Tribuna

Hoy celebramos el Día de la Diversidad Biológica

El 22 de diciembre del año 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la aprobación de la resolución 55/201 en que se dedicaba este día por coincidir con el aniversario de la aceptación del Convenio, sobre la Diversidad Biológica, que tuvo lugar el 22 de mayo de 1992. La biodiversidad es el conjunto […]

El 22 de diciembre del año 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la aprobación de la resolución 55/201 en que se dedicaba este día por coincidir con el aniversario de la aceptación del Convenio, sobre la Diversidad Biológica, que tuvo lugar el 22 de mayo de 1992. La biodiversidad es el conjunto de genes, especies y ecosistemas de un territorio.

En la conmemoración de este señalado día, de este inesperado y excepcional tiempo que estamos viviendo conviene reflexionar una vez más sobre la necesidad urgente de conservar la biodiversidad de la Naturaleza fuertemente amenazada. En este momento en que escribo estas reflexiones se estarán destruyendo miles de hectáreas de la Biosfera planetaria. En estas gigantescas catástrofes ambientales estarán desapareciendo cientos o miles de especies de seres vivos que quizá, bien estudiados, hubiesen aumentado el número de nuevos recursos biológicos útiles para mejorar la calidad de nuestra vida.

Pero estos cambios ambientales, inducidos por el ser humano, no solo están modificando y reduciendo las poblaciones de la vida silvestre, sino que al reducir la biodiversidad con nuevas condiciones ambientales se favorece a los huéspedes, vectores y/o patógenos particulares.

Recuerdo hoy la pandemia llamada “gripe asiática” que me tocó vivir en Madrid en 1957 siendo estudiante de Farmacia. Duró dos años con un repunte por medio. Penicilina y estreptomicina eran en aquellos tiempos los antibióticos al uso hasta que llegó la vacuna. Luego recuerdo en 1968 la epidemia de Hong Kong. Los respectivos virus responsables llegaron procedentes de China. Se llevaron a varios millones de persona por delante. De la primera recuerdo que un tercio de la población española la padeció. Hoy estamos ante otro episodio parecido. Solo la sensatez humana que, afortunadamente, es mayoritaria puede contribuir a reducir el número de víctimas, en especial, de los mayores de edad como es mi caso. En aquella ocasión, que acabo de recordar, se salió adelante. En esta, sin duda, saldremos también con un lamentable saldo de víctimas, cuyo número dependerá de nuestra disciplina ante las medidas señaladas por instituciones, gobiernos y en especial por la OMS (Organización Mundial de la Salud), cuyas advertencias son alarmantes.

Como ha ocurrido a lo largo de la existencia de nuestra civilización, habrá más pandemias y quizá desgraciadamente más violentas y las superaremos si, entre tanto, somos capaces de no autodestruirnos.
Hoy es un día para reflexionar que la solución a este tremendo desafuero pasa por ser más precavidos, mejorar nuestros sistemas educativos y sanitarios, apoyar y dotar de más y mejores medios a la investigación básica y aplicada, y a crear en las nuevas generaciones una nueva forma de toma de conciencia cultural, sobre la imperante necesidad de promover con hechos y menos palabras un desarrollo sostenible.

La mayoría de los ecosistemas y especies canarias gozan de un grado de protección que considero bueno pero insuficiente. Y me remito a los atentados de todo tipo, vandalismo salvaje, incendios forestales provocados o involuntarios, destrucción de ambientes rurales, playas y acantilados costeros, así como, los vertidos de todo tipo de desechos esparcidos por doquier de forma incontrolada. El continuo vertido de hidrocarburos, aguas residuales domésticas e industriales, plásticos y demás basuras no para de contaminar al océano que nos rodea.

No conviene olvidar, cómo de forma progresiva, a lo largo de nuestra reciente historia se han introducido, también de forma voluntaria e involuntaria, todo tipo de especies invasoras que colonizan los ambientes urbanos, los agrícolas e incluso a los parajes protegidos. Virus invisibles, especies vegetales como el incontrolado “rabo de gato” y animales como, hormigas, cotorras de Kramer, ardillas, arruís, muflones, serpientes de California, etc., son solo una pequeña muestra de las muchas especies que se han aclimatado y están contaminando y dañando de forma ininterrumpida seriamente nuestros ambientes humanos y nuestros espacios naturales protegidos. La triste conclusión es la de tener que destinar ingentes cantidades de tiempo y recursos para contener o eliminar estas invasiones a costa de invertir ese dinero en mejorar la calidad de vida de mucha gente necesitada.

Antes de finalizar extraigo del libro La diversidad de la vida una reflexión de la que es autor Edward O. Wilson (10.06.1929). Uno de los científicos de más reputación y más influyente de la historia internacional, creador del concepto biodiversidad. Su contribución a concienciar este valor le ha valido la concesión de valiosos premios internacionales, entre otros la nominación de 27 Doctorados Honoris Causa, dice así: “La administración del ambiente es un dominio del lado más cercano de la metafísica en el que todas las personas reflexivas pueden encontrar seguramente intereses comunes. Una ética ambiental duradera se dedicará no solo a conservar la salud y la libertad de nuestra especie, sino el acceso al mundo en el que nació el espíritu humano”.

Disfruten con nuestra Biodiversidad, que es única. Se trata de uno de los recursos más valiosos que poseemos. Nuestra responsabilidad es la de cuidarla y protegerla. El uso racional de la misma en el tiempo presente será el fruto que dejaremos como herencia a las futuras generaciones.