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El gigante Smits, el coche de Danko y una despedida indeseable

Santa Cruz de Tenerife fue una de las sedes del Campeonato del Mundo de 1986 albergando un grupo de la primera fase que dejó muchas anécdotas con Drazen Petrovic como protagonista principal
Un alborotado Drazen Petrovic, antes de despedirse del público tinerfeño con un puñado de cortes de mangas. / DA

El Campeonato del Mundo de Baloncesto que se inicia hoy en China es una de las citas más importantes del calendario deportivo de este año. También lo fue en 1986 cuando España organizó una competición que tuvo a Santa Cruz de Tenerife como una de las sedes.

Fue hace 33 años y apenas duró una semana, pero la cita mundialista dejó un recuerdo imborrable entre los que la pudieron disfrutar. No sólo fue una cuestión de memoria y de anecdotario, el Mundial de 1986 también sirvió para dejar bien patente las dotes organizativas que había en la Isla y armar la estructura que serviría para albergar, por ejemplo, la Copa del Rey de la ACB en 1987.

Y es que Tenerife siempre fue una Isla de basket, con una cultura cestista arraigada, dos equipos de élite y mucho talento. De esa forma la suerte del sorteo deparó que para Tenerife vendría el jugador más talentoso del momento, Drazen Petrovic. El yugoslavo fue el indudable protagonista individual de la cita aunque en el ahora Quico Cabrera compitieron muchos y muy buenos jugadores.

Bajo la bandera de una Yugoslavia aún unificada llegaron el mítico Drazen, su hermano Alexander, veteranos como Drazen Dalipagic, Zoran Cutura o Ratko Radovanovic y jóvenes como Vlade Divac, Stojan Vrankovic, Franjo Arapovic o Danko Cvjeticanin, protagonista de unas de las grandes anécdotas de la competición.

La organización, a través de uno de sus patrocinadores, había anunciado que premiaría con un coche al primer jugador del Mundial que lograra una canasta desde más allá del centro del campo durante un partido. El que fuera escolta del Estudiantes se llevó el vehículo gracias a un acierto lejano en el partido ante la Argentina donde jugaban los ilustres Pichi Campana y Marcelo Milanesio.

Yugoslavia acabaría primera del grupo sin perder ningún partido aunque tuvo cerca la derrota en el último compromiso frente a Canadá (93-90). Fue el día de Drazen Petrovic. El talento de Sibenik mantuvo a su equipo dentro del partido ante un seleccionado canadiense con el potente juego interior que formaban Kazanowski y Wiltjer ayudados en exteriores como Pasquale o Jay Triano, que luego sería seleccionador nacional y técnico de Toronto Raptors o Phoenix Suns en la NBA.

Petrovic hizo ocho triples ese día, pero no estuvo fino en su despedida de la Isla. Dedicó cortes de mangas a norte, sur, este y oeste del pabellón. El karma le pasó factura en semifinales y Yugoslavia sólo pudo colgarse el bronce.

En aquel grupo también compitieron Malasia, Nueva Zelanda y una Holanda donde destacaba un gigante rubio que para se sentaba en la tercera fila de la grada a ver los partidos y tenía que poner sus pies sobre los asientos de la primera fila. Y es que los 224 centímetros de Rik Smits hacían pequeño a cualquiera. El pívot holandés cuajó buenas actuaciones en Tenerife cuando aún era un universitario en Marist College. Luego sería elegido en el draft de 1988 por los Pacers de Indiana y allí haría carrera desde entonces hasta su retirada tras perder las finales de la NBA de 2000 ante los Lakers de Kobe Bryant y Shaquille O’Neal.

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