diario del aislamiento

Día 96

He vuelto a correr de madrugada (a las 5.00, hora bruja; por fin). Cien días -casi- perdiéndomelo (confinamiento, deshoras y cambios de rutinas se aliaron con el cansancio) Quienes corremos antes de que las ciudades bajen de la cama sabemos que merece la pena; cualquier otro momento del día es plan B -nada que ver-. […]

He vuelto a correr de madrugada (a las 5.00, hora bruja; por fin). Cien días -casi- perdiéndomelo (confinamiento, deshoras y cambios de rutinas se aliaron con el cansancio) Quienes corremos antes de que las ciudades bajen de la cama sabemos que merece la pena; cualquier otro momento del día es plan B -nada que ver-. Los runners somos batallitas (me contengo, lo dejo aquí). Pekín ha elevado la alerta sanitaria por la situación extremadamente peligrosa de un brote; se han dado setenta y dos horas para controlar un repunte que ha obligado a cerrar algunos barrios -cuesta escribirlo, y verbalizarlo-. Tampoco ahora sabemos si lo que cuenta el Gobierno chino es lo que está realmente pasando (u otra versión dulcificada de la realidad). El virus se reivindica -exige respeto, cual Gloria Swanson bajando las escaleras en El crepúsculo de los dioses, o Sunset Boulevard-. La alerta en Pekín condena a despedir este diario igual que lo saludé, mirando de reojo hacia China. Regreso a aquellos días de marzo (a los vocablos del castellano antiguo). Achucharse. Concierto. Abrazarse. Multitudinario. Besarse. Ojalá rescatemos algunos verbos confinados. Bebo agua (mejor que café, resaca de la carrera). Retornos. Alguien incondicionalmente queridísimo (del alma) me cuenta que un amor platónico se le acercó ayer, abrazándolo y besándolo por vez primera -fue tan inesperado que no supo reaccionar; se dejó llevar sin quererlo, o sí-. No debió pasar, pero ocurrió (el alma es el envoltorio del corazón, celofán o algo así; lo sabe la gente que quiere bonito). Otro vaso de agua (es lo que pasa). Propongo actualizar la denominación de origen que nos ha dejado en herencia el confinamiento -convivientes-. Sugiero extenderlo -la condición de conviviente- a quienes pasan una tarde sentados en una terraza y a los amigos que vuelen juntos (también a los convenientes no convivientes, allí donde fueran o fuesen). Me quedan más notas (o recomendaciones) que días escribiendo este diario -Run, dos que huyen de sus vidas; Merritt Wever lo borda, cuándo no-. Buceo, apenas un minuto. El Gobierno de España autoriza a Canarias a gastar su superávit (bienvenido sea, aunque por el endeudamiento habrá que esperar a 2021). Otro titular. Activistas escalan a las grúas de La Tejita para exigir la paralización de las obras del hotel -otro ejemplo de inseguridades o nebulosas jurídicas, marca de la casa; qué desastre-. Acabo. Estuve en Mírame TV. Algo me dice que no será la última vez.