política

El rey emérito escuece en la calle, pero no todo es república

La salida de Juan Carlos I provoca divisiones entre quienes la ven como una escapada y quienes la consideran una condena sin juicio

“Dicen que se va para beneficiar a su hijo, pero al mismo tiempo decide marcharse a un sitio como República Dominicana. En realidad, es bastante coherente con su vida”, afirmaba ayer Luis, 33 años, profesor de Historia, de Toledo, escondido detrás de las gafas y la mascarilla, con buen pelo y evocando ya esa nueva vida caribeña del rey emérito, Juan Carlos I, donde no resulta descabellado imaginárselo tomando el sol con un roncito debajo de una palmera cocotera. Aunque no sabemos si será algo definitivo.

Se marchó de España el monarca ‘campechano’ después de que la Fiscalía Anticorrupción haya descubierto indicios de delito fiscal y blanqueo en los movimientos que hizo con parte de los 65 millones de euros que supuestamente cobró de Arabia Saudí como comisión por las obras del AVE a La Meca. Aún están por determinar las fechas de estos posibles delitos, que solo podrían juzgarse si fueron posteriores a 2014, cuando Juan Carlos I abdicó y dejó de ser inviolable, que es una palabra bastante fea.

Pero La Laguna es bonita. Y ayer estaba soleada, con las terrazas llenas y la gente yendo y viniendo por las calles con ritmo de agosto. Buen momento para preguntar sobre el autodestierro del rey emérito y discutir si la monarquía está muy tocada. El Centro de Investigaciones Sociológicas no pregunta específicamente sobre ella desde 2015. Un síntoma. Ya han pasado ocho años desde que España descubriera en abril de 2012, después de una caída, que su monarca, todavía ejerciente, cazaba elefantes en Botsuana mientras el paro seguía desbocado en el país, continuaban los desahucios y se agrandaba la brecha social.

“Ni idea, estoy un poco pasota con el tema”, dice un joven que va como una bala camino del mercado y no quiere contestar. “A mí me parece un sinvergüenza”, afirma Mercedes, ama de casa, contundente como un martillo mientras su marido evita mojarse. “En vez de traer el dinero, lo que ha hecho es llevárselo. No lo puedo ver. ¡¿Qué ejemplo está dando?! ¡Hasta para los niños!”, comenta. “Ni Franco hizo eso. Y mira que yo no soy franquista. La reina sí que es una gran señora. Y él ahí con todas esas queridas… Yo creo que el hijo no va a ser igual, yo defiendo la monarquía. Paz, tranquilidad y trabajo para todo el mundo, eso es lo que quiero”.

Si uno rasca un poquito, aparece rápidamente el miedo a la inestabilidad. “Yo siento mucha tristeza, porque la situación general es mala. Ahora está esto del rey, y luego no sabemos lo que pasará”, comenta Miguel, funcionario jubilado, que trabajó en el extranjero durante muchos años. “Si hizo lo que se investiga, es lamentable. Pero también hay muchas cosas positivas en su reinado. Hay que buscar el balance. Y no se puede condenar por anticipado, forzarle a marcharse antes de que lo condenen”.

Porque Miguel cree que esto es algo buscado desde el Gobierno. “Pedro Sánchez le ha seguido el rollo a Pablo Iglesias, que ahora critica la marcha del rey para que el PSOE no se apunte el tanto entre la gente de izquierdas. Se está produciendo una degradación de la política”.
Camino del restaurante a la hora del almuerzo van Joaquín y Rosario. “En el ADN de Podemos está acabar con la monarquía”, afirma Joaquín. “Yo soy socialista, pero no me siento representada por este PSOE, yo soy de los de Alfonso Guerra. Es un desastre lo que tenemos ahora”, comenta Rosario. Aunque tampoco le parece mal que el rey emérito haya optado por marcharse. “Es una decisión suya y, si ha hecho mal, tendrá que pagarlo. Pero no puedo dejar de recordar que salvó a España en el golpe de Estado, yo estaba en la universidad entonces. Yo creo que hace esto por su hijo”.

“Yo no considero que la caída de la monarquía pudiera producir ningún tipo de descomposición política”, defiende José Luis, que es abogado y se define como un tipo “de centro”. “Yo la quitaría, ¿de qué sirve? La salida del rey emérito se tendría que haber producido hace tiempo”, defiende.

“Es algo histórico. No es la primera vez que un rey se marcha. Pero sí la primera vez que lo hace dejando a otro rey”, explica el toledano Luis. “Pero no creo que sea el momento para una república. Como demócrata, soy republicano. Pero también me parece importante que haya una figura que esté por encima de la disputa entre partidos políticos”.

Un poquito más arriba charlan tranquilamente Sergio, cocinero, Ancor, camarero, y Fran, informático. Tres colegas con la tarde por delante y con un doble de cerveza cada uno sobre la mesa. Envidia que dan. “Me parece que va a haber distintas posturas”, comenta uno de ellos.
“A mí me parece un chiste que se haya marchado sin haber sido juzgado. Y dudo mucho que vuelva si lo llaman durante la investigación”, afirma Sergio. “Yo creo que, marchándose fuera, han desviado el foco para no debilitar a la institución. Y lo han conseguido, como pasó cuando se condenó a Urdangarín”, explica Ancor. “Yo creo que, más bien lo conseguirán”, matiza Fran. “Tenemos poca memoria”, dice Ancor. “No hace falta demasiado, solo que Belén Esteban haga cualquier cosa”.

Sobre el papel de la monarquía también hay discrepancias. “Es absolutamente obsoleta. Tuvo una función importante en la Transición, pero ya no”, afirma Sergio convencido. “Yo creo que juega un papel en las relaciones internacionales, y también como institución tradicional”, considera Fran. “Y entonces, ¿qué pasa con Francia, Alemania o EEUU, que son repúblicas? ¿No tienen relaciones internacionales?”, repregunta Sergio, un poco socarrón, Para Ancor, no hay que quitarle valor al hecho de que “el monarca se prepara toda la vida, mientras que hay mucho político de turno que puede no haber hecho nada”. El papel mediador, sin embargo, considera que no es tan relevante. “La verdad es que no creo que los bandos, en la política, sean tan reales. Primero se pelean y luego se van a tomar algo juntos. O están de acuerdo y no se atreven a decirlo por no darle la razón al otro públicamente. En realidad, hacen todo eso para mantenernos divididos”, comenta.

Más arriba, David, ingeniero, lo tiene claro mientras sorbe el café con leche. “Tener que marcharse no es ninguna forma de repudio ni un trance difícil. Lo complicado sería quedarse aquí y afrontar lo que ha hecho”, afirma. Si hubiera un referéndum monarquía-república, votaría república, pero no cree que sea el momento. “Lo que me preocupa ahora es mantener el trabajo, el coronavirus. Y estoy un poco cansado con las connotaciones y los bandos. Que si de un sitio o de otro. Hagas lo que hagas, siempre va a haber alguien que vea algo malo”.