la casa blanca - latitud 38.9

La ola de refugiados en Venezuela llega a cifras históricas

Nico García Mayor, asesor de la ONU, al DIARIO: “En 2020 estaremos hablando de la peor crisis humanitaria de la era moderna”
NICO GARCÍA MAYOR REFUGIADOS VENEZOLANOS
NICO GARCÍA MAYOR REFUGIADOS VENEZOLANOS
Nico García Mayor, a la izquierda, junto a refugiados venezolanos en el tránsito hacia el exílio. DA

La crisis de los refugiados venezolanos es la peor financiada en los últimos siglos según un análisis de la Brookings Institution publicado esta semana en Estados Unidos. Unos 4,7 millones de venezolanos, el 16% de la población del país, ha huido de Venezuela desde que su economía sufrió una contracción del 65% en 2013, la mayor sin estar en tiempos de guerra en 45 años.

Venezuela solo es superada por Siria en cifras de personas desplazadas viviendo fuera de su país de origen. Pero las estimaciones de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados muestran que si las tendencias actuales continúan, podría haber hasta 6.5 millones de venezolanos viviendo en el exterior en 2020 superando con creces la velocidad de desplazamiento que se observa en Siria, con 6.7 millones de sirios expulsados de su país. Sin embargo, los fondos para ayudar a esta crisis que afecta a millones de venezolanos y al menos a 17 países anfitriones -los tres más grandes son Colombia, Ecuador y Perú- realmente han quedado rezagados.

Nico García Mayor es un argentino afincado en Washington DC, fundador y presidente de varias organizaciones humanitarias como Fundacionar, en Argentina, la Fundación Cmax que trabaja en colaboración con distintas agencias internacionales, gobiernos y corporaciones para asistir de manera inmediata a las personas afectadas por catástrofes y/o conflictos bélicos; así como de la Fundación Fenesha en Haití, y fundador de LISE (Laboratorio de Innovación para Emergencias) en México. Su impresionante labor lo ha llevado a ser asesor en la ONU, e incluso a ser invitado por el Papa al Vaticano.

Como parte de su labor humanitaria, Nico García Mayor, acaba de regresar de Colombia, frontera con Venezuela y hoy habla para DIARIO DE AVISOS.

-¿Por qué decidió visitar esa zona?

“Empecé a buscar de qué manera podíamos ayudar. Estuve investigando por dónde son los pasos fronterizos que están utilizando. En el departamento de Cúcuta hay un paso fronterizo donde se estima que han pasado más de 4 millones de personas, ese camino desde Táchira y Bolívar que pasa hacia Cúcuta y desde ahí arrancan caminando. No les queda otro remedio que caminar porque son indocumentados y está prohibido el transporte público o privado de personas sin papeles. Hay que entender que en estos momentos es casi imposible conseguirlos por la vía oficial, por lo que para huir de la hambruna y la persecución no les queda otra manera que hacer el camino a pie. Familias enteras, niños, mujeres embarazadas que incluso pierden el bebé por el camino y continúan ensangrentadas… Caminan desde el nivel del mar hacia la montaña sin ropa de abrigo por más de 200 kilómetros, sin tener un destino fijo, y llegan en una situación calamitosa”.

– ¿Quiénes son los más afectados en esta crisis?

“Sobre todo, las familias y los niños, porque el nivel de desnutrición es muy alto. También está el caso, y lo vimos por el camino, de militares a los que se les ofreció dejar las armas y buscar refugio en Colombia por la oposición liderada por Guaidó; sin embargo, aunque muchos fueron alojados en principio en hoteles, el dinero nunca llegó y terminaron con sus familias durmiendo en el suelo de albergues, con la imposibilidad de regresar a Venezuela donde se les juzgaría como traidores. La comunidad internacional gastó 7.400 millones de dólares en respuesta a los refugiados en los primeros cuatro años de la crisis siria. Pero la comunidad internacional solo ha invertido 580 millones de dólares en el mismo periodo para lidiar con la crisis de refugiados venezolanos, según Brookings. Es decir, sobre una base per cápita, la comunidad internacional ha gastado 1.500 dólares para ayudar a cada refugiado sirio y 125 dólares por refugiado venezolano”.

– ¿Qué es lo que más le llamó la atención durante su viaje?

