diario del aislamiento

Día 54

Si hoy es miércoles (tiene toda la pinta) esto debe ser la fase 0,3. El lunes será viernes. Cincuenta y ocho días después de la última vez podremos volver a vernos (nos reuniremos bien, con inteligencia, o de aquella manera). Recuperamos el interés por el tiempo (meteorológico), otra señal de que estamos volviendo -por fin-. Suena el teléfono, paso. A unos amigos de Madrid no quieren verlos por el pueblo. Quienes viven en las grandes ciudades (enjambres del virus, algunas) tienen un buen lejos, expresión venezolana que viene al caso -bien, pero solo si lejos-; yo los quiero bien, y cerca. Pertenecer a la tribu de los indeseados era esto -suspiran mis amigos-. Pongo la tele, de reojo. Los diputados están aprobando otra prórroga. Hace años Gary Lineker dijo que el fútbol es un deporte que consiste en tener a veintidós tíos corriendo (detrás del balón) para que al final gane Alemania. La política española es un deporte que consiste en tener a 350 diputados corriendo detrás del balón, para que al final gane el PNV (siempre). Los vascos golean incluso cuando parece que no están jugando. Arrimadas ha estado fina -con su posición logra escapar del pozo de la invisibilidad, buen movimiento-. La crisis sanitaria ha obrado el milagro de borrar los cordones sanitarios -curiosa paradoja-. Ciudadanos votando lo mismo que Podemos, adiós a los cordones. Esta prórroga es diferente a las anteriores. Las homilías serán más corales, participativas -mando único, sí, pero compartido-. O Sánchez cede protagonismo -y decisión- a los actores secundarios, o los secundarios sacan a Sánchez (y al PSOE) del guión. El presidente debe entender el mensaje: el estado de alarma no puede consolidarse como zona de confort. Cuerpo a tierra. Canarias es la región que peor va a pasarlo, a las Islas no les bastará con placebos -bueno será que las buenas intenciones que tararean los ministros sean firmadas ante notario-. Dejo la tele, y la política. Ya he visto suficiente (dicho sea en el sentido más amplio de la expresión). Mascarillas de desescalada. Me escriben. Escribo. Sugiero que los que tengan gafas no respiren, así no se les empañan -la broma no tiene recorrido, lo dejo-. Planes de fase 1. Gente quedando. Cuando me vea con un margarita en la mano -frozen o clásico, tanto da- en el restaurante tendrán que salir de la cocina para achicar mis lágrimas (llámame exagerado, respondo en un chat). Veo vecinos dando vueltas en la azotea, renunciando a salir de 20.00 a 23.00; cabañismo, mala cosa. Día 54, madre mía. Según Ángel (Yanes) hoy es Día 5 -y no le falta razón-.

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