido 30 años de vida.
“Decidimos crear un foro que reuniera durante una semana a alumnos y profesores, doctorandos y jóvenes doctores, para compartir conocimientos con los mejores investigadores en astrofísica del mundo, logrando así una actualización y puesta al día en profundidad sobre un tema de gran interés. Muchos excelentes astrofísicos pasaron por aquí, y se han creado muchos grupos de desarrollo internacionales”.

El primer director y fundador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Francisco Sánchez. | Fran Pallero

-¿Cómo ha visto la evolución de la astrofísica desde que empezó en la década de los 60 del siglo pasado? ¿Antes se compartían noches en condiciones penosas en los observatorios y ahora se hace todo vía robótica?
“Todavía hace falta personal cualificado que debe estar trabajando en las diferentes Observatorios. Por ejemplo, para poder observar con el Grantecan hay ingenieros y algún astrofísico que deben estar pendientes de que todo funcione bien. Y aunque ahora las infraestructuras son mas confortables, en alguna ocasión deben salir fuera por las noches, porque puede fallar algo. Recuerdo que un operario dejó una herramienta olvidada en un telescopio y cuando intentaron desplegarlo de forma remota para operar con él no pudieron. No es comparable naturalmente con aquellos tiempos en los que empecé a observar el cielo, no teníamos ni medios técnicos ni el material adecuado para pasar las duras noches de invierno arriba. La vida y la tecnología han evolucionado”.

-Antes vivía como si estuviera en un campamento ¿Ese ambiente de camareria e investigación se ha perdido ahora?
“No, es algo que siempre se ha mantenido entre los astrofísicos, se han creado muchos lazos de amistad y muchos grupos de trabajo conjunto internacionales. Recuerdo que en los primeros años iba yo solo a observar, luego me acompañó un auxiliar, luego otro más. Recuerdo que debía de hacer tanto frío por la noche que ninguno de los auxiliares me aguantaba, y el que más duró dos años”.

-A usted se le reconocen muchos avances que perdurarán en el futuro, como la astrofísica española, el IAC, la Ley del cielo de Canarias o su contribución a la Declaración de La Laguna sobre las generaciones futuras en favor del cielo. ¿Se considera un visionario?
“Yo no, los calificativos que me los pongan otros. Soy un hombre que cuando he soñado o he querido una cosa no he parado hasta conseguirla. Lo que sí he hecho es convencer a muchos para hacer esas cosas que solo no hubiera sido capaz. Todos los logros que hemos realizado en el IAC han sido gracias al trabajo y la colaboración de muchísima gente que nos hemos creído capaces de conseguirlo”.

-¿Cómo convenció a los políticos de que el cielo de Canarias era nuestro recurso, como el turismo, y había que protegerlo con una ley de protección?
“Son cosas que fueron surgiendo según la necesidad. En aquel tiempo veíamos que se estaban estropeando las condiciones para poder observar por la noche en La Palma, debido a que los ayuntamientos comenzaban a iluminar de cualquier manera sus calles, plazas y monumentos. Y lo que hicimos fue procurar que se hiciera de una forma racional y moderna, porque así era la manera para que pudiéramos también continuar observando con calidad. Pero no es solo proponer y formular una ley, también hay que saber moverse hasta conseguirla. La razón fundamental de elegir La Palma fue la polución lumínica del Valle de La Orotava. Y en La Palma hubo que resolver varios problemas, como luchar con el Ministerio de Defensa para que nos dejaran el terreno y descartaran instalar un radar, hacer la carretera y, por supuesto, lograr que no se estropearan las condiciones de observación. Por eso la ley de calidad del cielo se trabajó y se logró tras muchos años de esfuerzo en 1988”.

-Y en el 25 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Generaciones Futuras, usted propuso también preservar el cielo. ¿Cómo fueron las reuniones entre juristas, filósofos y activistas medioambientales?
“Recuerdo que el comandante Jacques Cousteau era una figura mundial, archiconocido por las series documentales que ponían en televisión. Él estaba empeñado en la protección medioambiental de los océanos y el planeta. Pero logré que también se tuviera en cuenta el derecho a tener unos cielos puros”.

-Se cumplen 50 años de la publicación de su primera tesis y 50 años del primer hombre en la luna. Dos efemérides coetáneas. ¿Y también utópicas?
“En aquel momento en el Observatorio del Teide no había prácticamente casi nada. Teníamos dos instrumentos ya obsoletos; por ejemplo, el telescopio se había comprado a un aficionado catalán y ni siquiera estaba bien orientado. Por eso, por muy soñador que uno sea es muy difícil concebir que de la nada hemos llegado a estar codo con codo con los más grandes del mundo. Eso me da mucha alegría. Es muy bueno para la astrofísica, para la ciencia en general, para nuestro país y para las islas. De este polo de la ciencia mundial están saliendo científicos, astrofísicos e ingenieros canarios de primera línea. Esto me da mucha alegría, yo siempre he creído y pienso en las personas. En el 50 aniversario de la llegada del hombre a la luna para mí y para todos nosotros fue un orgullo que Armstrong visitara el Grantecan. Nunca pensé estar allí con él. Pero como dije, siempre fuí un soñador, un optimista patológico”.