“Parte de la misión consistía en visitar los albergues de la ruta para hacer un relevamiento, es decir, una investigación o censo con varias universidades para registrar el número de personas que pasaban por allí y las condiciones en las que se les recibía. Yo he estado en muchos campamentos de refugiados: en Haití, en Siria, en Macedonia, en Grecia… nada se puede comparar con el nivel de falta de dignidad que tienen los albergues donde se están alojando los refugiados venezolanos porque no llega el dinero. La gente duerme en bolsas negras de plástico, como si fueran cadáveres; a la intemperie o en pequeñas chabolas, donde solo pueden pasar una noche, de lo contrario llaman a los militares para que los desalojen a la fuerza. Se les da un plato de arroz con lentejas guisadas, y tienen que seguir su camino sin nada más que comer. No hay higiene, ni seguridad. En el camino son comunes las violaciones y el tráfico sexual infantil. Es doloroso ver a niños de entre 7 y 10 años con una bolsita plástica con jabón y vaselina, vendidos a los pedófilos. Siempre en este tipo de situaciones las bandas criminales aprovechan para beneficiarse de la tragedia humana. Los expertos de Brookings dijeron que la comunidad internacional ha podido salirse con la suya al calificar la creciente catástrofe como una crisis regional en lugar de global, argumentando que el colapso económico venezolano no fue desencadenado por fuerzas externas o disturbios internos sino fabricado por aquellos en el poder, y por lo tanto, evitable”.

-Entonces ¿por qué hay quien dice que la situación no es tan terrible?

“Como no se ha visto una guerra, o la gente no ha visto lo que pasa, no se lo creen. Sin embargo, hay informes que dicen que han muerto más de 17.000 personas desde 2016 hasta ahora, es decir, que hay alrededor de 22 muertes por día a manos de los servicios de inteligencia y de las fuerzas militares. Es una catástrofe. También es verdad que hay gente que gana en dólares y que vive más o menos bien en Venezuela. Esta gente dice que no pasa nada. Ahora, si no pasa nada, cómo es que 4.5 millones de personas están tratando de escapar en las terribles condiciones en que lo hacen. Algo pasa. Según los expertos, el número de refugiados venezolanos en todo el mundo alcanzará los 5 millones el próximo mes”.

-¿Qué se puede hacer?

“Creo que todo se reduce a no olvidar la dignidad de las personas. Hay intereses que impiden que las cosas cambien, gente que se lucra con la pobreza de otros, y muchas veces, las leyes no permiten que se atiendan las necesidades de estas personas. En esos casos, la inmediatez de la crisis no admite retrasos, y creo firmemente que es más importante hacer lo que es ético que lo que está regulado, las leyes se pueden ajustar más tarde, la vida de las personas, no. En Argentina nos prohibieron crear una casa hogar para niños de la calle. La construimos, y a partir de ahí siguió la construcción de otras estructuras dignas y de calidad que mejoraron la zona. Pese a estar inicialmente prohibido, las autoridades vieron la necesidad de proporcionar suministros de agua y luz, y eventualmente regularizar el espacio. Hoy en día, lo visitan muchos políticos para hacerse la foto de rigor en celebración del Día del Niño. En ese caso nos tocó actuar primero, las vidas de esos niños no podían esperar a los legisladores, los cambios normativos llegaron después. La esperanza en estas situaciones es cuestión de crear conciencia sobre lo que está sucediendo, y tratar de entender lo que están viviendo personas a través del mundo.

-Pero la financiación es la clave…

“Es crucial no solo para las necesidades humanitarias inmediatas, sino también para crear esfuerzos productivos de integración de refugiados en las comunidades de acogida. La financiación internacional puede ayudar a fortalecer la infraestructura local, como hospitales, escuelas, carreteras y electricidad, así como ampliar el acceso al crédito para las empresas locales para ayudar a compensar los posibles efectos negativos a corto plazo en el mercado laboral causados por la afluencia repentina de la oferta de trabajo. A los analistas les preocupa que la falta de fondos internacionales para apoyar los esfuerzos de integración de las naciones anfitrionas pueda ser contraproducente en una escala mayor, y que países como Ecuador, Perú y Chile ya han impuesto barreras de entrada para los venezolanos, lo que podría causar que la crisis de refugiados se extienda a otras regiones. El Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo han abierto financiación a los gobiernos anfitriones para ayudar a apoyar la tensión adicional en las obras públicas, pero dada la escala del desplazamiento venezolano, estos esfuerzos aún pueden fallar, lo que significa que se necesitará mucho más dinero para mitigar la crisis a escala global. Pero mirar hacia otro lado, o pretender que no está ocurriendo no soluciona el problema, y en 2020 estaremos viendo la peor crisis de refugiados de la era moderna”.

TE PUEDE INTERESAR