tribuna

Feminismo sin aspavientos

Confieso que entré a ver la película Padre no hay más que uno con los prejuicios y recelos de quien el humor de Torrente no es el ideal que tiene del humor. Y salí sorprendido, porque me acordé de un director de cine estadounidense, que decía que una comedia cinematográfica debía ser una película que […]

Confieso que entré a ver la película Padre no hay más que uno con los prejuicios y recelos de quien el humor de Torrente no es el ideal que tiene del humor. Y salí sorprendido, porque me acordé de un director de cine estadounidense, que decía que una comedia cinematográfica debía ser una película que pudiera verla junta toda la familia, que entretuviera, divirtiera, en algún momento emocionara y, al salir, incitara a algún tipo de reflexión. Bueno, pues todas esas premisas las cumple, con notable alto, la película de Santiago Segura. Ni un atisbo de humor gamberro, ni una pizca de sal gorda, ni una tentación de meter un chiste de revista musical de los setenta.

Más aún: creo que es la película más feminista de la cinematografía española, pero no ese feminismo panfletario de las tarascas militantes, que dan ganas de echarse a correr o de apuntarse a una academia de machistas para compensar, sino un feminismo soterrado, que cala en el espectador, porque, como decía Dürrenmatt, “vivimos en unos tiempos en los que hay que demostrar la evidencia”, y Santiago Segura nos muestra la obviedad con una elegancia a la que no nos tiene acostumbrados el cine español. El machismo de la sociedad -como el racismo- no se combate solo con leyes, y mucho menos con la aparición de una discriminación de signo contrario, porque la discriminación, la llames positiva, negativa o María Asunción, es discriminación. Se pueden hacer esfuerzos con las leyes, pero la discriminación que sufre la mujer no dejará de soportarla hasta que no desaparezca de las mentes de la sociedad, y eso no se logra enlodando la presunción de inocencia del macho, o imponiendo la paridad con un puñetazo encima de la mesa, porque el puñetazo encima de la mesa es autoritarismo, aunque le pongas de apellido benéfico. Se combate, a medio plazo, con película tan admirables como la que ha dirigido y protagonizado Santiago Segura. Un feminismo eficaz y sin aspavientos.