
El pasado lunes, a última hora de la tarde, los padres de Julen pudieron cerrar uno de los capítulos de la historia más dolorosa de su vida. Ambos llegaron a un acuerdo con David Serrano, el dueño del pozo donde cayó su hijo pequeño.
En el pacto, Serrano pidió perdón a Victoria y José, asumió un año de cárcel y a hacer frente a una indemnización de 180.000 euros. El dueño de la finca ya se mostró muy arrepentido en una entrevista con este periódico. “Maldito sea yo, mi vida se la llevó el niño”, contó a EL ESPAÑOL, totalmente roto.
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