-Dice que empezó desde cero. ¿Es cierto que dejaba de ganar 19.000 pesetas al mes?
“(Ríe). José Torroja y Alberto Navarro, rector de la ULL, me propusieron, recién licenciado en Ciencias Físicas por la Complutense y profesor ayudante de Óptica, que llevara a cabo la prospección astronómica de Izaña. Y en octubre de 1960, debía elegir entre venir a Tenerife por 5.000 pesetas o unos laboratorios que me ofrecían 24.000 pesetas, casa y coche. Siempre he sido un soñador. Mi espíritu aventurero y mi gusto por la investigación vencieron. Creí que valía la pena este proyecto, y trabajé para hacer posible lo que hoy es una realidad. Mirando con la vista hacia atrás siempre me acuerdo de mi mujer, ya que vinimos de luna de miel para instalarnos en Izaña. Me apoyó y fue una pieza importante. Arriba vivimos cinco años y nacieron nuestros hijos”.

-¿Cuantas veces pensó que tomó la decisión equivocada y estuvo a punto de volverse?
“Algunas veces. Vivíamos en una vieja casa destartalada, la que fue Casa del Káiser, entraba el viento, la nieve y el granizo por las ventanas. Cuando apagaban el generador encendíamos las velas en la cabaña. En muchas ocasiones el sueldo llegaba con retraso o no me pagaban. En el rectorado de La Laguna era material de oficina no inventariable. Alguna vez dije que nos abandonaron a nuestra suerte. Todavía no sé cómo fui capaz de aguantar. Cuando me llegó una oferta de la NASA, me fui al rectorado y logré que me pagaran el doble. También tenía un cierto concepto patriótico, de trabajar para reconstruir el país y sacarlo adelante. Veníamos de pasar penalidades”.

Francisco Sánchez. | Fran Pallero

-¿Cómo llegó el flechazo de un óptico por la astrofísica?
“Con una beca internacional me voy a París y Bruselas para ver cómo estaban trabajando en estos países la materia que yo tenía que poner en marcha en España. En París descubro la frase Somos polvo de estrellas, que los átomos que nos componen han sido fabricados en el interior de una estrella. Me impresionó tanto que me enamoró la astrofísica. Me encuentro con René Dumont, de la Universidad de Burdeos, que había construido un telescopio fotopolarimétrico nocturno para estudiar la luz zodiacal, y le convenzo para que en 1964 lo instale en Tenerife. Este acuerdo nos benefició a ambos, ya que terminamos nuestras tesis. La mía la publiqué en 1969: Contribución al conocimiento del medio interplanetario por fotometría y polarimetría de la Luz Zodiacal. En aquellos días aprendíamos a marchas forzadas. Si por el primer telescopio yo me especialicé en luz zodiacal, los siguientes grupos se formaron tras lograr instalar un telescopio para estudiar el sol y posteriormente otro de la luz del medio interplanetario”.

El hombre que luchó por un sueño y dejó de lado la investigación

El milagro de la astrofísica en España tiene nombre y apellidos, Francisco Sánchez Martínez, un toledano que llegó a Tenerife en 1961 recién casado para estudiar las condiciones astronómicas de la zona de Izaña y formar el primer grupo de astrofísica español. Los inicios fueron muy duros, pero Sánchez no desfalleció; y cuando fue necesario interrumpió al presidente Adolfo Suárez y le reclamó que el dinero de los telescopios no se desviara para carreteras, cosa que logró. Este físico óptico se enamoró de la astrofísica y se convirtió en un acertado vendedor de sueños, un cazador de oportunidades que vendió las bondades de los cielos de Canarias por el mundo y preservó su calidad para las generaciones futuras. Un adelantado a su tiempo, que fue capaz de negociar cielo por tiempo de observación, generando una exitosa generación de investigadores punteros a nivel mundial. Poco a poco Sánchez dejó, a regañadientes, su faceta investigadora para luchar como gestor contra los molinos de viento, como Don Quijote. “Me hubiera gustado investigar más, pero me centré en sacar adelante el IAC. Ha sido una frustración personal, pero lo doy por bien empleado al ver los éxitos de nuestros investigadores”.