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John Bolton: otro asesor que sale a la fuerza de la Casa Blanca

Muchos ven con alivio la destitución del conocido como ‘Halcón de la guerra’

Donald Trump anunció esta semana el despido de su asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, por profundos desacuerdos en política exterior. Sin embargo, Bolton cuestionó la versión de los hechos, haciendo público que había renunciado antes de que lo echaran en flagrante contradicción a las declaraciones del presidente.

¿Fue despedido? ¿Dimitió? No importa: John Bolton ya no está a cargo de la política de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, lo que ha ocasionado que muchos digan aliviados que pueden respirar un poco más tranquilos.

Bolton: una agenda disparatada

 La principal prioridad de Bolton siempre fue ir a la guerra con Irán y utilizó su influencia en la Casa Blanca para avanzar su disparatada agenda. Aunque Bolton no consiguió convencer a Trump para atacar a Irán, ayudó a crear las condiciones bélicas necesarias al presionar al presidente para que se retirara del acuerdo nuclear pocas semanas después de asumir su puesto en Seguridad Nacional. Como era de esperar, esa política resultó ser un desastre, con Estados Unidos enfrentado a sus aliados europeos, el programa nuclear de Irán menos limitado y el gobierno de Trump fracasando en su intento por frenar el comportamiento de la región o provocar luchas internas contra el régimen.
Pocos meses antes de unirse al gobierno de Trump, Bolton intentó presentar un argumento para un primer ataque no provocado contra Corea del Norte, y se aseguró de preservar esa opción interponiéndose en el camino de los esfuerzos diplomáticos de Trump para reducir las tensiones -creadas por Estados Unidos- con Kim Jong-un. Trump aparentemente lo envío a Mongolia cuando decidió visitar al líder norcoreano en la zona desmilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur, para evitar la presión desmesurada del ahora exasesor.
Bolton debió abandonar su carrera política hace mucho tiempo, debido entre otras cosas, a sus opiniones extremistas. En cambio, su carrera en la etapa posterior a Bush floreció, presidiendo un colectivo de estrategas descaradamente antimusulmán, así consiguiendo un lucrativo acuerdo como colaborador de la cadena conservadora Fox News; incitando regularmente a la guerra en las páginas de opinión de importantes publicaciones, y estableciendo lo que los críticos han denominado “un registro de teorías belicistas, de fanatismo y de conspiración”; para luego, finalmente, convertirse en uno de los funcionarios de seguridad nacional más poderosos del gobierno de los Estados Unidos. Bolton asumió el papel de asesor de Seguridad Nacional en 2018, en lo que para la mayoría fue una decisión sorprendente.

Desacuerdos de política exterior con Trump

En el tema de Afganistán, Bolton era reacio a un plan reciente del Departamento de Estado para firmar un acuerdo de paz afgano con los talibanes, creyendo que no se podía confiar en los líderes del grupo, y se opuso firmemente a la polémica moción -ahora descartada por Trump- de llevar a los negociadores talibanes a Camp David el fin de semana pasado. Desde entonces, Trump ha declarado que las conversaciones entre los talibanes y los Estados Unidos están “muertas”.

En cuanto a Irán, Bolton fue el artífice principal de la postura radical de Trump, pero hubo desacuerdos aparentes sobre el deseo del presidente de reunirse con su homólogo iraní Hassan Rouhani. 
Bolton encabezó el abandono de los Estados Unidos del acuerdo nuclear internacional con Irán y la reimposición de las sanciones a Teherán. 

Según fuentes de la Casa Blanca, Bolton fue el responsable del colapso de la cumbre en febrero entre Trump y Kim Jong-un en Hanoi al recomendar la presentación de una lista de demandas de línea dura que el norcoreano rechazó. Incluso antes de asumir el cargo de asesor de Seguridad Nacional, Bolton ya pensaba que hablar con el liderazgo de Corea del Norte sería inútil. 

Uno de los temas en los que Bolton estaba más en línea con Trump fue el papel de China en el escenario internacional, acusando al país asiático del robo de propiedad intelectual de los Estados Unidos y de seguir políticas mercantilistas en un ambiente de libre comercio.

