diario del aislamiento

Día 47

Pesadillas de confinado. Soñé que al llegar a la fase 3 (de la desescalada) me faltaban tornillos con los que colocar dos baldas, y tuve que regresar a la fase 1 (las fases son al final de la cuarentena lo que las instrucciones de IKEA a las estanterías, si te distraes tienes que desarmarlas hacia detrás). En algunas ciudades rara vez la ocupación de las terrazas o restaurantes pasa del 30%; así que la nueva normalidad es normalidad, a secas (30% es 100%), una manera de verlo como otra cualquiera. Sesión de control al Gobierno -en la tele-. Veo a un diputado que, trajeado con guantes azules, bien podría ser un cirujano llegando tarde a una boda. Las ciudades del virus parecerán quirófanos al aire libre -Anatomía de Grey, pero sin las anatomías de Grey-. La comparecencia de Sánchez dejó tantos interrogantes abiertos que anoche el país no sabía si celebrar o lamentar, reír o llorar, brindar o meterse debajo de la cama. Qué tal el plan -me preguntan-. Cuando lo traduzcan sabremos -respondo-. Si lo hacemos bien tendremos verano, mejor será ir desescalando el sobrepeso -si dejé de fumar podré dejar los bizcochos de mi madre, claro que sí-. Decido empezar con la dieta (me acabo el bizcocho, misión cumplida). Un hotel con las zonas comunes clausuradas es una playa sin arena, un mar sin olas, unos carnavales sin purpurina. Me pregunto quién se tomaría la molestia de volar más de 2.000 kilómetros para meterse en una habitación -cuatro gatos, me respondo-. De poco servirá que seamos un destino seguro si dejamos de apetecer -generaremos desgana, en según qué condiciones-. Se acumulan las preguntas. El agua salada humilla al virus, no se entiende que le pongan puertas al mar. Los españoles de 14 a 18 años no aparecen en los mapas, héroes del silencio. El plan del plan concentra a la gente en plazas, calles y avenidas, renunciando al monte, a las afueras de la ciudad, al mar, a otros espacios (no urbanos) que ayuden a dispersarnos -a separarnos-. En Canarias no bastará con hacerlo bien, debemos hacerlo muy bien -somos de las regiones con menos contagiados, así que somos de las regiones con más gente por contagiar; tengámoslo presente-. Echando cálculos, creo que el carnaval caerá en la fase 34 o 35 (qué nervios). Este viernes corro el medio maratón de Madrid -home session, qué necesidad-. No sé en qué fase debo acabar este diario (ya veré).

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