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El parricida de Guaza confiesa el triple crimen pero discrepa de las penas que se le piden

La Fiscalía mantiene su solicitud de prisión permanente revisable por el asesinato del abuelo, así como un total de 50 años de cárcel por los de los padres adoptivos, en hechos acaecidos en 2018
El parricida de Guaza confiesa el triple crimen pero discrepa de las penas que se le piden. | FOTO: Sergio Méndez
El parricida de Guaza confiesa el triple crimen pero discrepa de las penas que se le piden. | FOTO: Sergio Méndez

Ricardo O.M., el joven de 25 años al que se le acusa de acabar con la vida de su familia en una terrible madrugada de hace dos años, acaba de reconocer los hechos que se le acusan (un triple asesinato) en la jornada inaugural del juicio que por esta causa se celebra esta semana por parte de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife con un Tribunal de Jurado popular, el primero tras la vuelta a normalidad. Sin embargo, el joven considera excesivas las penas que solicitan las acusaciones, al entender que existen atenuantes con relevancia penal en su comportamiento. Ricardo pidió perdón y se mostró arrepentido.

Antes de hablar Ricardo se procedió a la lectura de los escritos de las partes. Como ya informó este periódico, la Fiscalía pide para el joven la prisión permanente revisable atendiendo al especial desvalimiento de una de las víctimas, concretamente su abuelo de adopción, así como 25 años de cárcel por cada una de las muertes de sus padres adoptivos, además de una indemnización de 120.000 euros para los herederos de las víctimas.

Todo ocurrió en la madrugada del 23 de marzo de 2018 en una vivienda de Los Llanos de Guaza. Fue Ricardo quien en torno a las cinco y media de la mañana llamó a la Policía Local de Arona para avisar de que se había encontrado a sus padres y a su abuelo muertos en la vivienda familiar, ubicada en el interior de una finca de plataneras en la zona conocida como Los Llanos de Guaza. Cuando los agentes de la Policía Local se percataron de la violencia ejercida sobre las víctimas, dieron de inmediato parte a la Guardia Civil, que se hizo cargo de las diligencias. En un primer momento, el muchacho les explicó que había llegado a la casa, oyó ruido y se encontró con otra persona dentro, posiblemente un ladrón, que incluso le atacó a él. Esa versión de los hechos nunca se tomó como verídica por los agentes de la Benemérita, aunque sí inspeccionaron no solo la casa y la finca, sino, según testigos presenciales, el exterior en busca de algún rastro del supuesto ladrón.

A media mañana, antes incluso del levantamiento de los cadáveres, Ricardo, en aparente estado de shock, fue trasladado a las dependencias de la Guardia Civil de Playa de las Américas, donde acabó confesando que había sido él quien apuñaló hasta la muerte a sus padres adoptivos (Carmen Martín Marante, natural de San Andrés y Sauces, de 59 años, y Antonio Ortega, de 68 años, nacido en Barlovento) y del padre de la madre (Luciano Martín López, de 86 años).Todas las víctimas eran naturales de La Palma, aunque hacía muchos años que residían en Guaza, en una finca que Antonio compró a su regreso de Venezuela. Ella era maestra. Además de la finca, el matrimonio tenía negocios y era muy conocido en la zona.

El parricida de Guaza confiesa el triple crimen pero discrepa de las penas que se le piden. | FOTO: Sergio Méndez
El parricida de Guaza confiesa el triple crimen pero discrepa de las penas que se le piden. | FOTO: Sergio Méndez

Según informó en su día este periódico, el joven Ricardo, que fue adoptado por Carmen y Antonio cuando tenía cuatro años, era introvertido, apenas hablaba con nadie. Desde que salió del colegio Luther King comenzó a tener problemas con las drogas, lo que le llevó a robar a sus propios padres e incluso a agredir a su madre, profesora del CEIP Pérez de Valero, de Los Cristianos, en donde vivía el matrimonio hasta que se trasladó a la finca de Guaza. Una finca propiedad del padre de Carmen (Luciano), un palmero que hizo fortuna en Venezuela y que con ese dinero construyó los invernaderos de plátanos y la vivienda donde encontró la muerte, al igual que su hija y su yerno, este último, conocido en todo el Sur como Antonio el Palmero o el de los puros, que él mismo fabricaba.

En el escrito de acusación de la Fiscalía se comprueba lo violento que fueron los hechos aquella madrugada, por cuanto las víctimas fueron apuñaladas en reiteradas ocasiones. El padre adoptivo fue el primero, y sufrió heridas consistentes en herida incisa en el cuello de 13 centímetros de longitud y otras cuatro incisas penetrantes en el tórax, además de otras en clavícula y hombro. La madre fue la segunda agredida, y su cuerpo sin vida presentaba dos incisas en región precordial, herida incisa en hipocondrio izquierdo, otra en trapecio derecho, una más en el izquierdo y en mano izquierda, así como múltiples en la cabeza, en el cuello, tórax, abdomen y en la espalda. Esta última la recibió cuando ya estaba tendida en el suelo.

Respecto al abuelo, que oyó los gritos de su hija y de su yerno, su cadáver presentaba heridas incisas en pectoral izquierdo, cara y cráneo, herida en el cuello de 17 centímetros de longitud con cola al lado izquierdo; heridas en el plano delantero, siendo ocho heridas principales incisas, varias más superficiales en la mano y dos heridas incisas en región mandibular izquierda.

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