En lo que respecta al conflicto israelí-palestino, Bolton fue un actor principal durante la reunión de junio de 2019 en Bahrein, durante la cual Estados Unidos discutió la parte económica de sus propuestas para resolver el conflicto entre Israel y Palestina. Los palestinos boicotearon el acto diciendo que Estados Unidos no puede ser un agente honesto de paz. Tras el boicot, Bolton criticó a los líderes de Palestina por su negativa a presentarse. Pero lo cierto es que Bolton siempre fue partidario del reconocimiento de Trump a Jerusalén como la capital de Israel y la decisión de trasladar la embajada de Estados Unidos a la ciudad.

Por la parte de Rusia, a pesar de los esfuerzos de Trump para mejorar las relaciones, Bolton siguió siendo un crítico duro de Vladimir Putin. Bolton también se mostró contrario a la insistencia de Trump de que se permitiera a Moscú unirse al G7, además de ser un arduo oponente de los tratados de control de armas con Rusia. Bolton fue franco sobre la intromisión rusa en las elecciones estadounidenses al calificar los intentos rusos de influir en las elecciones presidenciales de 2016 como un acto de guerra, sin embargo, rechazó las acusaciones de que la campaña de Trump hubiera conspirado con el Kremlin. 
Y con respecto a Venezuela, Bolton abogó por medidas de línea dura. Estados Unidos respalda al líder opositor Juan Guaidó, quien invocó la constitución a principios de este año y se declaró presidente interino, calificando la reelección de Nicolás Maduro de ilegítima. El mes pasado, Bolton dijo que Washington estaba listo para imponer sanciones a cualquier empresa internacional que hiciera negocios con Maduro, sin embargo, la Casa Blanca dijo esta semana que el presidente Trump estaba frustrado porque Maduro no había renunciado como había predicho Bolton, dejando entrever que el respaldo de Bolton a lo que “se parecía mucho a un intento de golpe de estado en Venezuela por parte del líder opositor Juan Guaidó”, no funcionó, haciendo que la Administración Trump se viera ridiculizada ante la opinión pública estadounidense, acabando con la paciencia de un presidente que constantemente presume de que le gusta ganar.

No obstante, el primer mandato de Trump, aunque tuvo éxito en traumatizar a los aliados de EE. UU. y causar disrupción global, no cuenta con las grandes victorias que el “gran negociador” prometió durante su campaña presidencial. Esto representa un problema ya que Trump enfrenta unas cifras mediocres en las encuestas y va en busca de logros impactantes antes de noviembre de 2020.
Según la cadena CNN, Trump “se encuentra en un peligroso territorio político, con una aprobación del 39% en las nuevas encuestas. Solo el 36% de los encuestados dijo que merecía la reelección.” Por lo tanto, las victorias, preferiblemente llamativas son imperativas y deben llegar pronto, por lo que podría estar desesperado por firmar una serie de acuerdos en Afganistán, Irán y Corea del Norte – aunque sea más de cara a la galería- antes de las elecciones de 2020, lo que explicaría que deshacerse de Bolton en estos momentos era ineludible.

La marcha de Bolton

Es poco probable que Bolton se vaya sin dar guerra si tenemos en cuenta su habilidad para las relaciones públicas y su larga lista de contactos mientras promociona sus memorias en las que recuerda sus diecinueve meses en la Casa Blanca.

El Secretario de Estado Mike Pompeo y el Secretario del Tesoro Steven Mnuchin, antiguos rivales, apenas pudieron ocultar su alegría en los medios de comunicación ante la inmediata partida de Bolton, aludiendo que ellos sí han aprendido las lecciones de cómo trabajar para Trump que Bolton aparentemente nunca entendió, es decir, apaciguando sus instintos más salvajes y no mostrando deslealtad.
El comentario de Pompeo refleja una realidad que el resto del mundo, especialmente los aliados de EE. UU. y los subordinados del presidente han constatado durante dos años y medio tumultuosos. La política exterior actual de los Estados Unidos no sigue precedentes ni es predecible, tan solo momentos y decisiones impulsivas aireadas en las redes sociales.

Aquellos que aceptan trabajar para Trump pueden vivir bajo esa premisa o tomar las de Villadiego ya que como ha dicho anteriormente el presidente de los Estados Unidos “al que no le guste, que se vaya”. O te echan. Da igual.

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