Tribuna

A propósito de ‘La moneda en las Islas Canarias’

Por Alfonso Soriano Bénítez de Lugo En la edición del DIARIO DE AVISOS del pasado lunes, 20 de junio, se publica un interesante artículo titulado La Moneda en las Islas Canarias, del que es autor mi amigo Gaspar Sierra, en el que se afirma que a lo largo de su historia Canarias nunca tuvo moneda […]

Por Alfonso Soriano Bénítez de Lugo

En la edición del DIARIO DE AVISOS del pasado lunes, 20 de junio, se publica un interesante artículo titulado La Moneda en las Islas Canarias, del que es autor mi amigo Gaspar Sierra, en el que se afirma que a lo largo de su historia Canarias nunca tuvo moneda propia, en contra de lo afirmado por algún aficionado sin base científica alguna. Cuando, hace tan solo unas semanas, leí aquella errónea afirmación, estuve a punto de replicar, pero mi ignorancia sobre la ciencia de la numismática, me hizo entonces desistir. Sin embargo, ahora el artículo referido me ha reafirmado en mi primera opinión, ya que la acuñación de moneda ha sido siempre una atribución esencial de la soberanía, lo que se pone de manifiesto desde los Reyes Católicos –Pragmática dada en Medina del Campo en 1497-, pasando por las Casas de Austria y de Borbón. Ya la Constitución de Cádiz en su artículo 171, estableció que era atribución del rey “cuidar de la acuñación de la moneda, en la que se pondrá su busto y su nombre” y en el título grande de los reyes de España desde doña Juana la Loca, siempre aparecían como reyes de Castilla, de León, de Aragón……… de las Islas Canarias… etc.
En el comentado artículo, su autor manifiesta que en Canarias circularon monedas foráneas introducidas por comerciantes portugueses, precisando que “Portugal fue incorporada a la Corona Española en 1580 con Felipe II hasta 1668 reinando Carlos II el Hechizado”. Y aquí es donde me gustaría hacer una pequeña precisión. Cierto es que a la muerte del rey de Portugal, Sebastián I en 1578 sin sucesión, y del cardenal Enrique I el Casto, tío abuelo de aquél, en enero de 1580, varios personajes pretendieron la Corona de Portugal hasta que Felipe II fue reconocido rey de Portugal en las Cortes de Tomar el 5 de abril de 1581, como hijo de la emperatriz Isabel de Portugal, después de ocupar este reino tropas españolas al mando del III Duque de Alba, el Grande. Pero Portugal logró la independencia de España, no en 1668 reinando Carlos II el Hechizado, sino reinando Felipe IV, cuando el 15 de diciembre de 1640 el duque de Braganza fue coronado rey de Portugal con el nombre de Juan IV. Si bien es cierto que después de varios intentos de Felipe IV por recuperar aquel trono no fue hasta el tratado de Lisboa del 13 de febrero de 1668 cuando España reconoció formalmente la independencia de Portugal, reinando ya Carlos II en su minoría de edad, bajo la regencia de su madre la reina Mariana de Austria, desde el 17 de septiembre de 1665, en que falleció su padre, el rey Felipe IV.